Autor: Llorca Vilaplana, Carmen. 
   La burguesía en busca de la burguesía     
 
 Pueblo.    23/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

La burguesía en busca de la burguesía

Carmen LLORCA

Lo que verdaderamente gusta son los espectáculos de masas destinados a las minorías. Las noches

políticas del Club Siglo XXI tienen todo el atractivo de una tarde de toros, cuando la pasión alcanza

categoría de espectáculo. La del pasado martes, cuando José María de Areilza habló, presentado por el

presidente del Club, Antonio Guerrero Burgos, se repetía la expectación de la noche del 6 de noviembre

en que Santiago Carrillo hablaba después de ser presentado por Manuel Fraga.

Posiblemente, más de dos mil espectadores asistieron al relanzamiento político de Areilza. Curioso país el

nuestro que nunca quedan las figuras consagradas, sino que deben recorrer cada día el camino amargo de

demostrar cuan inteligente se es, y cuánto se pierde el país por no tenerles al frente, del mismo.

Areilza se definió políticamente Areilza, quien, si no estoy mal informada, en el casillero de su actividad

profesional se califica cómo escritor, dejó constancia de orador, de político de buen gusto y de buen tono.

Tras la conferencia siguió la cena, con numerosa asistencia y la conversación política era tan

intencionada, que mi buen amigo Ricardo de la Cierva pronosticaba dificultades a la hora de elección de

título para relatar el acto. Pero como quiera que Areilza lanzó su programa de modernizar España por

medio de la burguesía, esa nueva situación social a la que han accedido los españoles desde la clase

media, me parece bastante adecuado el pensar que se ha planteado el hecho de que la burguesía va en

busca de la burguesía.

Decía Areilza que el mundo camina hacia la burguesía, sobre todo España, y le pronosticaba a Rusia igual

fin: el de desembocar en una sociedad burguesa. Satrústegui añadía, en esa glorificación de las

excelencias burguesas, que después de todo, la revolución rusa la habían hecho unos burgueses: Lenin era

burgués, lo era Trostky, Marx, Engels... Areilza añadía que Carrillo también era burgués. Todo el mundo

es, pues, burgués. Lo eran los asistentes al acto, a excepción de un cincuenta por ciento que eran

aristócratas, si bien con manifiesta buena voluntad de llegar a parecer burgueses, empezando por José

María de Areilza, conde de Motrico.

¿Qué sucede para que se haya producido esta mutación? ¿Qué es este fenómeno?

Es cierto que la Revolución Rusa la hicieron unos burgueses, al igual que la Revolución Francesa la

hicieron, unos aristócratas. Mirabeau el duque de Orleáns, el vizconde de Noailles, Talleyrand, Lafayette

y otros protagonistas de la revolución eran aristócratas. Pero detrás de las .palabras y los gestos vienen los

hechos; es decir, después de la teoría viene la praxis y los hechos de la Revolución Francesa fueron

burgueses, como la praxis de la Revolución Rusa fue proletaria. El hecho histórico queda patente: una

clase social poderosa siempre está dispuesta a hacer la revolución política de la clase inferior, pero más

numerosa, que le sigue en el orden jerárquico.

Sería extraordinario que se produjese lo que quiere Areilza: que una determinada clase social haga su

propia revolución, que los burgueses hagan la revolución burguesa. Pero yo me temo mucho que lo

burgués sea una calificación que ha huido de la política para reposar en la definición de lo que es cómodo

y confortable. De la misma manera que liberalismo es más una forma de ser y de comportarse que un

programa político para hoy.

El hombre liberal es una auténtica joya de nuestro tiempo, diría, que es como una miniatura. Y

sorprendentemente una buena parte de los mejores políticos de nuestro tiempo mili-tan en el liberalismo.

Una extraordinaria figura política que he admirado profundamente, el italiano Malagodi, no ha llegado a

regir los destinos de Italia yo sospecho que por ser el jefe del Partido Liberal, cuando casi toda Italia

estaba convencida de que era el hombre que hubiera podido conducir como ninguno a dicho país. A veces

me preguntó si el liberalismo como partido sirve de refugio a los hombres con un gran instinto político y

sabiduría, pero que no quieren gobernar, que vienen de otro tiempo histórico, que buscan en el pasado a

su base, que serian capaces de crearla o de soñar que la inventan, pero que. no podrían gobernar un

presente, de vulgaridades.

A mí también me gustaría soñar que todos somos burgueses, tan burgueses como Areilza, para que nos

pudiera gobernar.

 

< Volver