Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Justicia, orden, libertad; Se espera un discurso; Política, educación y ciencia; Un almuerzo de 1968     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 55. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

MADRID LABERINTO

Por Jaime Campmany

(Enviado especial de «G. i.» en Madrid)

Justicia, orden, libertad.

Las palabras no han sido prenunciadas en Madrid, pero han sonado y resonado en Madrid. El Príncipe de España hablaba en Guetaria, patria de un navegante español de altos mares y de altas empresas. Con frecuencia, los españoles nos miramos en el espejo de la Historia para sentirnos orgullosos de nuestro pasado, para recrearnos en tas panoplias de «las viejas espadas de tiempos gloriosos», que, como diría Machado,, era el tiempo en el que aquellas espadas eran gloriosas. A . veces, los españoles nos olvidamos de enfrentarnos con el presente, adormecidos en el recuerdo exaltado del tiempo que fue. El Príncipe de España ha rendido homenaje en sus palabras a los hombres y a las gestas de nuestra mejor historia, pero inmediatamente ha adquirido, tras el homenaje al pasado, un compromiso de futuro. El Príncipe de España ha dicho: «Estos hechos y nombres nos llenan de orgullo, pero tenemos que considerarlos sdamente como antecedente para la gran tarea que nos corresponde ejecutar, haciendo que nuestro pueblo logre el máximo de bienestar con justicia, orden y ´libertad.

Justicia, base indispensable para la verdadera paz; orden, necesario para que se desenvuelva la vida ciudadana con el respeto debido a los semejantes, y libertad, para que los individuos puedan realizarse plenamente dentro de las normas que deben regir a la comunidad de nuestros días».

En el orden de prioridades de nuestra constitución como pueblo y como Estado, el orden y la justicia han sido valores preferentes. El Régimen nació de la necesidad de acabar con una situación de injusticia y con un estado en que el desorden desembocaba en el puro caos.

Nuestros primeros lemas, además del imperativo nunca marginado de la justicia, pedían patria y pan, es decir ¡los bienes imprescindibles para sobrevivir como hombres y como pueblo. Sin justicia, no hay" paz posible; como sin orden no hay libertad viable. Pero la paz y el orden alcanzan su plena y más alta explicación si la primera es la fundación de la justicia, y el orden la premisa necesaria para instaurar el reino de la libertad. La necesidad de asegurar el orden antes de merecer y conquistar las libertades que al hombre le hacen hombre, nos ha estimulado a posponer el bien de la libertad y aun a que algunos lo miren con recelo y con prevención. El lema de nuestros años setenta incluye, clara y terminantemente, el bien de (a libertad entre nuestras aspiraciones posibles y cercanas. El Príncipe de España ha cifrado en esas tres palabras —justicia, orden y libertad— el más próximo horizonte de nuestro futuro, de ese futuro español que ya ha comenzado.

Se espero un discurso.

Escribo en vísperas de que el Pleno de la Cortes Españolas escuche el discurso del nuevo presidente del Gobierno. Con el discurso del día 20 y con el consejo de ministros del día 26, la vida política del laberinto entrará en el letargo veraniego. Se abrirá la pausa y la tregua —la pausa en los trabajos y la tregua en la dialéctica— y la clase política se dispersará por las playas del Cantábrico y del Mediterráneo, en espera del primero de los cinco otoños gubernamentales. Generalmente, la celebración del 18 de Julio en los jardines de La Granja ha señalado el final de lo que pudiéramos llamar la temporada política. Este año, con Gobierno reciente, y con gobierno de la Ley Orgánica, la temporada se alarga un poco más. El Gobierno, por medio de la más autorizada de sus voces, la de su presidente, se presentará a las Cortes.

La primera declaración del nuevo gabinete fue, como era lógico, un tanto vaga en su generalidad. Hablaba de continuidad y de perfección. -Aludía a las premisas consabidas y constantes. Tal vez ahora, almirante Carrero profundice en los temas y sea más extenso y explícito en las formulaciones, al vez el Gobierno exponga ante Has Cortes, no

ya un recordatorio de principios y de propósitos vinables fácilmente, «¡no algo muy semejante Trama de gobierno. Tal vez podamos conocer algo más acerca de las líneas maestras de la estrategia política, económica, social y cultural del Gobierno para tos próximos cinco años.

