Tercer trimestre en la Universidad     
 
 ABC.    06/04/1975.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

TERCER TRIMESTRE EN LA UNIVERSIDAD

Acaba de iniciarse el último trimestre del curso; un período de trascendencia plena tanto en la esfera

particular del estudiante como en la general de la enseñanza universitaria en el país.

Comienza con una Universidad, la de Valladolid, cerrada por decreto, y con algunas Facultades —

Derecho en Granada, por ejemplo— salpicadas por el país, con las puertas temporalmente clausuradas por

orden de sus rectores respectivos.

El estudiante sabe lo que se juega en las próximas semanas. Domina en la mayoría un sentido pragmático,

pero se confunden en las facciones descontentas con la marcha actual de la Universidad, motivaciones

políticas —que hoy no engañan a nadie— y motivaciones de orden académico.

Hay malestar en las aulas y fuera de ellas. Y existe una corriente que propugna el rompimiento, la huelga

general —valga la expresión— del estudiantado en su nivel superior. Una extraña huelga en la que —

como tantas veces ha ocurrido— ninguno gana y todos pierden.

El Ministerio, inflexible en el «caso Valladolid», parece decidido a volcar sus esfuerzos en la atención de

las justas reivindicaciones de los profesores no numerarios, popular y gráficamente conocidos como los P.

N. N. De entre éstos, los profesores contratados —grupo mayoritario— son los que más preocupan al

Ministerio y al país, porque su situación, absolutamente anómala —pueden ser despedidos en cualquier

momento—, ha sido fruto de no pocas tensiones, verán —en número de 1.300 sobre el total de 8.000—

desaparecer la «ene» primera de su denominación. Tras haber aprobado su oposición pasarán a ser

numerarios.

De otro lado, todo indica que se incrementará y favorecerá la participación estudiantil, que tan escasos

frutos ha dado hasta el momento. Para ello, el Ministerio habrá de estar resuelto a imponer a distintos

claustros profesionales la presencia activa de la parte estudiantil.

También debe potenciarse la, inspección de servicios, con la correspondiente vigilancia a los catedráticos

que incumplen su contrato, que no residen en el lugar donde está enclavada su Facultad y, por tanto, su

cátedra, y que no dan las horas de clase que les corresponde.

Él Ministerio parece, en suma, decidido, de cara a este tercer trimestre, iniciado por la masa estudiantil

con no poca desconfianza, a evitar todas aquellas tensiones a las que después se encuentra ana

formulación política, pero que en su germen tuvieron causas absolutamente académicas.

La mala administración y la escasa calidad de algunos elementos docentes tienen, en gran parte, culpa

deja situación actual de la Universidad española. El Ministerio tiene, en este campo, una gran tarea a

realizar. Unos pocos profesores, con su actitud recusable, contanda con el silencio de sus compañeros,

han degradado la confianza y el respeto que a todos debe el alumno.

Pero choca en esta formulación de propósitos el «caso Valladolid». Las Facultades abrirán, lógicamente,

las puertas que ahora mantienen cerradas, pero la Universidad vallisoletana no debiera ser la excepción.

De la actitud del Ministerio y de cómo respondan los claustros a su. llamamiento depende que los

estudiantes —toda una generación de ellos— no desaprovechen el curso pensando; que no vale la pena

continuar, mis cerca de la indiferencia que del miedo.

 

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