Autor: Prieto, Martín. 
   ¿Vamos a perder la Segunda Guerra Mundial?     
 
 Informaciones.    22/04/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

¿VAMOS A PERDER LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL?

Por Martín PRIETO

ESPAÑA va a perder la segunda guerra mundial. Aunque, afortunadamente, los españoles vamos a perderla como Italia acostumbra a perder sus guerras: del lado de los vencedores.

Mejor cortadas y más cultas —y hasta más informadas— plumas que la mía han escrito ampliamente en las últimas semanas acerca de nuestro futuro institucional, o, sí se prefiere, de la transición institucional. Dupuy de Lome, en un reciente dominical de «A B C». Rafael Arias-Salgado, hace muy pocos días en estas mismas páginas. Aquél propone un programa institucional en el que las asociaciones políticas (ese convidado de piedra de la política española) no tendrían acceso ni siquiera a las Cortes. Este, dándole vueltas a los pros y los contras de un Jefe del Estado mayestático, y desmenuzando esforzados análisis de Fernández Carvajal, Herrero de Miñón o Jorge de Esteban y su equipo.

Me descubro ante la discreción de nuestros más serios escritores políticos o políticos escritores, y a ella atribuyo lo prolijo, críptico y doctoral de sus escritos. Creo sinceramente que temen entrar como caballo en cacharrería de loza fina. Dios se lo pague. Pero mientras lo que sostienen en privado no puedan escribirlo públicamente, estaremos malgastando buena parte de nuestros tanques de pensamiento. Porque insisto en que estamos a punto de perder la segunda guerra mundial. Y eso es lo que se debe evitar.

Quienes no tienen miedo alguno a entrar por derecho en la cacharrería española son los estudiosos extranjeros de la más inmediata realidad del país, los expertos en Información de las compañías multinacionales o el Departamento de Estado norteamericano. Antes de Semana Santa, un equipo del Business International entrevistó al presidente Arias Navarro y a siete de sus ministros. ¿Conviene o no conviene que las grandes multinacionales apuesten por la futura estabilidad del sistema? Business no se anduvo por las ramas. Las respuestas del Gobierno se ignoran. Las preguntas de Business, no. ¿Se va a nombrar otro Rey? ¿Se reconocerá e! derecho de sucesión al infante don Felipe? ¿Se reconocerá el derecho de huelga? ¿Qué fuerza tiene la oposición? ¿Cómo se van a resolver jos problemas regionales?

¿Y a qué conclusiones llega el servicio de información confidencial de las multinacionales, o el mismo Departamento de Estado? Pues ni más ni menos que el principal problema español radica en que no contamos a corto plazo con un Alcides de Gásperi; el hombre providencial que desde las cárceles fascistas o su exilio Vaticano salvó Italia para la democracia, y no sólo para la democracia cristiana.

¿Ruiz-Giménez? No. Se le tiene por gastado en las computadoras de Business, en las del futurólogo Kermann Khan, en las de la escuela diplomática de los jesuítas estadounidenses, en las del Departamento de Estado U. S. A. (que acaba de llamar a consulta a Stanley G. Payne y a Juan Linz) y en los estudios prospectivos de todos los órganos gubernamentales o particulares que con fruición se dan a desmenuzar la futurología Institucional de este país.

La conclusión principal de todos los que miran con lupa nuestros pasos hacia el futuro inmediato es que vamos a perder la segunda guerra mundial. Y como es natural, ni Business ni el Departamento de Estado U. S. A. se alarman por ello. Aunque no tengamos un De Gásperi, se nos proveerá de un plan Marshall solapado —inversiones de choque— y de una cobertura militar protectora a cargo de la O. T. A. N. (si al fin se logra nuestro Ingreso en la Alianza), o, en el peor de los casos, a cargo de las tropas estadounidenses acantonadas en España. La conclusión de las prospectivas extranjeras sobre el futuro español es positivo-negativa. Se desearía una salida a la italiana, en la que no se tienen excesivas esperanzas. Pero si ésta falla, ahí está la utilidad comprobada de una salida a la griega (de múltiples variantes), que está dando óptimos resultados para el bloque occidental.

El caso es que desde fuera los intereses inversores y los intereses estratégico-políticos están menos interesados en el desarrollo de la democracia orgánica o en el asocíacionismo político, o en el Jefe de Estado mayestático, o en cualquiera de las disquisiciones político-semánticas de nuestros pensadores políticos, que en su seguridad de que España va a perder la segunda guerra mundial y necesitará —como la Europa occidental del 44— de la asistencia económico-militar de los vencedores. Casi de su tutela. Y es una pena perder una guerra a los cuarenta años de firmada la paz y sin haber tomado parte en ella.

Especialmente cuando en el interior no nos faltan ni alternativas políticas no catastrofistas ni líderes, aunque no sean De Gásperi.

Y en tanto, mientras a nuestras espaldas o con nuestro consentimiento tácito, se prepara y define el futuro económico-politico-estratégico del país, aquí, quien tiene algo que decir y cuenta con algún respaldo popular, se moviliza pisando huevos, analizando el haz y el envés de unas cuestiones Institucionales que serían importantísimas si no incurriéramos en el inmediato riesgo de perder la segunda guerra mundial.

 

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