Autor: JASA. 
   Bloqueo a la oposición marginada     
 
 El Alcázar.    23/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La jornada política

BLOQUEO A LA OPOSICION MARGINADA

Lo dijeron el otro día los grupos «extraparlamentarios» reunidos en la sede del PSOE histórico: «La suma

de todos nuestros votos es bastante mayor a los que están representados en el Parlamento». Partiendo de

esta realidad tangible, yo me pregunto qué clase de democracia equitativa puede montarse en este país;

cuando, en función de un determinado criterio proporcional, un sector importante de la población queda

silenciado, obligadamente ignorado y marginado de toda participación política activa, simplemente

porque unos haremos estadísticos así lo determinaron. No importa que en Expoz y Mina 5 no se haya

llegado a ningún acuerdo sobre ninguno de los temas tratados. Lo que importa es que allí se dejó claro

que no se puede gobernar una nación en base a los intereses exclusivos de dos grupos predominantes,

para que se turnen ordenadamente en un ejercicio totalitario del poder, en un círculo vicioso sin apenas

contrapartida alguna. La palabra «oposición» es algo que resta por descubrir todavía en el diccionario

político de la democracia suarista.

«El hecho posiblemente más significativo del año que termina es el clima de beligerancia política que se

percibe a todos los niveles». Esta afirmación, patente a todas luces, concuerda, por un lado, con la

siempre azarosa incertidumbre de Suárez y por otro, en el fracaso de todos sus intentos «estabilizadores».

El Pacto de la Moncloa ha sido una derrota absolutamente visible. La unificación centrista no ha

«disuelto» más que siglas, pero continúan todas las apetencias personales del Club UCD. La larga marcha

hacia Europa se diluye cada vez más en una nebulosa distante, irreal, ficticia. ¿Qué queda, entonces del

flamante aniversario del referéndum, de los cien días de la democracia? Tan sólo la negociación como

norma y como hipoteca. Casi a la desesperada, Suárez hubo de convocar apresuradamente en la Moncloa

a los empresarios (¿porqué no buscó esta vez la cía de los partidos?) en busca de un último y deseado

apoyo. Pero, por lo que me dicen, parece que también se le ha negado.

El retomo de Areilza, que anticipábamos el viernes, sigue construyendo, como dijimos entonces, el

comienzo de una gran venganza. Areilza ha debido pensárselo mucho antes de lanzarse a la arena sin más

equipaje que su habilidad diplomática ni más apoyadura que un grupo minoritario, residual, casi

funambulesco. De todas formas, insisto, su retorno constituye una operación política de alcance. El

primer asombro fue comprobar un Areilza en busca de una clientela netamente conservadora, sin

embages. El segundo vendrá cuando su Federación Liberal se atreva a competir con «los grandes» y

sentar plaza en las municipales. El viejo ex ministro está demostrando, desde luego, que alberga casi tanta

audacia como Suárez. Que ya es decir. Por lo pronto, no hay quien le quite al primer ministro el susto de

encima. A Areilza no lo va a poder lidiar como si un Fraga o un González mas se tratara. Se han

cambiado las tornas: hace un año el conde marchaba silencioso al exilio de los vencidos. Ahora no

permitirá que se repita otra experiencia como la del Partido Popular. Ahora el que cada vez está más

próximo a marcharse es Suárez.

Si tuviera que resumir el pleno del Congreso, diría simplemente que constituye fiel expresión del espíritu

que anima al gabinete suarista. En efecto, Fernández Ordoñez ha tratado de manipular ante el Parlamento

la más demagógica fraseología reformista como tapadera de unos presupuestos abiertamente

desproporcionados. No es justo que para ocultar que el capítulo de «varios» representa el 10 por ciento

del presupuesto total, se tenga que aludir a la «normalización democrática», a la «consolidación del

cambio» y demás jaculatorias suaristas. Es una grave estafa a los parlamentarios que lo escucharon y una

valiente tomadura de pelo para el sufrido contribuyente español cada vez más limitado en sus

posibilidades económicas. Mayor descaro representa solicitar el veredicto de los diputados sin haberles

proporcionado documentación suficiente sobre el tema objeto de debate De cualquier forma, por encima

de todo late la evidente realidad de un control parlamentario de la acción del Gobierno que no se adivina

por ninguna parte y de unos apaños subterráneos como única fuente dimanadora de consenso. A esto se le

llama, simplemente, gobernar de espaldas al pueblo.

Quisiera hacer mención, por último, a la batalla emprendida en este país por un grupo de empecinados

sindicalistas para no sucumbir en sus planteamientos reivindicativos a manos del afán totalitario de dos o

tres centrales privilegiadas desde el poder. Me estoy refiriendo al sindicalismo independiente, del que

tengo constancia que se está reagrupando en todas sus vertientes laborales para plantar cara ante las

elecciones. La primera y divertida paradoja que se advierte ya antes de la celebración de los comicios es

que tanto CCOO como UGT y la también disuelta USO ya están encaramadas en el poder sindical por

obra y gracia de la negociación suarista. Si además cuentan -como de hecho ocurre- con el apoyo efectivo

de la Administración a través, concretamente, del Ministerio de Trabajo, es fácil advertir que las

sindicales van a constituir un torpe remedo de la fausta jornada del 15 de junio. No hago mención de la

presión, que a través de todos los medios ejercen las centrales marxistas para imponer sus candidatos

contando incluso —y esto es lo más sorprendente— con la anuencia de algunos empresarios, que quieren

curarse en salud por anticipado congraciándose con los sindicatos marxistas antes de su estipulada

victoria. Yo me pregunto si el empresariado español es consciente de la grave situación que puede

provocar el hecho de que toda la representación sindical esté politizada, sometida a obediencia política y

manipulada políticamente desde unos partidos de izquierda. Yo me pregunto si los trabajadores que van a

votar en los próximos comicios son conscientes de que sus legítimas reivindicaciones van a ser utilizadas

como pretexto y excusa por unos sindicatos partidistas a la hora de fijar las conveniencias tácticas de los

señores Carrillo o González. El peligro es grave. Y su marchamo puede venir, mediante estrategia similar,

con las municipales.

JASA.

 

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