Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Apertura e igualdad de oportunidades     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA MADRID

ABC

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

REDACCION , ADMINISTRACIÓN Y TALLERES; SERRANO, 61-MADRID

APERTURA E IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

SON tres órdenes de razones. Para justificar la necesidad y la urgencia de

modificar mejor diría, y perdonen el vocablo, explicar nuestra legalidad vigente, al objeto de lograr

una mayor participación de todos los españoles en las tareas propiamente políticas.

En primer término, el fracaso rotando de la política cuando se la concibe como menester a cargo de unos

pocos, esotérico para los demás. El mejor ejemplo lo, tenemos en la Universidad. Sé de sobra que el

llamado, con cierto eufemismo, malestar universitario no obedece sólo a esta causa. Pero también sé que

las restricciones impuestas desde arriba únicamente han conseguido potenciar la clandestinidad, con

todos los graves males y riesgos, presentes y futuros, que ello comporta. La cosa es, a mi juicio, muy

clara. El estudiante no debe hacer política, se dice y hasta se ordena. Y el estudiante de orden, el que va

a la Universidad antes que nada a aprender y a labrarse un porvenir, no "hace" política. (Lo cual, dicho

sea entre paréntesis, es una forma, para mi la peor, de hacerla.) Pero el grupo, al parecer reducido, de los

estudiantes, más o menos voluntariamente marginados, que rozan no ya la discrepancia, sino la

subversión aquélla es admisible y lícita, ésta, no-, ésos, ¡claro está que siguen en sus trece! ¡Claro está

que revuelven! iClaro está que, en mayor o menor grado manipuladas más bien más que menos,

hacen poIitíca, y política subversiva! Con la ventaja para ellos, y con la desventaja para el resto de sus

compañeros y para el país en general, de que se encuentran en un terreno fácil, pues no hay otras

tendencias de pensamiento político ni otras organizaciones amparadas por la Ley, que puedan oponerse a

las que ellos, en la clandestinidad, han formado. Con lo que sa da la dolorosa resultancia de que, ante los

ojos de propios y extraños, aparece la Universidad, toda la Universidad, como un foco agresivo, como un

centro de difusión de ideas revolucionarias que, paradójicamente, ni son mayoritarias ni tendrían tan fácil

su tarea si encontrasen la resistencia serena y racional de organizaciones de signo político contrario y

positivo.

Segundo orden de razones: la educación en la libertad. En política, como en deporte, el entrenamiento lo

es todo. Sin estar en forma no es posible seria un milagro alcanzar la meta. Y sólo se está en forma

cuando paulatinamente y subrayo el adverbio, pero sin cesar, se ejercitan las facultades. Si de verdad

las leyes nos conceden a todos los ciudadanos unos derechos; si partimos de un sincero espíritu

democrático; si creemos que el hombre, como tal, es et sujeto primero y último de toda política, habrá

que legislar para que cada una de esas creencias tengan, día a día, una mayor realidad. Estancarse, parar la

evolución, en política es no sólo retroceder, es suicidarse. Prescindir de la dimensión ciudadana es una

forma de regresión, hoy superada por la Historia. Ei español es miembro de una familia, vecino de un

municipio, se integra, por su trabajo, en un sindicato o en un colegio profesional. Pero antes que eso

es español. Es decir, ciudadano de este país. Y como tal ciudadano, tiene, que estar informado y poder

decidir. E incluso exigir responsabilidades. Con orden, desde luego y por encima de todo, pero sin que

valga escudarse en el mantenimiento del orden para hacer muy difícil en la práctica la exaltación de

aquellas dimensiones ciudadanas.

Y en tercer término, por simples razones prácticas. Interiores y exteriores. Estas últimas, porque, y eso

está claro, difícilmente nos integraremos en Europa si no ajustamos nuestra praxis política al modelo

democrático con todo el respeto debido, desde luego, a nuestra Constitución y a nuestras peculiaridades e

idiosincrasia. No me parece honesto ocultar esta realidad. Se puede ser partidario de la Integración de

pleno derecho en Europa o ser contrario a ella. Pero, si lo primero, tenemos que ajustarnos repito,

respetando y potenciando nuestras peculiaridades a lo que es base, fundamento y requisito de

integración en ella.

