La conferencia del ministro español     
 
 ABC.    24/03/1961.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC VIERNES 24 DE MARZO DE 1961. EDICION DE LA MAÑANA. PAG. 40

LA CONFERENCIA DEL MINISTRO ESPAÑOL

Zurich 23. Invitado por la Sociedad fie Economía Política, el ministro español de Comercio, Sr. Ullastres,

pronunció anoche una conferencia en el aula magna de la universidad.

Después de ser presentado al auditorio por el profesor Marchand, el Sr. Ullastres comenzó su conferencia

—que pronunció en francés—diciendo que deseaba explicar ante auditorio tan calificado ese extraño pero

apasionante fenómeno que es la política económica española, fenómeno tan poco conocido—dijo—y tan

mal comprendido. Comenzó por trazar un amplio cuadro del pasado económico de España, desde la

segunda mitad del último siglo hasta la guerra de liberación.

"Desde el punto de vista económico —añadió—España vivía alegre y confiada. La libertad económica era

absoluta, las tarifas aduaneras eran muy bajas, no existían contingentes para la importación ni control" de

cambios ni limitación a las inversiones extranjeras. Todas las características de una, economía clásica y

ortodoxa se daban, pues, en la España de entonces. Pero, sin ser lo que ahora se llama un país

subdesarrollado—pues poseíamos ya una industria de cierta consideración—el ritmo de crecimiento

industrial de la nación era muy pequeño, por lo que la diferencia existente entre la renta nacional "per

capita" de España y la de los países extranjeros más desarrollados, lejos de disminuir, aumentaba.

"En esta situación surgió la guerra, que había de dejar al país destrozado económicamente y exhaustas

todas sus fuentes de riqueza. Es una teoría económica clásica aquella que afirma que un país

devastado por la guerra no puede recuperarse y reconstruirse sin ayuda exterior. España no recibió esa

ayuda. Los españoles tuvimos que afrontar, sin auxilio de nadie, una situación terrible, en la que era

necesario no solamente recuperar el nivel económico anterior a 1936, sino superarlo, como cansecuencia

del crecimiento demográfico del país.En estas condiciones, no pudimos aplicar al problema ni la solución

clásica de plena libertad-económica ni la solución de una economía planificada rígidamente al estilo

marxista. La solución constituyó una fórmula empírica, en cuya base estaba un proceso de

industrialización del país que compensara la pobreza de rendimiento de nuestra agricultura, hasta

entonces base de la economía española. El esfuerzo fue gigantesco: sin ayuda de nadie, nos vimos

obligados a sustituir la importación de bienes de consumo por unas instalaciones industriales que

obligaron a forzar la inversión a toda costa. El precio de todo ello fue la inflación. Pero también todo ello

constituyó la base de nuestra industrialización actual y de la recuperación del nivel económico de 1936,

recuperación que a partir de 1951 se convirtió en una elevación rapidísima de los índices de producción

industrial. Naturalmente, de ello se resintió nuestra balanza de pagos, cuyo déficit pudo haber llagado a

ser insostenible en poco tiempo si no se hubiese dado una situación análoga en el resto del mundo,

convaleciente a su vez de los estragos de la segunda guerra mundial. Ello nos permitió retrasar la

amenaza. Pero llegó diciembre de 1958, con la entrada en vigor del Tratado de Roma y del paso a la

convertibilidad de casi todas las monedas europeas. Siendo España, como es, parte integrante de Europa y

del mundo occidental, aquel momento marcaba el fin de una posibilidad de política económica. Nuestro

desarrollo exigía, a partir de ese momento, otros objetivos y otros sistemas. El Plan de estabilización ha

sido la preparación para una nueva "etapa."

Después de señalar los dos objetivos simultáneos del Plan: la estabilización en si misma y la restauración

y revisión de la economía española, que hasta ese momento había crecido de forma un poco anárquica,

con una industria que a veces estaba muy atomizada, con baja productividad y alto coste, el Sr, Ullastres

analizó detenidamente los problemas que trajo consigo la puesta en marcha del Plan.

Abordando el problema de la posible integración de España en uno de los grandes grupos económicos

europeos (Mercado Común y Zona Europea de Libre Comercio) , el Sr,. Ullastres afirmó que en España

existe ya una base financiera sana y una mentalidad empresarial apta para una integración. A

continuación el ministro de Comercio analizó detenidamente los problemas que plantea la integración, no

sólo a España, sino a oíros países europeos y extraeuropeos en vías de desarrollo. Esta parte de la

conferencia del ministro español constituyó una lección no sólo de conocimiento teórico, sino de los

aspectos prácticos del problema.Señaló los peligros de la integración en algunos ángulos, preguntándose

si realmente los capitales de los países altamente desarrollados vendrán a invertirlos en los países en vías

de desarrollo, citando a este respecto el caso de Italia, cuya unificación en el siglo pasado no resolvió, al

integrarse el "mezzogiorno" en el mismo complejo que las ricas regiones del norte, el grave problema del

sur del país.

Resumiendo la posición español» ante el problema de la integración, dijo el señor Ullastres que hay que

prepararse para ella y que el dilema era nuestro ingreso en el Mercado Comían o en la Zona de Libre

Comercio. Ante este, dilema caben varias soluciones: ó bien esperar a que ambos grupos se unan entre sí,

o bien integrarse en uno de ellos totalmente o. a través de una cierta forma de asociación. En cualquier

caso, para España, existe el problema de sus relaciones con Hispanoamérica. "Siendo como somos

europeos no podemos abandonar un mundo al que estamos ligados profundamente, y esto ha de ser

compatible con nuestra integración en uno de los grupos. El caso de Inglaterra respecto a la

Commonwealth puede servirnos de ejemplo para, hallar una solución a este aspecto del caso. De

cualquier forma—prosiguió el señor Ullastres—, España es un país que actualmente puede definirse

como medio agrícola y medio industrial. En ambos dominios somos suficientemente competitivos, hasta

el punto de que creo que podríamos soportar, por ejemplo, la discriminación de las tarifas aduaneras de

los "Seis" para los países que no forman parte de su grupo. En una palabra: somos en estos momentos

unos apasionados espectadores del drama que se desarrolla ante nuestros ojos: pero esta condición de

espectadores es un lujo que no podremos permitimos durante demasiado tiempo. Aunque, como siempre,

de ello obtenga un cierto beneficio, que en este caso es la aceleración del proceso de mejora de nuestra

productividad, acuciados como están nuestros empresarios de hallarse en situación de competir en un

futuro próximo con el extranjero. Nuestro objetivo es, pues, obtener un máximo de desarrollo con un

mínimo de los riesgos que pueden derivarse de esa integración."

El señor Ullastres concluyó su conferencia afirmando que las perspectivas de la economía española son

sanas, que esta economía está en pleno movimiento y que su futuro es brillante.

El ministro fue aplaudidísimo al terminar su conferencia y muy felicitado por las numerosas

personalidades universitarias, políticas y financieras que ´"asistieron a la misma, entre las que se

encontraba el ex presidente de la Confederación Helvética, doctor Streuli.

Hay, el señor Ullastres se trasladó a Berna, donde mantuvo una larga entrevista con el presidente de la

Confederación, señor Wahlen, quien después obsequió al ministro de Comercio con un almuerzo, al que

asistieron el embajador de España, marqués de Miraflores, y otras personalidades de la economía y la

política suizas.

A primera hora de la tarde, el señor Ullastres emprendió vuelo a Ginebra des-de donde regresó Madrid.

 

< Volver