Créditos fáciles para empresas públicas     
 
 ABC.    21/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CRÉDITOS FÁCILES PARA EMPRESAS PUBLICAS

Aunque la magnitud de las cifras no haga ya mucha mella a nadie —ésta es otra de las consecuencias de

la inflación— rió dejan de ser extraordinariamente significativas las cifras de los llamados créditos,

acordados en la última sesión de la Comisión de Hacienda: doce mil millones para RENFE; más de cuatro

mil millones para Hunosa, y dos mil millones para Transmediterránea.

Naturalmente, las razones políticas que justifican estas tan copiosas aportaciones monetarias son las

mismas de siempre. Exactamente las misma que se hubieran alegado hace cinco o diez años para

decidirlas. El servicio público básico de los ferrocarriles, el preferente interés social de las minas y la

necesidad Indiscutible de las líneas marítimas.

De análogo modo, ese total que rebasa los dieciocho mil millones de pesetas se aprobó sin discusión,

prácticamente. El voto del P. S. O. E. se añadió al de U. C. D. para aprobar los créditos a RENFE y a

Hunosa. Y solamente en el asunto de Transmediterránea, el P. S. O. E. se abstuvo. No votó en contra; se

abstuvo.

¿Cabe pensar, pues, que hemos cambiado tanto en el control de los fondos públicos?

Todo parece haber ocurrido como «antes». Incluso con esa matización socialista del nuevo concepto de

empresa pública al que debe acomodarse, en adelante, RENFE para responder al nuevo contexto político.

Es muy probable que no faltase, en ninguna de las ocasiones anteriores, alguna advertencia o alguna

conminación a RENFE, para que enderece sus cuentas, para que algún día sea capaz de vivir sin déficit

anual tan considerable. Otro tanto se puede decir de Hunosa, empresa importante para el país, según

alegación presidencial, no sólo por sus 24.000 empleados, sino también por su aportación energética.

Todo ello estaría muy bien en otras circunstancias: Pero en las circunstancias económicas actuales resulta

bastante sorprendente. Y desde luego, digno de comentario crítico. Cuando la economía nacional,

especialmente en su sector privado, atraviesa una etapa de indecibles dificultades crediticias no es fácil

admitir, sin sorpresa publicada, que las empresas públicas —caso de dos de las mencionadas— o las

empresas al servicio de intereses públicos —caso de otra— obtengan, sin grave discusión, sin más ni otro

análisis que el hecho de su existencia, miles de millones en una sesión de la Comisión de Hacienda.

Cuando el país soporta intolerables cifras de inflación; cuando no 24.000 españoles empleados, sino más

de cuatro millones de españoles ahorradores ven disiparse en la Bolsa los frutos de su trabajo; cuando los

créditos se restringen y se encarecen; cuando las más de las prédicas aluden al sacrificio, a la austeridad, a

la contribución de todos en el esfuerzo de la reactivación, ¿cómo no demostrar sorpresa ante la rápida

aquiescencia de una Comisión parlamentaria a créditos por valor de más de dieciocho mil millones?

Aun aceptando todas las primacías o prevalecías del sector público, no podemos olvidar las que merece, a

su vez, en una economía no socialista, e! sector privado. Y, en este sentido, resulta notorio el

desequilibrio con el que reciben créditos uno y otro. Generosas facilidades para las empresas públicas;

drásticas dificultades para las privadas. Si así se hace una democracia política —punto que ahora no

discutimos—, así no se hace, evidentemente, una democracia económica.

 

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