Autor: Terán Troyano, Manuel de. 
   Macroeducación y microeducación     
 
 Informaciones.    27/11/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

"MACROEDUCACION" Y "MICROEDUCACION"

Tor Manuel DE TERAN TROYANO

POR paralelismo con los términos de «macroeconomia» y «microeconomía», el profesor ,de la

Universidad de California George P. Kneller ha utilizado los términos de «macroeducación» y

«microeducación», refiriendo el primero a la educación a escala nacional y el segundo a los aspectos de la

educación que se desarrolla a nivel individual.

Estes términos nos ayudan a aclarar los diversos conceptos que se engloban hoy dentro de la educación,

que de ser considerada como sinónimo de desarrollo y enriquecimiento personal, y de ser realizada en y

por grupos reducidos y bastante homogéneos, ha pasado a ser considerada como un tema de gran

dificultad, de excepcional importancia, y como tal, a ocupar un primer plano en la economía de todos los

países y en la política de todos los Gobiernos.

La educación no es hoy solamente el campo de acción de los pedagogos, sino que por ella se interesar: los

políticos, sociólogos, economistas, etc., que la Interpretan como una inversión, como un factor del

desarrollo económico y social, como creadora de recursos humanos y están interesados por Ja

productividad y rendimiento del sistema y por su adaptación a las necesidades de la sociedad. Los

múltiples, difíciles y desafiantes problemas que plantea hoy la educación atraen la atención fie ciencias y

sectores tradicionalmente ajenos a esta actividad y que la contemplan desde perspectivas muy distintas a

las tradicionales.

El cambio operado por la concurrencia de todas estas posturas no puede dejar de reconocerse como

altamente positivo y en él se encierran muchos y grandes valores; esencialmente ha venido a sacar a la

educación de un sistema arcaizante, cuyas consecuencias más manifiestas son la ruptura con la realidad y

la disfunción cada vez mayor entre el sistema y las necesidades reales a las que tenia que atender. No

podía ocurrir de otra forma; la educación es una función de realidades y la nuestra es una realidad

dominada por los problemas económicos sociales y técnicos.

No obstante, con la necesaria aceptación y el reconocimiento de todo lo positivo que el cambio implica,

es necesario conocer también los riesgos que lleva consigo, riesgos que muy especialmente los

educadores y pedagogos deben tener presentes, y que se derivan de hacer prevalecer determinados

enfoques y planteamientos que lleguen a oscurecer o incluso anular a otros; es decir, que la tensión de

equilibrio que debe producirse entre los polos «macroeducación» y «microeducación» se desplace en el

sentido de la primera con perjuicio para todo aquello que ha sido, y sigue siendo, inherente y necesario

para el desarrollo del individuo y que no siempre tiene que coincidir con lo que es necesario y

conveniente para el desarrollo de la asociedad.

Desde el punto de vista de la «macroeducación», las miras y los objetivos no apuntan tanto a los

contenidos, a la calidad, al fondo mismo de la educación cuanto a la cantidad de educación, mejor

podríamos decir de instrucción, que es necesario y posible impartir para que el país progrese; los

Gobiernos están más preocupados y, como consecuencia, las políticas educativas que establecen tienden

más a satisfacer la demanda de educación, a adecuar las salidas del sistema a la demanda ocupacional y a

las necesidades de la sociedad, a hacer más productivo y rentable el sistema; están, como es razonable,

más preocupados por los problemas económicos y sociales de la educación que por el fondo y la calidad

de la misma.

La educación como inversión inseparable del desarrollo económico de un pueblo es actualmente un

concepto ligado a la política de todo Gobierno, hasta el punto de que un sistema educativo no se mide por

su calidad, sino por la cantidad de educación que es capaz de impartir y por los recursos económicos y

financieros que se ponen a su disposición. No importa tanto el desarrollo personal de cada individuo,

cuanto que el sistema absorba el mayor número posible de ellos, asi como la rentabilidad que un gran

número de individuos con un determinado grado de instrucción puede aportar a la sociedad.