Esas son, entre otras, las razones exteriores. Y por si esto fuera, poco, también existen razones de orden

interior que abonan cuanto decimos. Me explicaré: resulta, para cualquier avisado lector, que en Esparña

país tachado de totalitario por esos mundos de Dios el pensamiento político de izquierda, socialista y

marxista, por ejemplo, se expresa con notable libertad. Y a la par, cualquier intento de formulación de un

cierto pensamiento moderado se ve desasistido y hasta coartado desde no despreciables núcleos de

poder.

¿Quieren ustedes pruebas? Se las voy a dar. Pero antes permítanme alguna breve puntualización. No

pretendo incriminar a nada ni a nadie. Muy al contrario, me parece muy bien que todos los ciudadanos,

siempre que acepten el juego constitucional y en tanto en cuanto lo acepten, pueden expresar libremente

sus opiniones. ´Y creo sinceramente que nuestra Constitución tiene límites más amplios que aquellos que

se le señalan por algunos miembros del "establecimiento". Creo

también que es urgente organizar el diálogo. Y pienso, con muchos, que sólo se organiza

e i diálogo entre /treinta y cuatro millones de españoles si se canaliza la opinión de cada cual sobre la

premisa de autorizar, fomentar y sólo controlar en lo indispensable la agrupación política de los

españoles. Todo lo orgánicamente que se quiera, desde luego.

Pero vayamos a las pruebas. No hace todavía muchos meses, se han publicado en España, y con todas

las bendiciones, textos como el que sigue. Se Interroga: "Teniendo en cuenta la legislación española, ¿qué

pediría usted al sistema para hacer viable sus opiniones políticas?´´ Y se contesta: "Puesto en un puro

escalón de reformismo, del que no soy partidario pues prefiero la incruenta revolución hecha desde las

páginas del "Boletín Oficial del Estado", a ser posible, y si no, la otra, le pediría que los Derechos

Humanos sean -una realidad y no letra muerta en nuestra legislación, por la interpretación sectaria

emanada de aquellos a quienes corresponde su apoyo y respeto; y asi se harían viables los hechos de

libre expresión, manifestación, reunión, asociación y autogobierno del pueblo para elegir

democráticamente la forma del Estado ibérico, su forma de gobierno un sistema sindical auténtico y su

participación democrática sin eufemismos en el poder legislativo, ejecutivo y judicial, o sea la

efectiva democracia política y económica, con el destierro de la opresión social de unos pocos sobre los

más, de la represión ideológica, del autoritarismo,.., tan contrarios al ideario socialista, a cuya viabilidad

y realización en la libertad estoy obligado."

Y más recientemente todavía, y en otra publicación, hay quien ha afirmado: "Suscribiría un desarrollo

democrático que nos situara en el mismo plano de esa Europa en la que se dice pretendemos integramos,

bien entendido que esta aspiración no es un ideal, sino una posibilidad, para que luego, dentro de esa

Europa democrática y de esas libertades burguesas, mediante una lucha ideológica, consciente y

responsable, se puedan alcanzar otras etapas de perfeccionamientos, que para mi, personalmente, se

concretan en eI socialismo, no en la social democracia, sino en el socialismo."

Podríamos multiplicar los ejemplos. Pero creo que bastan. Lo cierto es que, a nivel de 1972, desde uno y

otro extremo de la arena política, se nos hace cada dia más difícil la tarea a aquellos españoles que, sin

renegar de nuestro origen, sin vulnerar la legalidad vigente, queremos una evolución progresiva para

España que nos acerque a Europa y consolide los innegables logros de más de treinta años de paz y de

orden. Sólo una -¡al menos! igualdad de oportunidades que facilite desde dentro la apertura puede ofrecer para el

futuro la garantía necesaria a cuantos creemos que la Ley del péndulo hoy en ultraderecha, mañana en

la ultraizquierda debe ser superada por la moderación, la sensatez y el raciocinio, elementos primarios

indispensables de una política de desarrollo en la paz y en la prosperidad.

José Maria RUIZ GALLARDON

 

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