Autor: Meliá Pericás, Josep. 
   Un proyecto libre de nostalgias     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 7. 

UN PROYECTO LIBRE DE NOSTALGIAS

SOY de aquellos que siempre han pensado en España como problema; en una España que era riesgo, compromiso y contradicción. He vivido mi pequeño sacrificio de escritor, mis silencios y mis palabras, como afirmación del derecho a un recuerdo libre de nostalgias. Mis esperanzas y desesperanzas, y todas las de mi generación, las largas esperas y las cortas desesperaciones, las he vivido con lealtad al futuro, con la convicción de que todo era revisable menos la intención de construir una España justa, desde la paz, en la que quepan, todas las libértateles democráticas» Convencido de que ésta era, y es, la aspiración de mi pueblo y la mayor contribución que podíamos hacer quienes, por simple ley de vida, vivimos el presente como tránsito entre la historia padecida y la historia deseada.

Por eso me han parecido magistrales, en lo que tienen de patetismo y de urgencia, las palabras de vea reciente articulo de Ricardo de la Cierva. «Si contra lo que todos esperamos se frustra la tercera apertura, o se queda en las entrelineas del nominalismo, habrá, por supuesto, una cuarta. Pero ya -no la podrá hacer este ¡régimen, ni otro nacido de él.» ¿Todos? Es la única palabra que sobra en un texto cuya lucidez es tan dramática, también densa y constructiva, que condiciona, la vitalidad de la Monarquía y la consonancia de los ritmos y velocidades de la evolución política y social.

¿Cómo asumir entonces tanto riesgo y responsabilidad? La Cierva habla de una disputa feroz entre inmovilismo y apertura. Es decir, entre aquellas dos concepciones de la legitimidad a que me referia en un anterior artículo sobre la participación. O lo que es lo mismo, entre aquellos que defienden la idea de un Movimiento como defensa frente a la historia, sutilmente nostálgica y quienes reivindicamos la posbilidad de un Movimiento concebido como lugar de coincidencia, como acelerador, como compendio de los distintos proyectos y alternativas para la construcción de una nueva imagen de la convivencia españole. Utrera ha dicho en Alcubierre que no quiere estar en un «bunker» irreductible. Yo, tampoco.

Estamos a mitad de camino entre el año 1936 y el año 2000. Es comprensible que en el equipaje de todas nuestras biografías pesen alguna vez los ecos del pasado y otros vibren con mayor emoción ante la aventura de configurar la historia que nos nace cada mañana. Lo único que me pesa es que no se vea siempre claro hacia dónde convergen las preocupaciones, y los sentimientos de cada cuaL Y lo cierto, en este orden de cosas, es que siendo muchos, casi todos, los que no queremos encerrarnos en el «bunker», no falta quien trata de hacernos acampar al pie de la muralla con el macuto de una memoria tan atribulada que no deja escotillas abiertas para la imaginación. Porque si no es bueno desmemoriarse; es acaso tanto o más peligroso el renunciar a reinventar las soluciones y el dimitir de la posibilidad de innovar, arriesgarse e integrar nuevas voces, situaciones y compromisos.

A veces alguien me pregunta si me siento del Movimiento. Y he de hacer un largo preámbulo antes de contestar. Porque no acepto encasillarme sin valorar la carga de certidumbre que contiene cualquier intento de definición. El ministro secretario general del Movimiento ha hablado del Movimiento como «una vanguardia de posición integradora», como «convocatoria plural que haga viable el sugestivo proyecto de una España bien membrada en libre y satisfactoria convivencia». Estas palabras, desnudadas de la lírica ceremonial de la liturgia, si son capaces de llegarme al corazón, de comprometerme y de emocionar-

me. Porque su suerte no está en la lejanía de los orígenes, sino en la proximidad de las necesidades, en la tribulación de los problemas, en la fidelidad a la permanencia de las realidades más vivas y actuales.

Pienso que «el empeño de edificar una convivencia nacional cada vez más justa y comunitaria, abierta a lo político, pero abierta también en lo cultural, en lo económico y en lo -social, a una participación reflexiva, integradora y activa de los 34 millones de españoles Que no quieren autoexcluirse del futuro por la violencia o el resentimiento», constituye una llamada al cambio social, a la dinámica del reformismo, a la transformación permanente de las estructuras y el marco institucional, jurídico y administrativo. Si yo entiendo bien se formula una concepción del Movimiento menos defensiva y más innovadora, dinámica por esencia, juvenil, profundamente creativa, Y hay que aceptar este horizonte por lo que tiene de problematícidad, de realismo y de sinceridad honesta y exigente.

Nunca como hasta ahora ha estado claro el largo debate, menos incruento de lo que podría parecer porque sus víctimas no se cobran con sangre, sino con desgaste, amargor y pesadumbre, entre dos concepciones antagónicas de lo que debe ser el discurrir de la herencia activa y crítica de 3a paz. Pero si la claridad del combate dialéctico, a nivel de opinión, que el Gobierno ha permitido, hace aparecer mucho más tajantemente donde está cada quien, lo que dice y adonde quiere ir o donde quiere quedarse, no es cosa de tomarse las cosas a la tremenda y de desertar, o impacientarse, ahora que se juega la baza definitiva. Lo que hay que hacer es reivindicar la audacia de la continuidad sin abdicar del progresismo de las reformas más profundas.

Josep MELIA

 

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