Autor: Tulla, Alfonso. 
   Los pequeños ahorradores, olvidados  :   
 También a la relación empresa-directivos-accionistas debe llegar la democracia empresarial. 
 Hoja del Lunes.    17/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LOS PEQUEÑOS AHORRADORES, OLVIDADOS

También a la relación empresa-directivos-accionistas debe llegar la democracia empresarial

MADRID, 15. (Crónica económica exclusiva de la agencia Logos, por Alfonso Tulla.)

La denuncia de que el Metro de Madrid se encuentra avocado a una suspensión de pagos hecha por la

"comisión de los doce", compuesta por pequeños inversionistas del mismo, nos recuerda la temática

empresa-directivos-accionistas, a donde también tiene que llegar la democracia, lo mismo que en el

mundo laboral.

La vigente ley de sociedades anónimas de 1951, a todas luces anticuada, reconoce a todos los socios una

serie de derechos integrantes de la posición jurídica del accionista, pero en la práctica las posibilidades de

decisión y de información sobre las actividades, ganancias y activos de la empresa dejan mucho que

desear, como puede apreciarse concurriendo a una junta general o simplemente echando un ojeo a

muchas memorias de sociedades que, eso sí, llevan numerosas ilustraciones a todo color.

Hace ya una decena de años, J. K. Galbraith, siguiendo una sociología de la empresa iniciada con "La

revolución de los managers", de J. Burnham, subrayó la importancia del equipo directivo-técnico de una

empresa, organización a la que propuso llamar tecnoestructura y cuyos intereses, la expansión de su poder

y el renombre de las entidades, no coinciden con los de los accionistas propietarios del capital.

Hoy, en la mínima cota de la crisis de la Bolsa, está claro que a los accionistas minoritarios, pequeños

ahorradores que invertían su dinero en acciones, ni se les ha contado todo lo que esto implicaba ni se le ha

tomado en serio. Bien por la vía de beneficios no repartidos o encubiertos y pasados a reservas o a

amortizaciones, bien por la vía de dividendos abonados cuando no existían beneficios reales (se jugaba

con la depreciación de los equipos, por ejemplo), muchas empresas han estado manipulando a loa

accionistas, haciéndolos caer en una trampa.

Circunstancias que, sin embargo, hasta que no llega una coyuntura tan mala como la actual casi no se

apreciaba, sobre todo cuando, como en el caso español) se les compensaba con más papel mediante las

ampliaciones de capital gratis o a la par.

En consecuencia, sería muy positivo que aprovechando la gran crisis por la que atraviesa el mercado de

capitales y ahora que hay una comisión real que estudia la reforma de la Bolsa, e] reconsiderar esta

relación que en parte podría aliviarse con la estricta aplicación de lo que propone e1 reglamento de las

bolsas de comercio de hace diez años en el capítulo (el quinto) relativo a !a admisión de valores y, en el

resto, con una revisión a fondo del derecho mercantil societario.

 

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