Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   A mi amigo don Raúl Morodo     
 
 ABC.    02/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

APUNTE POLÍTICO

A mi amigo don Raúl Morodo

Por J. M. RUIZ GALLARDON

Siento desde hace años admiración por don Raúl Morodo. Me parece inteligente, avispado y con cultura.

No participo de sus ideas políticas, no soy socialista y creo que el marxismo conduciría, a España a la

ruina.

Dicho lo anterior, me parece honestísima su afirmación de que «si los dirigentes socialistas no logramos

la unidad, debemos dimitir.» Tan honesta como contradictoria son sus conocidas tesis en apoyo del

sistema de elección proporcional. Porque es claro, con toda claridad, que la proporcionalidad electoral

fomenta la multiplicación de grupos y grupitos políticos. Pero yo me permitiría hacer al señor Morodo

una segunda consideración. Esta ¿no cree el ilustre profesor de Derecho Político que en lo que el llama

momento predemocrático espanol es casi insuperable la dificultad que comporta explicar al electorado

que es y en qué consiste y como se vota a una «lista o qué se hace con los «restos", o por que razón

conviene o no que las tales listas estén bloqueadas y cerradas?

Si todo ello es de difícil expliración, aun para técnicos, no opina que la exigencia de la oposición, de la

que el «P. S. P.» —su partido—es cabeza pensante muy distinguida, fue cuando menos prematura?

Pienso, para mis adentros, que son ya muchos los ayer partidarios del sistema proporcional que están

dejando de serlo. Y no sólo en la oposición. También en el Gobierno.

No. No es lícito acusar a éste, como lo hace el señor Morodo, de «haber provocada la confusión», pues en

ese viaje los primeros en exigir el sistema más confuso han sido los militantes de la oposición misma.

Con todo, ahora clama por la «unidad» de la izquierda. Está en su derecho. Pero si nos dirigimos al resto

del país, ¿no le parecerá mal al señor Morodo que muchos pidamos cuanto antes la unidad de la derecha?

Lo diré una vez más: España no será un país plenamente normalizado mientras no se estructure el

electorado en poquísimas opciones y éstas sean muy claras.

Quizá, lo que ocurre es que el idealismo que el señor Morodo suponía en la izquierda haya quedado

pulverizado por los personalismos de sus líderes. Pero eso había que verlo desde el principio, y no ahora,

descargando truenos sobre el Gobierno, al que acusa injustamente de «corromper, dividir y confundir».—

J. M. R G.

 

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