Un peligro económico     
 
 Informaciones.    02/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

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UN PELIGRO ECONÓMICO

QUIZA uno de los factores que mas influyeron en nuestro país, para provocar el original tipo de salida de

la anterior situación política, fueron los sorprendentes claveles que nacieron de las bocas de los fusiles

lusitanos un 25 de abril y sus posteriores consecuencias político-socioeconómicas. El modo de cómo se

derrumbó aquel régimen determinó en gran medida el modo de cómo íbamos a superar la nuestra.

Desde entonces se reafirmó con tal fuerza toda una tendencia centrista, que venía, pujando inútilmente

desde hacía unos años, que acabó derrotando los objetivos de quienes se proponían una salida

democrática de corte clasico-histórico.

Sin embargo, los resultados son bastante idénticos en Madrid y Lisboa, con las naturales distancias

debidas al desigual grado de desarrollo socioeconómico de una y otra estructura productiva. Crisis

política, crisis económica, contestación social, caracterizan la similar situación a uno y otro lado de la

Península Ibérica. Paralelamente, españoles y portugueses recorren el camino de la incertidumbre,

inquietud y desazón social; son ya no meros estados de ánimos depresivos, sino constantes anímicas.

Las ilusiones de cuarenta años de ausencia democrática parecen venirse abajo; sobre todo en nuestro país,

que ni siquiera ha tenido que pagar los lógicos costes económicos que comporta todo intento de cambiar

un sistema socioeconómico por otro de tipo parasocíalista, como ocurrió en el vecino país durante año y

medio. La raíz del deterioro de la situación española se encuentra en el desprecio de la economía.

La misma originalidad del proceso democrático, tan sinuoso y sutil, obligó a concentrar casi todas las

energías en vencer las resistencias políticas de la casta burocrática del antiguo régimen, a lo largo de

dieciocho meses de olvido económico. Este mismo retraso imposibilitaba, por otra parte, que los

interlocutores válidos de la producción —empresarios y trabajadores— pudiesen negociar, al demorarse

hasta no se sabe cuándo las elecciones sindicales y la plena libertad sindical.

Así, los pactos económicos, en lugar de ser tratados por los factores clave productivos, fueron trazados

por partidos políticos, en algunos casos con estrecha visión coyunturalista y personalista de sus mismos

líderes. Hasta llegar a los momentos actuales, donde nos vemos encerrados en un peligroso y oscuro

cuadrilátero: crisis económica, crisis y confusión política, contestación social y pérdida progresiva del

entusiasmo democrático.

Curiosa paradoja histórica la de quienes supieron evitar la «portugalización» política y nos han conducido

a las puertas de la «portugalización» económica. Poco nos queda para hundirnos en la total depresión del

vecino país. Si nos hemos salvado ha sido por nuestra superior capacidad socioeconómica, que nos

permitía un período temporal mayor de despilfarro, que ya está a punto de agotarse.

La única manera de evitarlo sería la de imprimir una rectificación a nuestro rumbo político. No faltan

alternativas, opciones, potenciales, posibles y probables, a estudiar y sopesar. Cualquier fórmala que nos

evite la «portugalización» económica será buena. Esperemos que este peligro sea tan fructífero en el

hallazgo de alguna solución como lo fue el de la «portugalización» política después del 25 de abril.

 

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