Autor: Domingo, Xavier. 
   El defensor del feto     
 
 Diario 16.    02/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

¡XAVIER DOMINGO LA NACIÓN

El defensor del feto

Las recientes declaraciones de Joaquín Ruiz-Giménez, defensor del pueblo, sobre el aborto, la violación y

otros temas conexos han causado notable impacto en la opinión pública. Para el autor, sin embargo, don

Joaquín debiera guardar un más piadoso silencio.

Don Joaquín Ruiz-Giménez perdió recientemente una fantástica ocasión de callarse y practicar la

resignación cristiana.

Cuando el señor Ruiz-Giménez fue elegido con amplio consenso para el cargo de defensor .del pueblo, la

mayor parte de dicho pueblo, confiado y alegre, aplaudió el voto de los diputados.

En realidad, nadie sabe a ciencia cierta qué es eso del defensor del pueblo ni para qué sirve. Dicen que en

Suecia es institución tradicional con funciones y poderes reates. Por lo que me cuentan, nada que ver con

lo del señor Ruiz-Giménez en España, en donde, por cierto, los suecos escasean.

Prudencia

En Francia, el cargo fue creado por el señor D´Estaing y parece puramente honorífico. Se confió siempre a

políticos retirados y valetudinarios o a extraordinarios casos de cretinismo, a los que conviene apartar de

la vía pública. Guando toman posesión se les ruega que se hagan cargo de la defensa del pueblo, pero en

silencio y con la más completa discreción. Cobran y cumplen. Y no se habla más de ellos. Me da la

impresión de que en España. el espíritu de la ley es parecido.

El señor Ruiz-Giménez no lo comprendió jamás. Por ejemplo, es evidente que debió abstenerse de emitir

la menor opinión sobre la despenalización del aborto. Pero opinó, y en el sentido contrario a la

despenalización.

Privadamente, el señor Ruiz-Giménez es muy dueño de. estar en contra de un aborto legal. Pero

públicamente ha de callarlo, porque el pueblo, a quien se supone que ha de defender, está dividido entre

partidarios y enemigos de la despenalización.

Es de destacar que el señor Ruiz-Giménez fue propuesto para el cargo por el propio Gobierno que

propone la ley liberal, a pesar del oscuro pasado político del señor Ruiz-Giménez, si mal no recuerdo

ministro de Franco mucho antes que él señor Fraga y en años mucho más comprometidos.

Sea cual sea la legislación futura sobre el aborto, ¿cómo pensar que el señor Ruiz-Giménez será el

hombre imparcial que requiere esa parte del pueblo más afectada por las posibles tragedias o problemas

que ocasione la nueva ley?

El señor Ruiz-Giménez lo ha dicho claramente. Entre el pueglo y el feto, elige al feto. El caballero, en su

infinita melancolía, es cristiano y coherente. Por paradójico que parezca, no se puede ser al mismo tiempo

defensor del pueblo y del feto.

Es más, el señor Ruiz-Giménez ha manifestado una ignorancia tan ingenua como cristiana sobre lo que

ocurre en el cuerpo de la mujer, principal interesado en este asunto del aborto. Ha afirmado que un simple

«baño vaginal» basta para anular los eventuales efectos de una violación.

Es evidente que el señor Ruiz-Giménez va demasiado lejos en su defensa del teto. A no ser que se refiera

a un baño vaginal con aguas benditas y bautismales, que, anegando al feto, salve su alma.

Necesidad

Quiero subrayar que, personalmente, no estoy tomando partido ni en pro ni en contra de la

despenalización del aborto. Es un asunto tremendamente complejo y dramático. En principio, no me

parece que el aborto represente un progreso ni que su despenalización pueda ser enarbolada como bandera

de progresismo. Se trataría, a lo sumo, de una triste necesidad para una sociedad incapaz de resolver

mejor estos problemas. Además, me parece ver una seria contradicción en la filosofía de una sociedad que

suprime la pena de muerte y al mismo tiempo facilita la supresión de la vida.

Lo que sé a ciencia cierta es que si yo fuera una persona necesitada de recurrir a un defensor del pueblo

por asuntos de aborto no- recurriría al señor Ruiz-Giménez. Y puede haber muchas personas en el caso,

sobre todo si la ley, como parece, ha de ser imprecisa y ambigua, lo que en España es costumbre. Por

tanto, estimo que el señor Ruiz-Giménez tendría que dimitir como defensor del pueblo o solicitar título de

defensor del feto. Aunque todo cristiano sabe que los fetos no necesitan defensor. Su destino es el limbo,

en el que el señor Ruiz-Giménez vaga permanentemente desde que dejó de ser ministro. Por lo menos.

 

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