Telegrama de Robles Piquer a los rectores. 
 Que las lógicas discrepancias ideológicas se mantengan dentro de los límites intelectuales  :   
 Es mi decisión prohibir las ocupaciones de edificios universitarios para fines que no sean docentes o investigadores. 
 ABC.    14/03/1976.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

TELEGRAMA DE ROBLES PIQUER A LOS RECTORES

«QUE LAS LÓGICAS DISCREPANCIAS IDEOLÓGICAS SE MANTENGAN DENTRO DE LOS

LIMITES INTELECTUALES»

«Es mi decisión prohibir las ocupaciones de edificios universitarios para fines que no sean docentes o

investigadores»

El Gabinete de Prensa del Ministerio de Educación y Ciencia ha hecho público el telegrama enviado el

viernes, día 12, por el ministro, señor Robles Piquer, a todos los rectores de Universidad.

«Conoce bien V. M. E. los esfuerzos que vienen desplegando conjuntamente las autoridades ministeriales

y las autoridades académicas para permitir el desarrollo de una actividad universitaria seria, plena y

eficaz, "mediante la cual,. nuestro pueblo reciba de la Universidad los titulados superiores y técnicos cuya

buena preparación resulta tan costosa para España y tan necesaria para la mejoría personal y nacional.

AUTOGOBIERNO__La política universitaria así practicada ha tendido, naturalmente, a fortalecer el

autogobierno universitario esencialmente confiado a las autoridades académicas con participación de

otros estamentos que Integran cada Universidad. Ha sido también aceptada la necesaria libertad critica

para el tratamiento de los problemas universitarios y para el análisis serio dé las cuestiones ajenas, estricta

temática universitaria.

Con el aparente propósito de impedir la consolidación de esta política, viene ocurriendo que grupos

activistas, a veces compuestos por estudiantes, a veces por personas ajenas a la Universidad, desarrollan a

menudo acciones violentas que Impiden la actividad docente e investigadora y que llegan a la destrucción

de los bienes unir versitarios, causando daños de mucha cuantía, cuya reparación no puede ser sufragada

por los fondos públicos. En algunas ocasiones, ciertos profesores han colaborado o sentido indudable

lenidad con tales hechos de violencia.

VIOLENCIA—En contraste con el sentido de la responsabilidad y de la propia misión que

afortunadamente caracteriza a la mayoría del profesorado. Como pretexto para estas explosiones de

barbarie se suelen esgrimir motivos humanitarios en. los que siempre se olvida cualquier condena contra

el asesinato de personas inocentes por grupos terroristas. Respecto al alumnado, es doloroso señalar que

grupos, a veces numerosos, aceptan sumisamente e incluso participan en actos de violencia sin que tengan

valor algunas manifestaciones privadas posteriores .en el sentido de lamentar los excesos cometidos ante

la pasividad de la mayoría, de los participantes.

Cabe mencionar en este sentido. la ocupación de la Facultad de Económicas de la Universidad de

Santiago de Compostela, con deterioro del edificio, envilecido y ensuciado hasta términos increíbles.

Posteriormente, ocurrió otro tanto con uno de los edificios de la Facultad de Filosofía y Letras de la

Universidad de Salamanca, donde participaron numerosos estudiantes, así como algunos profesores no

numerarios. Las instalaciones sufrieron destrozos importantes y las paredes fueron cubiertas por letreros

insultantes y procaces absolutamente impropios de cualquier lenguaje estudiantil.

AUTORIZACIÓN.—A veces se han producido actos de violencia física contra profesores, alumnos y aun

contra bedeles que han sufrido incluso lesiones. Anteayer y ayer tuvieron lugar sendas ocupaciones de los

edificios de la Universidad de Zaragoza, lo que determinó el envío por télex de instrucciones a su rector

magnífico, advirtiendo que, en caso de que este ultimo encierro no terminara pacíficamente a determinada

hora, las Fuerzas del Orden quedaban expresamente autorizadas por este Ministerio para intervenir como

creyera necesario hacerlo, y señalando que las responsabilidades de las consecuencias previsibles de tal

acción protectora de la paz pública recaerían exclusivamente sobre quienes pretenden y vienen

consiguiendo a veces prostituir la Universidad, apartándola de sus fines propios.

ENCIERROS,—Teniendo en cuenta todos estos hechos y las declaradas pretensiones dé los grupos

extremistas acordes en el intento de paralizar y quizá destruir la Universidad, comunico a V. M. E. mi

decisión de prohibir enteramente cualquier ocupación de los edificios universitarios para fines distintos de

los docentes o investigadores. Caso de, producirse los llamados encierros voluntarlos, deberán V. M. E. y

las restantes autoridades académicas comunicarlo en seguida a las autoridades gubernativas y académicas.

Confío en que el ejercicio de la autoridad por parte de V.M.E., así como con el Claustro y las Juntas de

gobierno permitirá evitar la suspensión de las actividades docentes y el eventual cierre de los centros

universitarios, que no podrán permanecer abiertos si son apartados de sus fines propios para constituirlos

en focos de violencia y de deplorable chabacanería, absolutamente contraria a cualquier espíritu

universitario.

RESPETO.—Simultáneamente, reitero a V. M. E. y a las demás autoridades académicas mi ruego de que

hagan cuanto esté en su mano para persuadir al profesorado, alumnado, así como personal administrativo

y subalterno de que la Universidad constituye una empresa común que a todos Interesa y que debe ser

mejorada cada día protegiéndola contra los intentos de manipulación. Cabe esperar que las lógicas

discrepancias ideológicas de una comunidad pluralista que hallan reflejo en nuestra Universidad, se

mantengan entre los límites intelectuales, dentro de los cuales no cabe ni violencia física ni violencia

moral. Ello coincide con la línea de conducta repetidamente expresada por este Ministerio y compartida

por el Consejo de Rectores.

La creación de un verdadero clima universitario de respeto recíproco, paréceme tarea prioritaria, y

quienes quieran romperlo se excluirán ellos mismos de la comunidad universitaria. Saludóle, Carlos

Robles Piquer.

 

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