Se hacía necesaria una declaración de esta naturaleza, responsable y solemne. Porque también era lógico que algunos recientes ¡ministros adelantasen algo de sus preocupaciones, ilusiones y propósitos. Y varias voces, sin una previa conjunción de criterios y sin un cauce perfectamente determinado y señalado, podían traer alguna confusión y caer en algunas contradicciones. No resulta difícil de adivinar que, tras algunas primeras y quizás apresuradas declaraciones ministeriales, se haya ordenado o pedido a ´los señores ministros una dieta de silencio. Las declaraciones del Gobierno deben ser coherentes y congruentes; el Gobierno debe parecerse más a una orquesta disciplinada y armonizada que a un recital anárquico de solos en diversos instrumentos. Esperemos, pues, el discurso en las Cortes del almirante Carrero. Ese será el primer documento del Gobierno sobre el cual podamos descansar la adhesión y el elogio o articular los puntos de contraste y disidencia. El Pleno del día 20 será, pues, un Pleno histórico.

Política, educación y ciencia.

El relevo del rector magnífico de Ja Universidad de Madrid ha ¡do acompañado de una peripecia desafortunada. «Portavoces autorizados» del Ministerio de Educación y Ciencia informaban a los periodistas del cese del profesor Muñoz-Alonso (del fulminante y sorprendente cese del profesor Muñoz-Alonso como rector de la Complutense) y del nombramiento del profesor González Alvarez para sustituirte en tan difícil y poco envidiable cargo. Al mismo tiempo, él señor ministro de Información desconocía ante los mismos periodistas el cese y el nombramiento. Los periodistas, en cumplimiento de su obligación, informaban el mismo día de una cosa y de otra.

El profesor Muñoz-Alonso siguió siendo rector de la Universidad de Madrid hasta la madrugada del 18 de julio, en que su cese apareció en el B. O. El cese ha sido, quizá una medida desafortunada, a la vista de cómo ha discurrido la vida universitaria en la Universidad de Madrid durante el pasado curso. Pero sobre todo aparece como una medida apresurada. Ni siquiera se habían cumplido los trámites legales —deben ser estuchados preceptivamente el Patronato de ´la Universidad y la Junta de Gobierno— antes de comunicar la decisión a los medios informativos. Parecía que el nuevo equipo de Educación tuviese una prisa injustificada en hacer pública esa decisión, sin esperar a que el secretario del consejo de ministros lo hiciese por los conductos normales. La noticia «oficial» del cese del profesor Muñoz-Alonso y del nombramiento del profesor González Alvarez fue comunicada desde el Ministerio de Educación y Ciencia a los periódicos antes de que al parecer el propio profesor Muñoz-Alonso tuviese conocimiento oficial ni amistoso de ello. A la sorpresa de fondo se unía en esta ocasión lo insólito y quizá desconsiderado de la fórmula usada. La política es un ¡mecanismo complejo y delicado. Las decisiones políticas no permiten ´la espontaneidad ni la injustificada urgencia con que pueden ser adoptadas decisiones puramente personales basadas en criterios o sentimientos exclusivamente personales. Por otra parte, ¡las personas que fueron llamadas, en momentos graves o difíciles, a tareas ingratas invocando una razón de servicio, merecen la consideración de la cortesía. Eso no excluye el derecho de todo hombre que accede a un puesto político de rodearse de personas de su confianza. La política es un arte noble que debe ser y puede ser ejercitada con educación y con ciencia. A cualquier político debemos desearle, con todo respeto y con Ja mejor intención para él y para el país, el mínimo indispensable de ¡las dos cosas.

