Autor: Terán Troyano, Manuel de. 
   El costo de la educación     
 
 Informaciones.    16/11/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Diario: INFORMACIONES Madrid 16-XI-74

EL COSTO DE LA EDUCACIÓN

Por Manuel DE TERAN TROYANO

EDUCACIÓN y economía son dos instituiciones que en cualquier sociedad están estrechamente

relacionadas; los temas económicos siempre han estado, más o menos patentemente, relacionados y

presentes en la educación, pero ha sido en épocas muy recientes cuando esta relación se ha puesto en

evidencia con toda su realidad.

El sistema educativo de un país, en los últimos quince años, ha llegado a tener tal volumen y tal

complejidad que se ha convertido en una de las mayores, si no en la mayor, de las empresas nacionales,

tanto por el número de personas que en ella y para ella trabajan, sino también porque cada vez se le

reconocen tareas más amplias y complejas.

Como consecuencia de ello y como cabía esperar, la educación está exigiendo para sí y está absorbiendo

presupuestos cada vez más elevados; este solo dato puede resultar significativo: el presupuesto destinado

a la educación ocupa el segundo lugar en los gastos públicos mundiales, solamente superado por los

gastos de defensa y militares. El crecimiento del presupuesto de educación ha sido espectacular en los

últimos diez años y ello no sólo en cifras absolutas, lo cual no llegaría a medir la realidad, puesto que el

presupuesto nacional bruto de todos los países ha aumentado, sino también en porcentajes del mismo.

No obstante este espectacular incremento de las cantidades destinadas a la educación, los gastos de la

misma han llegado a ser de tal magnitud que cualquier cantidad asignada no llega a cubrirlos y sigue

siendo insuficiente para atender todas las necesidades del sector.

Este incremento de los gastos viene determinado en primer lugar por el aumento de puestos escolares que

todos los países se están viendo obligados a realizar para responder y satisfacer a la enorme demanda de

educación que se extiende por todo el mundo. La segunda de las causas reside en el inevitable aumento de

las retribuciones del personal dedicado a la actividad docente, y en tercer lugar, aunque este capítulo

resulta despreciable comparativamente con los anteriores, por una mejoría de los medios materiales y por

ligerísimos capítulos dedicados a la investigación educativa.

El problema tal como se plantea es grave; la educación necesita más dinero y, sin embargo, su

presupuesto ha llegado a un nivel que hace muy difícil seguir incrementándolo; la educación ha de

compartir los recursos disponibles en el país con otras muchas actividades que consumen presupuestos

crecientes, como las obras públicas, la vivienda, etc.

La mayor dificultad del problema estriba en que los gastos aumentan inevitablemente aunque no se

aumente la capacidad del sistema, aunque no se satisfaga la demanda ni se invierta en mejoras del

sistema; es decir, que los costes de la educación seguirán aumentando aunque no se creen nuevos puestos

escolares, aunque no se Invierta en mejoras, ni en investigación, ni en planificación, simplemente para

mantener todo tal y como estaba el año anterior. La razón evidente es la del aumento de los costes de los

enseñantes, aunque a pesar de ello siguen en general por debajo de los del personal que con igual

titulación trabaja en otra actividad. Este aumento progresivo constituye una tendencia universal y

generalizada que no parece que pueda ni deba detenerse, pues para retener un personal docente de calidad

habrá que mantener una equivalencia de salarios con relación a los que perciban otros, e incluso creemos

que deberán superarse, pues las dificultades que hoy entraña la actividad educativa retraen de dedicarse y

permanecer en ella a una gran parte del personal calificado que le convendría obsorber. Es evidente que si

a la educación se le da la Importancia que hoy quiere dársele y que tiene para las sociedades modernas es

previsible que tenga que ofrecer mejores retribuciones y entrar en competencia con otras actividades. «Si

la educación debe rendir un buen servicio a los demás consumidores de mano de obra, y mejor en cada

generación, debe retener constantemente para sí lo mejor de su producto, para reproducir más tarde una

buena cosecha» (1).

Como nada induce a pensar que este aumento de gastos vaya a detenerse, los costes por estudiante

seguirán en aumento; nos encontramos así con que la educación se plantea como una actividad de costes

crecientes, es decir, y en términos de economía, que el mismo producto (el estudiante) costará cada vez

más el producirlo, y que el sistema general necesitará cada vez más dinero para llegar a los mismos

resultados.

El problema, como antes decíamos, es grave hasta el punto de que constituye uno de los argumentos

básicos del pesimismo de algunos autores que proclaman la inviabilidad de los sistemas educativos

actuales y su necesaria y absoluta transformación. En cualquier caso, y sin llegar a pesimismos

exagerados, la realidad es que el problema no ha encontrado todavía su solución.

Por parte de los docentes y de todos los que se ocupan de la educación es necesario el nacimiento de un

espíritu innovador que les lleve a buscar nuevos sistemas y nuevos métodos que permitan un mayor

rendimiento y una mayor productividad. El estamento docente, demostrando que conoce sus problemas y

poniéndose a la cabeza del cambio, debe investigar y reconocer las limitaciones de su actual actividad y

proponerse, en intento serio e imaginativo, encontrar nuevos medios, nuevos sistemas, nuevos métodos,

nuevas actividades que tiendan a hacer más productiva y rentable su labor sin pérdida de la esencia de la

tarea pedagógica.

Pero a quien auténticamente corresponde entrar en la resolución del problema es a los políticos y

gobernantes, no sólo los contenidos y la orientación general, sino también los presupuestos dedicados a la

educación constituyen en esencia un problema de opción y de decisión política, en cuanto revelan a qué

sectores de la actividad de la nación se quiere dar prioridad y en cuanto a qué determinan el papel que en

él van a jugar las inversiones públicas y las privadas. Paralelamente al tema de las inversiones es preciso

estudiar el no menos importante da los gastos, para poder llegar a la utilización óptima de los recursos

disponibles, y para lo cual los sistemas educativos tendrán que agilizar y modernizar sus estructuras,

introduciendo las ciencias y los métodos que están danto tanto resultado en otros sectores. Como señalaba

el subdirector general de la UNESCO, doctor Malcolm Adiseshiah, «encontramos en la educación una

tecnología entediluviana que no sobreviría un solo instante en cualquier otro sector económico» (2).

Estudio riguroso de la actual ciencia de la educación que se abre plural y multiforme, relacionándose con

muchas ramas distintas del saber del hombre actual y de las actividades de las sociedades; planificación

basada en la realidad y en la prospectiva científica, imaginación y audacia para crear nuevos sistemas,

modernización y organización de las estructuras que rigen el sistema educativo; estos son aspectos que se

requieren para salvar el presente escollo económico con que se encuentra la educación.

En tanto no se resuelva, todos los países y todos los ciudadanos deben saber que el costo de la educación

de sus miembros jóvenes y de sus hijos seguirá aumentando y llegará a constituir el más importante y

gravoso de los capítulos de la economía nacional y familiar.

(1) Philip H. Coombs. «La crisis mundial de la educación». Ediciones Península. 1971.

(2) Malcolm Adiseshiah. «Education and National Development». Unesco cronicle-XIII-2. 1967.

 

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