Desde la perspectiva de la «microeducación», de la educación a nivel del individuo, que se desenvuelve

en un ambiente reducido y limitado y que se ejecuta por medio de unos ambientes y unas personas

determinadas, el problema es muy distinto.

El educador a cualquier nivel, que como tal, como miembro de una profesión, es ajeno a los problemas de

la economía, de la sociología, de los derivados del desarrollo, que su misión es hacer con todos y cada

uno de sus alumnos lo mejor que pueda con los medios que se ponen a su disposición y dentro de lo que

la sociedad le exige y le marca, se encuentra muy condicionado por la «macroeducación», sus problemas

derivados y las soluciones que se les hayan dado o se les estén dando. Al estar todo el proceso educativo

regido por criterios económicos y de rentabilidad, existen limitaciones de tiempo, de medios, de

posibilidades de dedicación a cada individuo que pueden interferir la acción educativa; el desarrollo del

individuo en muchas ocasiones está reñido con la prisa; las diferencias de maduración de los individuos

son muy diversas y no es fácil someterlas y regularlas a períodos de duración, limitada; los caminos y los

medios por los que un alumno puede llegar a su madurez son muchos y muy diversos, y por ello los

planes de trabajo deben englobar un gran número de actividades diversas paz a que cada cual encuentre el

camino que más le convenga, aunque esto está reñido con la economía; la ampliación del número de

personas que hoy estudian está poniendo de manifiesto, con más intensidad que nunca, las diferencias de

aptitud, de cultura y de intereses que existen entre los individuos; a las instituciones de educación y a los

educadores se les pide que hagan de todos unos buenos estudiantes y los lleven a una perfecta formación

que desemboque en que todos sean «universitarios», cuando, evidentemente, no todos pueden serlo; el

educador se encuentra con mucha frecuencia en la angustiosa imposibilidad de orientar a los estudiantes

hacia otras actividades más acordes con sus posibilidades e intereses, ya que la sociedad de nuestro país

es especialmente pobre en vías y caminos que no sean los tradicionales y especialmente contumaz en

mantener unas valoraciones y unos estamentos de trabajo que se están quedando muy anticuados.

Y es que una política educativa no puede quedarse sólo en impartir unas directrices económicas, técnicas

y sociológicas, en arbitrar y distribuir los medios materiales y los recursos económicos; se requiere

también >jue imparta unas directrices ideológicas claras, que se comprometa en una dirección y aclare lo

que con sus ciudadanos futuros se está pretendiendo hacer y hacia dónde s´e les quiere llevar. Para las

instituciones educativas y para los educadores, repetimos, como tales ajenos a los problemas de la

«macroeducación», obligados y comprometidos en su acción diaria con sus alumnos, es necesario conocer

para qué se están preparando y hacia dónde caminan; es necesario que puedan enfrentarse con el sentido

profundo de la educación, de sus finalidades y de los objetivos de todo tipo a los que debe servir.

Es verdad que la educación, el sistema educativo, debe servir a los nuevos planteamientos que de ella se

están haciendo; es verdad que es una inversión, que contribuye al desarrollo económico, que es un factor

de cohesión social, etc., pero también es verdad que sirve y debe seguir sirviendo a su fin esencial, a

intentar producir un hombre que de generación en generación represente un tipo humano más acabado y

perfecto.

Porque de la educación del pasado hayan estado ausentes los problemas de política, económicos, técnicos

y sociológicos, a los que hoy nos damos cuenta que deben servir y estar presentes en todos sus

planteamientos, porque la educación del´ pasado haya estado excesivamente cargada de conceptos

filosóficos, espirituales y humanísticos, no debe pasarse al extremo opuesto de negarlos o al menos

dejarlos en el olvido; la educación se enriquecerá como ciencia y como actividad práctica cuando sepa

conjuntarlos e integrarlos a todos, no cuando sustituya a unos para dar valor a otros. En definitiva, cuando

encuentre el equilibrio y atienda por igual a los problemas que se le plantean desde la «macro» y desda la

«microeducación».

 

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