Un almuerzo de 1968

Don Rafael Calvo Serer ha escrito y publicado, en Francia. el segundo libro de su anunciada trilogía. El señor Calvo Serer ha pasado, de ser un inspirador de algunos principios fundamentales del Régimen, a ser un español que desde el exilio muestra su absoluta disconformidad con aquello que él mismo colaboró en crear. Primero, el señor Calvo Serer pasó por una etapa de dogmatismo definidor; sus ´libros, publicados en Ediciones Rialp, querían ser algo así como la Biblia o, al menos, el breviario de la evolución del Régimen. Fue el inventor y «animador», como ahora se dice, de ´la «tercera fuerza». Después, en su etapa del diario «Madrid» fue eso que don Miguel de Unamuno llamaría un liberal chocante, porque predicaba el diálogo y la conversación ¡política de los españoles mediante el sistema de escribir aquello que le parecía y desconocer sistemáticamente aquello que opinaban sus objetores. Era una curiosa manera de predicar el diálogo ejercitándose en una especie de sordera intelectual. Por último, se ha ido a Francia, después del cierre y la práctica desaparición del diario «Madrid» (lamentable, por otra parte, pero ésta es otra historia), a expresar entre franceses pero en español su disconformidad con aquello que aquí no había querido ni conocer ni discutir.

Ha venido a mis manos un ejemplar de ese libro, en el que muy pocos son los «hombres que hayan tenido algo que ver con la política de los últimos años que no vengan citados en él, no sé si con justicia o con precisión mínima para que el libro pueda ser considerado como un documento histórico. Calvo Serer cuenta en el libro uno de los almuerzos o cenas políticas que José Mario Armero gusta de organizar frecuentemente, en donde se mezclan personajes de muy diverso origen político y de muy variadas posiciones y criterios. Esta comida se Celebró en enero de 1968. Cuenta Calvo Serer que «Armero reunió a Sánchez Cortés, Rodolfo Martín Villa, Jaime Campmany, Pedro Gamero del Castillo, Jiménez Torres, Barrera de Irimo, Antonio Fontán, García Trevijano y Calvo Serer». Más adelante afirma que en el curso de la conversación yo sostuve una posición contraria a la de Rodolfo Martín Villa en cuanto a las esperanzas de un juego político positivo con la aprobación de la Ley Sindical y de la Ley del Movimiento. Es esta una posición en la que no me recuerdo ni me reconozco. Mi posición política está fijada en mis propias palabras, y son ya muchas las que he pronunciado y publicado, y no -en las que me asigne don Rafael Calvo Serer, con quien no he ¡mantenido otro diálogo que el de aquella ocasión.

Lo que ¡sí recuerdo es que escuché un diagnóstico de España, no ya problemático, sino catastrófico, de labios del autor de «España sin problema». Al final de aquella disertación, sin duda muy preparada y meditada, fuera de una opinión expuesta con la improvisación obligada por la ocasión, tendrían que haberse escrito a las puertas de España aquellos famosos versos que el Dante escribió en Jas puertas del Infierno: «lasciate ogni speranza, voi che éntrate». No parecía sino que ni siquiera la esperanza pudiera ser algo alcanzable al gozo de los españoles de 1968. Recuerdo que José Mario • Armero, cuando terminó de hablar el profesor Calvo Serer, solicitó mi opinión sobre ello. V recuerdo también que vine a decir algo así como que no compartía el pesimismo sistemático del señor Calvo Serer, a pesar de que yo siempre había "estado de acuerdo con el planteamiento de Ja España problemática, de la España como problema que había aprendido a amar en la sucesión de españoles que vienen de los «regeneracionistas», que pasa por la generación del 98, que continúa en Ortega, que prosigue en José Antonio Primo de Rivera y que terminaba en Tovar y en Laín, con su «España como problema», entre otros. Y que, efectivamente, siempre había mostrado mi desacuerdo con la concepción de la «España sin problema» del señor Calvo Serer.

Perdone el lector que, por una vez, haya contado en este «Madrid laberinto» un pequeño trozo de mis memorias, un retazo de mis «almuerzos con gente importante». Y que haya hablado demasiado de mí. Al fin y aI cabo, como gustaba decir el rector de Salamanca, soy la persona que tengo más cerca de mí.

GACETA ILUSTRADA 55

 

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