Autor: Satrustegui Fernández, Joaquín. 
   Cordial rectificación del decano     
 
 ABC.    07/05/1972.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC. DOMINGO 7 DE MATO DE 1972. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PÁG. 18.

OPINIONES AJENAS, POLÉMICAS, CARTAS, PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

CORDIAL RECTIFICACIÓN AL DECANO

Las declaraciones que el decano de nuestro Colegio de Abogados ha hecho a la Prensa producen

perplejidad.

Soy sincero amigo suyo, lo cual no obsta para que hayamos discrepado lealmente en varias ocasiones—

como ahora—en cuestiones de la Corporación. Esa amistad me permite rectificar cordialmente algunas de

sus afirmaciones.

Comenzaré por recordar que los votos que obtuvo Joaquín Ruiz Giménez—otro buen amigo—en las

elecciones para decano, en diciembre de 1969, fueron 2.470 (el 23 por 100 de los 10.911 del censo), y que

los que alcanzó el propio José Luis del Valle Iturriga—que resultó reelegido—fueron 2.262 (el 30 por

100). Venció tan sólo por un 7 por 100 de los posibles votos.

Ni los candidatos derrotados ni quienes les respaldamos dijimos "desde el primer momento» a loa

triunfantes que «se les haría la vida imposible". El decano, que ha lanzado esta acusación ante los

periodistas, tendría que decir quién—concretamente—hizo la supuesta y absurda manifestación.

Yo recuerdo de aquellas elecciones lo siguiente: Muchos de los que votamos a la candidatura encabezada

por Ruiz Giménez habíamos ofrecido antes a Del Valle Iturriaga que él la encabezara. Formé parte de la

comisión que le visitó con ese objeto. Lo hicimos porque no podíamos olvidar lo magníficamente que

había presidido la famosa Junta general de enero de 1969—que él convocó a petición de uno» pocos de

nosotros—, en la que los ¿logados madrileño» pudimos pronunciarnos resueltamente a favor de la unidad

de jurisdicciones y de la procedencia de un Estatuto - especial para los presos políticos.

Del Valle Iturriaga agradeció con afecto nuestro ofrecimiento, pero no lo aceptó. Se había comprometido

a encabezar una candidatura que contaba fundamentalmente con el apoyo de los colegiados que se

mueven en la órbita gubernamental y en sus aledaños. Aunque era claro que iba a tener un respaldo

político, nosotros—a quienes el decano atribuye la inevitable politización de los problemas que afectan a

nuestra profesión—no nos rasgamos las vestiduras. Coincidimos, como es natural, en que la contienda

entre su candidatura y aquella a la que prestaríamos nuestro apoyo te desarrollaría con la normal

caballerosidad.

Joaquín Ruiz Giménez se resistió en un principio a concurrir a la elección, pero cedió al fin ante las

muchas peticiones que se le hicieron. Comprendió que su persona podría facilitar el conveniente cauce de

expresión a aspiraciones y preocupaciones—absolutamente legítimas—latentes en el seno de nuestra

profesión.

La elección se verificó con enorme interés por ambas partes (nunca había votado tanto abogado), con la

caballerosidad prevista y sin rencor alguno. Acudieron a votar ministros, otras jerarquías y funcionarios

estatales y paraestatales en gran número. Como la victoria, fue por escaso margen, y el decano reelegido

estaba compenetrado con la mayor parte de las aspiraciones de la profesión, el resultado de la elección no

significó, de momento, un freno para éstas.

Del Valle Iturriaga contó desde el primer instante con los candidatos derrotados y con muchos de los que

les habíamos votado para´ todo lo que fuese continuar laborando por la consecución de esas aspiraciones.

Las comisiones que, con carácter de abiertas, creó la famosa Junta general de enero de aquel año 1969,

siguieron trabajando bajo la presidencia de algún miembro de la- Junta de Gobierno. El 90 por 100 de los

que acudíamos éramos colegiados que votamos la candidatura de Ruiz Giménez. Pero es más, cuando la

nueva Junta de Gobierno decidió acometer los trabajos preparatorios del Congreso. Nacional de la

Abogacía que iba a celebrarse en León, en vez de nombrar coordinador de las diversas ponencias de

nuestro Colegio a un miembro de la propia Junta, acordó designar a nuestro compañero Juan Antonio

Salabert, que había respaldado también la candidatura de Ruiz Giménez. ¿Puede decirse que toda esta

nuestra labor corporativa formaba parte del supuesto plan trazado para "hacer la vida imposible" a la

Junta de Gobierno victoriosa?

El Congreso de León—al cual el decano nos facilitó también la asistencia—se celebró al fin con gran

éxito. Es evidente que sus acuerdos significaron, como aquél acaba de decir, "una mayor presión para

obtener aspiraciones de la Abogacía que lo que pudiera representar la opinión de un Colegio, siquiera

fuera éste el de Madrid". Pero a partir de aquella fecha—junio de 1970—la actitud de nuestro decano

cambió. Quien hasta entonces había facilitado la exteriorización del sentir colectivo de la profesión,

comenzó a dar la sensación de que, después de dicho Congreso, era necesario evitar toda presión de la

opinión colectiva. Pareció que ya nadie más que el decano debería pretender instar la puesta en marcha de

los acuerdos adoptados o interesarse por los problemas diarios que afectan a la independencia de la

Abogacía.

Durante el año 1971, el distanciamiento entre la Junta de Gobierno y los colegiados se acentuó. De hecho

aquélla se convirtió en un freno para nuestras aspiraciones. Luego, las recientes Juntas generales—

comentadas por la Prensa—, todas ellas con resultados adversos al mutismo colectivo que pretendían

nuestros rectores, han revelado que quienes triunfaron en las elecciones de diciembre de 1969 han perdido

su representatividad. Muchos de los colegiados que contribuyeron entonces a su victoria han pedido ahora

la dimisión de toda la Junta de Gobierno. Lo han hecho, en el seno de- la más nutrida Junta general de la

historia de nuestro Colegio, mediante aquel séptimo acuerdo tan reiteradamente aclamado como los seis

que le precedieron y tan firme, por consiguiente, como éstos.

Que esa petición sea o no atendida por sus destinatarios es algo que depende sólo de ellos. Cuatro—muy

ilustres—ya han dimitido sin zaherir a nadie. Por lo visto, no corre prisa cubrir sus importantes cargos. El

decano, mi —de verdad—buen amigo, ha dicho que hasta diciembre no se elegirán los nuevos titulares.

También ha dicho que es natural que la Junta de gobierno haya suspendido dos de los seis acuerdos que él

"recogió" en aquella Junta general extraordinaria, porque con ello no quiso decir que los hacía suyos.

¿Qué significó entonces aquel insistente "diálogo" entre la Asamblea que aclamaba los siete acuerdos y el

decano—negándose a dimitir—contestaba, ¡seis!, hasta que inopinadamente levantó la sesión? No se

comprende nada.—Joaquín SA-TRUSTEGUI

 

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