Autor: Terán Troyano, Manuel de. 
   Educación institucionalizada y educación ambiental     
 
 Informaciones.     Páginas: 1. Párrafos: 17. 

EDUCACIÓN INSTITUCIONALIZADA Y EDUCACIÓN AMBIENTAL

Por Manuel DE TERAN TROYANO

EL término «educación» se suele utilizar para designar las acciones que intencionadamente ejerce una

sociedad sobre sus miembros más jóvenes para transmitirles sus saberes, sus tradiciones, sus costumbres

y sus valores; es decir, a un conjunto de acciones intencionadas, sistematizadas, ordenadas según un fin y

ejercidas de una manera consciente. De esta forma se ha tendido a concebir la actividad educativa casi

exclusivamente en relación con las escuelas, basta el punto de que la identificación de la educación con la

escuela ha sido absoluta.

Sin embargo, esta interpretación del término, si no errónea, si es, al menos, limitada y restringida; paralela

y simultáneamente con este tipo de educación, de estas acciones intencionadas que recibe el individuo,

existen otras que se derivan y están constituidas por el propio ambiente, por los factores, fenómenos y

elementos que actúan e inciden sobre el hombre por el solo hecho de formar parte de una colectividad,

que lo van configurando sin unas estructuras y sin una intencionalidad determinada. Es la educación que

se ha llamado ambiental, asistemática, informal o cósmica. Con las realidades de la misma nos

encontramos a diario; toda nuestra manera de ser es el resultado de un permanente contacto de nuestra

interioridad subjetiva con las influencias exteriores ante las que respondemos de una determinada manera

y a las cuales debemos en una gran parte ser como somos.

En las sociedades primitivas, en las que la civilización a transmitir es reducida y con valores muy

estables, la educación de los jóvenes, su preparación para la vida, se realiza por la propia familia y por la

colectividad; la primera actúa en la formación del carácter y en la transmisión de los conocimientos

básicos para subsistir (generalmente agricultura y caza) y la acción de la comunidad en transmisión de los

juegos, costumbres, ritos, que se producen de una manera continua y asistémática en el transcurso de los

días. En estas sociedades la integración de la familia y de la sociedad es total y su acción suficiente para

producir la preparación para la vida.

£1 incremento constante de los contenidos del saber, de los problemas y ¿e las actividades

correspondientes a las tareas de la formación del hombre, determinaron que no pudieran quedar reducidas

a la familia y a la acción, difusa de la colectividad. Como consecuencia nacen las escuelas y las

instituciones formales de educación en las que de una manera sistemática e intencionada se imparte todo

aquello que la sociedad trata de transmitir.

El modelo educativo que ha informado toda la educación y ha constituido durante siglos el fundamento de

la enseñanza en Occidente, tomado de los modelos griego y romano, ha sido una escuela dedicada a niños

y jóvenes de las clases superiores, cuyo objetivo era formar una personalidad armoniosa según unos

cánones y unos valores que constituían un todo claramente definido. Esta educación, formada a lo largo

de los siglos, la mantenían la escuela y la familia; durante siglos la educación ha estado reservada y en

manos de estas dos comunidades que en general han estado de acuerdo en sus aspiraciones. Entre ambas

han protegido los valores que creían necesarios, entre ambas han seleccionado o han aceptado

mutuamente las materias, los saberes, los comportamientos, y al estar aislados, o al tener poca fuerza y

poca influencia el ambiente, no les ha sido difícil mantenerlos.

Mientras esta situación, muy constante a lo largo de siglos, se ha mantenido, la educación ha sido un

proceso fácil para ambas.

Pero en los últimos años se h» producido un cambio del que todavía no todos son conscientes; lo que

durante tanto tiempo ha estado reservado a la familia y a la escuela, muy especialmente a esta última, se

ha visto invadido y asaltado por fuerzas externas y ajenas a ellas, por las fuerzas del propio ambiente, por

la influencia sobre todos y cada uno de nosotros del resto de la colectividad, e incluso, dadas las

facilidades de comunicación actual, de toda la Humanidad.

La educación de hoy no depende exclusivamente de la familia y de las instituciones educativas, ni se

realiza del todo en ellas; como algún auutor ha escrito, «se han derribado los muros de las aulas» y se

produce una gran interferencia entre lo que ocurre dentro y lo que tiene lugar fuera de las mismas.

Los medios de comunicación que hoy actúan sobre nosotros (revistas, películas, televisión, anuncios, etc.)

son tan numerosos y tienen tal capacidad de persuasión que están desplazando y reduciendo a un segundo

lugar a las estructuras y medios consagrados explícitamente a la educación: el tradicional ejemplo del

maestro, el libro de texto, las explicaciones del profesor, pierden terreno ante los nuevos medios; la

acción de la educación o la comunicación informal es cada vez más amplia y tiene cada vez más

influencia sobre el hombre haciendo perder terreno a la influencia del núcleo formal que constituye la

escuela.

Es evidente que el núcleo de los educadores tradicionales, padres y profesores no constituye el grupo más

importante; una gran parte de la enseñanza está teniendo lugar fuera de estos núcleos. La cantidad de

información, y en muchos casos la calidad de la misma, superan en gran medida lo comunicado por la

instrucción formal.

Todas estas influencias educativas que se manifiestan alrededor de nosotros requieren y exigen la urgente

necesidad da conocerlas, apoyarlas o combatirlas, de acogerlas o rechazarlas.

Los que se ocupan de las actividades educativas deberán asumir las responsabilidades que se derivan de

todo ello, que antes no existían o que se resolvían automáticamente en el seno de la propia sociedad.

Los intentos que han tenido lugar de ampliación de las actividades de las instituciones escolares para

acoger en sus programas y planes todo este amplio panorama exterior y para integrar en su «curriculum"

estas tendencias han sido intentos bienintencionados, pero limitados y de escasos resultados. En las

instituciones escolares, suficiente y abundantemente preocupadas y ocupadas en la incorporación de

nuevas materias, de nuevos métodos, de conocer, asimilar y orientar los comportamientos de la juventud,

no pueden tener cabida más actividades.

La educación de hoy es compleja, plural y multiforme; complejas, plurales y multiformes deben ser las

instituciones que la afronten, la escuela tradicional no basta por sí misma. Tienen que ser nuevos órganos

educativos, promovidos, impulsados desde el poder público y, como respuesta a una opinión general y

colectiva, los que se hagan cargo de ello y ayuden a los jóvenes en ese recorrido que deben realizar en el

mundo de hoy.

Lo que en otro momento ha sido un dominio reducido, tiene que llegar a ser dominio de todos, hecho y

mantenido por cooperación entre todos. En la situación actual no hay ni puede haber educación completa

para nuestra infancia y juventud (ni la familia ni las actuales instituciones docentes podrán resolverlo) si

el tema no toma dimensión nacional, si no llega a convertirse en una conciencia nacional, en un estado de

opinión que cree el fermento para que florezcan nuevas iniciativas.

Es preciso tomar conciencia de que la educación no es hoy un problema de minorías ni que su

responsabilidad corresponde a unos pocos; es un problema público, un problema de todos, que entre todos

hay que resolver.

La conciencia de que el futuro de la civilización y de los hombres depende en uija grandísima medida de

lo que éstos en sus edades tempranas estén recibiendo, y la disposición para afrontar de lleno la

responsabilidad y el compromiso para dar a las jóvenes generaciones lo que es necesario, será un síntoma

de que una sociedad ha llegado a su madurez.

 

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