Desafío a la paciencia     
 
 El Imparcial.    14/12/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Página 6 El IMPARCIAL 14 diciembre 1977

EL IMPARCIAL

DESAFIO A LA PACIENCIA

EN política económica, como en medicina, vale más prevenir que curar, .y por eso el abandono por parte

de los Gobiernos capitaneados por el señor Suárez de la «cosa económica» durante tantos meses, tenia

que llevarnos forzosamente a la gravísima situación actual. Al presidente Suárez los asuntos económicos

no le preocupan gran cosa, hasta el punto de dejar que se deteriorara dramáticamente la situación

económica del país, mientras que la voz orquestada de otros interesados trata, sin más, de cargar en la

contabilidad histórica del pasado los costes sociales derivados de la desastrosa política actual.

EN medio del mayor desbarajuste, alguien sopla en los oídos del presidente la conveniencia de dar

entrada en el Gobierno de Su Majestad a un «mago» español de la economía, que había sido, además, la

«eminencia gris» de muchos Gobiernos durante el régimen de Franco.

RODEADO de un equipo de colaboradores, inicia un plan de estabilización al estilo sudamericano, pero

con.graves incoherencias técnicas, puesto que el profesor Fuentes, catedrático prestigioso de Hacienda

Pública, ignora la moderna modelística de la planificación y la teoría económica que le sirve de sustento.

En el momento histórico menos propicio, dado que la economía española se está deslizando ahora por el

plano inclinado de una profunda recesión y de un paro masivo, saca de su gaveta el soñado plan, tantas

veces abandonado, de su «reforma fiscal».

LAS ideas del señor Fuentes Quintana tropiezan, sin embargo, con el gran obstáculo que supone el no

contar ya con la sumisión incondicional de la masa trabajadora, y una política de estabilización rigurosa,

como la por él propuesta, requiere la aquiescencia de los sindicatos, pero sólo recibe la aquiescencia de

los políticos. Surge así el Pacto económico de la Moncloa, en el que, como «cebo» ilusionado para su

aprobación por los partidos de izquierdas, se ofrece la «justa y tantas veces malograda reforma fiscal en

contra de los ricos», pero en el que, a pesar de las apariencias, existen gérmenes destructores de nuestra

precaria economía.

ES evidente que ni el señor González, ni el señor Carrillo van a sacrificar su futuro político en holocausto

de las lucubraciones grandiosas del profesor Fuentes Quintana en materia fiscal y de salarios. Cuando, en

el próximo año, el paro forzoso alcance cotas estremecedoras y las empresas, grandes y pequeñas, lancen

la toalla de su abandono definitivo, los partidos de la oposición y las centrales sindicales harán tabla rasa

de lo pactado y obligarán al Gobierno a cambiar de política. Pero el mal ya estará hecho, no existiendo

entonces otra alternativa para salvar la naciente democracia que el «Deus ex machina» de la ayuda

exterior.

CREER que se puede servir un «coctel» semejante, compuesto de ingredientes tan dispares como la

subida de los precios y salarios del 22 por 100, el aumento del dinero en un 17 por 100, un presupuesto de

gastos públicos superior a los tres billones de pesetas, con el correspondiente aumento de la presión´

tributaria, en medio de un creciente paro forzoso, de una caída de las inversiones privadas y del nuevo

desequilibrio en la balanza de pagos, es un desafío a la paciencia y buena voluntad de los ciudadanos.

 

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