Universidad y sociedad     
 
 ABC.    06/02/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MIÉRCOLES 6 DE FEBRERO DE 1974.

ABC

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Editor: PRENSA ESPAÑOLA, S. A.

UNIVERSIDAD Y SOCIEDAD

Media España universitaria celebraba el día de su Santo Patrón en situación anormal. Cerradas numerosas

Facultades, en huelga consentida multitud de estudiantes, pendientes de reivindicaciones, decenas de

profesores, paralizadas prácticamente las actividades en muchos centros, la Universidad española no

atraviesa, en verdad, un momento de serenidad y trabajo, como sería deseable y exigible.

Esta situación, para mayor abundamiento, no es nueva. El país lleva años arrastrando una Universidad en

la que predominan las notas negativas, en que se pierden cursos, en que se derrochan posibilidades.

Parece evidente que padecemos una auténtica inflación en este sentido, y no porque tengamos más

universitarios de los que necesitaremos luego como profesionales.

Sin embargo, los conocimientos con que salen de las aulas los nuevos licenciados no son, muchas veces,

los que corresponderían al esfuerzo económico que España realiza en este terreno. Faltan profesores, falta

ilusión en una buena parte de los que están enseñando, faltan locales, laboratorios, y falta, sobre todo,

responsabilidad a muy distintos niveles. Los universitarios españoles, en una gran proporción, no tienen

conciencia de su papel ni del sacrificio que representa su actitud para la sociedad que prima y protege su

privilegiada posición.

No es un problema de orden público el de la Universidad española, aunque en ocasiones participe de

algunas características conflictivas muy determinadas. Que la Universidad se haya convertido en campo

casi yermo en lugar de ser feraz ; que aparezcan anuncios de ofertas laborales con la insidiosa coletilla del

«abstenerse licenciados de los cinco últimos años», no es sino el resultado de que dé los 200.000

universitarios —en números redondos— que en el país llenan Facultades y Escuelas Especiales, sólo un

10 por 100 lleven con una cierta normalidad, estudiando y aprobando regularmente, sus cursos

respectivos.

La sociedad española comienza a darse cuenta de que la actual Universidad no le es rentable en medida

adecuada, de que apoyando la cúpula del actual edificio de la Educación, en lugar de consolidar sus

cimientos —es decir, la Enseñanza General Básica—, hace un mal negocio.

Hoy, y la demostración palpable la tenemos en esa Facultad de Medicina «privada» que ha comenzado a

funcionar en Barcelona, ante la ausencia de plazas en la Facultad oficial, el costo cierto de la enseñanza

universitaria decuplica, cuando menos, el precio de las matrículas. Si los universitarios continúan

dilapidando el dinero de todos los españoles, malgastando además su tiempo, mucho nos tememos que el

Ministerio de Educación pueda tomar alguna medida drástica. Medida que tanto puede llamarse aumento

sustancial de las tasas académicas, suspendiendo los precios «políticos» de las matrículas, como

«numerus clausus», impuesto con mayor o menor rigor.

El país necesita —sin duda— universitarios; pero los necesita con una formación adecuada, con una

responsabilidad suficiente, con una dedicación al estudio que supere y sustancie sus inquietudes en otros

campos.

Lógicamente, con unos sistemas educativos que no han terminado de acoplarse a las necesidades de la

evidente masificación estudiantil, con unos profesores desmoralizados en más de un caso, no cabe aspirar

a un rendimiento plenamente aceptable, pero la Universidad no puede constituirse en ningún caso —y la

sociedad no debe tolerarlo tampoco— en lugar de experimentaciones subversivas como motivación

preferente. Los estudiantes, a escala personal, no solamente pueden, sino deben, sostener sus ideas

políticas, mas sin que éstas acaben esterilizando su .capacidad para cumplir la misión principal, que es la

del estudio, la del aprendizaje de las materias que ellos mismos han elegido. La crisis de confusión en que

se encuentra la Universidad toda debe cesar. No puede admitirse que la Universidad, como institución, se

instrumentalice para unas finalidades políticas que no son las suyas.

 

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