La respuesta del ministro de hacienda     
 
 ABC.    20/12/1974.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. VIERNES 20 DE DICIEMBRE DE 1974. PAG. 30.

LA RESPUESTA DEL MINISTRO DE HACIENDA

En su intervención ante el Pleno de las Cortes Españolas, el vicepresidente segundo del Gobierno y

ministro de Hacienda ha hablado «en román paladino, en el cual suele el pueblo fablar a su vecino», como

él mismo dijo parafraseando al viejo y clásico poeta. El ambiente y la ocasión eran oportunos para ex-

plicar al pais cuál es nuestra situación real en el comprometido campo de la economía. No hace muchos

días, el señor Cabello de Alba se dirigía a un nutrido grupo de parlamentarios —la Comisión de

Presupuestos de la Cámara— prometiendo que ante el Pleno daría cumplida respuesta a interrogantes

fundamentales planteados por todos y cada uno de los españoles. «Necesitamos —subrayó ayer el

ministro— que el hombre de la calle, el no iniciado, Juan Español, pueda comprender dónde estamos; qué

es lo que va mal y por qué; cuáles son nuestras dificultades; cuáles son también nuestras oportunidades;

qué alternativas se nos ofrecen; cuál es la justificación de los sacrificios que puedan solicitársele; dónde la

actitud animosa se convierte en triunfalismo perturbador, y dónde, en cambio, la preocupación prudente

deja paso al pesimismo tenebroso y sin fundamento.»

El ministro de Hacienda, que en sus primeras palabras aludió al programa trazado ante las Cortes por el

presidente Arias y a la labor coherente y de equipo del Gobierno, fue orador que se ciñó al tema. Dada la

trascendencia de las cuestiones abordadas es de agradecer esta actitud del señor Cabello de Alba de

manifestarse con absoluta claridad, con realismo; diríamos, con crudeza. A la luz que arrojan sus palabras

la situación parece difícil; pero no desesperada. Los pronósticos sombríos, pesimistas, hay que

desecharlos porque España posee un rico potencial de activos y, sobre todo, una firme voluntad de

superar los obstáculos que se levanten en el camino de su progreso económico y social.

El punto de partida de 1975 no es demasiado alentador. La actividad económica cierra el actual ciclo con

cierta debilidad y esta tendencia es la que sirve de línea de arranque. Se suman otros factores, tales como

el desequilibrio presupuestario y el del sector exterior, consecuencias de la línea política adoptada en

1974 para absorber, en la medida de lo posible, la crisis del petróleo y de las materias primas, y suavizar

sus efectos sobre los precios y los costes internos. Los resultados del año que ahora termina no han sido

peores merced a estas actitudes, pero esa conducta, posible a corto plazo, es inviable a plazo medio y

largo.

De cara al nuevo ejercicio, el señor Cabello de Alba ha señalado unos objetivos prioritarios y unas

acciones de inmediata ejecución, que responden en buena medida a las «correcciones sobre la marcha»

que anunciara con ocasión de su toma de posesión.

«De lo que se trata no es de resolver radicalmente todos los problemas con los que nos enfrentamos, sino

de alcanzar el bien posible, consistente en combinar una tasa de desarrollo aceptable con un nivel de

ocupación próximo al pleno empleo, pagando por ese objetivo alzas de precios menos intensas que las

actuales e incurriendo sólo en déficit que sean soportables por la balanza de pagos», dijo ayer el ministro

de Hacienda.

Se trata de un cuadro de objetivos coherentes no sólo con nuestras necesidades, sino también con los

recursos disponibles para hacerlos cumplir. ¿Qué instrumentos y medidas se ponen al servicio de esta

política económica enunciada en las Cortes por el ministro de Hacienda? Trataremos de continuar.

 

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