Autor: P. R.. 
   El showdown de Areilza     
 
 Arriba.    01/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El «showdown» de Areilza

Desde Azaña —al menos— ningún político español ha poseído la pluma del embajador Areilza. O nadie

la ha sabido manejar como él, con la elegancia de un palio, o la intención de un florete, según vinieran las

cosas. JMA, que quizá sabe escoger las corbatas mejor que la política florentina, llegó, con imperdonable

retraso, al poder del Estado en una de las zonas más oscuras, rugosas, celadas, lunares y decisivas de la

Historia moderna de este país: el primer Gobierno que, muerto Franco, intenta, entrecortadamente, la

transición. La historia del 13 de diciembre de 1975 al 1 de julio de 1976 es la saga de una gran frustración

estatal y popular. JMA circula por el star systeme de esos casi siete meses, y no resiste la tentación —no

se lo hubiéramos perdonado— de contar los lances, las fintas, los soto voces, los camerinos, las dos

invisibles cuartas partes, en fin, del iceberg político.

«Showdown» es un término favorito de la panoplia dialéctica de Areilza. En el argot del poker representa

el momento de bajar definitivamente las cartas. El «show-down» de JMA en este libro (1) es, para un

periodista, deslumbrador. Las cábalas, los entrelineas, las suposiciones .de hechiceros egipcios que nos

ocuparon montañas de papel en nuestros periódicos están, purificadas, matizadas, comprimidas, y muchas

veces devalua-das, en las notas casi telegráficas, como cogidas en el puño de la camisa de este diario. En

un país informativamente tercermundista durante decenas de años, como éste, donde el Poder sólo ha

bajado los puentes del diálogo a través del «Boletín Oficial», con barba, cuello duro, balón parado y

danza de los siete velos, JMA coge al lector de la mano y le lleva desde el despacho del Papa a los

oscuros pasillos de Arias, y no vuelve la cara, como un meritorio de periódico, ni ante el sigilo de la

palabra real, ¿quizá impaciencia, quizá indiscreción imperdonable, quizá fidelidad admirable a la

Generale e Grande Historia? Un libro como éste al año debiera ser obligatorio en las democracias —¿o lo

es ya?— como única manera de digerir la Historia y evitar el tener que reconstruirla con material de

derribo.

Naturalmente, de la gigantesca y turbia meleé de aquellos seis meses, Areilza se salva, subliminalmente a

sí mismo. Con la mayoría es tan cruel como ellos mismos parece que fueron con los hechos. A algunos

los cubre piadosamente con el capote del olvido, ya otros les salta sobre su yugular, en todo caso con la

terrible arma de la ironía, y no del hachazo. Hay mucho país en el índice onomástico, pero quizá

—aunque sea un diario de puente de mando— le falte la bocanada de los auténticos «extras» de aquellos

vertiginosos seis meses: el pueblo español, los «malditos».

La obra es un pequeño prodigio de observación y de definición. De vez en cuando, al lector le golpea,

como una llamarada luminosa, una imagen, una metáfora, una descripción, un matiz, una cita, una

meditación cazada al vuelo como una mariposa. Por ejemplo: «El odio se produce muchas veces contra

aquel al que se considera responsable de la prosperidad de uno mismo.» Por lo demás, todos, el Nuncio,

Pío, Arias por supuesto. Salís, El Bunker, quedan retratados en flashes centelleantes, como un gran auto

sacramental, a veces sainetesco, iluminado por relámpagos. Con todo, el autor renuncia a la tersura de su

pluma y practica el difícil virtuosismo del redactor-jefe que ha de meter, en la página de cierre, la crónica

de un gran incendio en doce líneas.

Probablemente, la historia de aquellos siete meses no sea toda ésta, ni sólo ésta, ni nada más que ésta.

Pero, de alguna manera, aquel tiempo está apresado, revelado y desguazado en un libro que rezuma

periodismo, frescura, que eleva la anécdota a categoría. Una obra de inversión obligatoria. Un

«showdown» para leer de un tirón, como un libro de John Le Carré.

O de José María Areilza.

P. R.

(1) José María de Areilza. - "Diario de un Ministro de la Monarquia". Editorial Planeta

 

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