Autor: Medina González, Guillermo. 
 La encrucijada española. 
 La monarquía en el horizonte español: EL pacto rey, pueblo, ejército     
 
 Informaciones.     Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

LA ENCRUCIJADA ESPAÑOLA

La monarquía en el horiz.

EL PACTO REY-PUEBLO

(Para cumplir su función democrática e integradora, el futuro Rey necesitará indicadores claros de la voluntad popular y pluralidad de opciones.)

Por Guillermo MEDINA

CUALQUIER análisis de perspectiva política española ha de contemplar necesariamente la figura de don Juan Carlos y la función de la monarquía en el horizonte nacional. Tenemos un sucesor que representa la continuidad y el cambio, la via posible hacia un futuro evolutivo donde se conjuguen paz, seguridad, progreso y libertad. El Príncipe signfica una unidad básica, en común denominador convivencial; Institucionalmente es un factor de unión, no un gobernante.

Titular de una monarquía concebida como forma de Gobierno, no como programa de acción política, don Juan Carlos no está destinado a ejecutar en su día una política, ni a administrar, ni a legislar, sino a nombrar y dimitir unos gobernantes que habrán de ser responsables de sus actos é Intérpretes en cada momento de una voluntad popular.

Vamos a analizar hoy el carácter funcional o Instrumental que la monarquía tiene para la gran mayoría de los españoles; la necesidad de la función integradora que el futuro Rey ha de cumplir, y cómo la figura de un monarca constitucional, arbitro y moderador, necesita para ser operativa una sociedad políticamente organizada y unos Indicadores objetivos o procedimientos democráticos de señalar cuál sea la voluntad popular.

FUNCIÓN INSTRUMENTAL

La monarquía sólo es viable a largo plazo en nuestro país sobre la ´base de contar con una asistencia popular. Poco Importa que ésta sea ideológica (o de convicción) o funcional, es decir, en función de su capacidad para representar al Estado y para actuar como Instancia superior no contingente. La gran función política de un monarca democrático, lo que le convierte en una pieza esencial que da flexibilidad y estabilidad al sistema que corona, consiste en detectar y proyectar a la política, mediante procedimientos democráticos, los hombres y programas que expresen la voluntad popular. El monarca constitucional no traza el programa de Gobierno ni define el contenido de la acción política; su función es otra: establecer y permitir el contacto entre la voluntad popular y quienes hayan de gobernar el país.

El rey no es la voluntad popular. El rey conoce la voluntad nacional a través de los mecanismos que le proporcionan las Instituciones representativas. Y al asumir esa voluntad así expresada, el rey mismo se hace representativo de aquella y halla de esta manera la mejor garantía de su aceptación popular y de su función como máxima expresión del Estado.

Un sistema monárquico constitucional es inseparable de una realidad política caracterizada por la existencia de grupos organizados y sólidos, capaces de articular un mínimo de dos o tres alternativas políticas. Las monarquías europeas otorgan el Poder a los líderes de aquel programa político capaz de lograr en cada momento una mayoría de apoyos populares. La tarea del rey es más fácil allí donde existen grandes y pocos partidos, como en Inglaterra, y requiere en cualquier caso indicadores objetivos que permitan Individualizar quién tiene el favor popular. Si esos indicadores no existen o no están claros, la tarea del monarca resultará difícil y aumentarán los riesgos de una elección desacertada de primer ministro. Tampoco resulta fácil la tarea cuando, como en las últimas etapas de la Restauración, el monarca se ve obligado a navegar entre una multitud de minorías para Intentar enhebrar una mayoría de Gobierno: esa situación lleva a un desgasta constante de la institución monárquica.

MONARQUÍA Y PLURALIDAD DE SOLUCIONES

Una formulación válida de la doctrina sobre el carácter Instrumental-democrático del monarca consti-tucional es posible encontrarla en determinados pronunciamientos de don Juan Carlos. En octubre de 1972, en unas declaraciones a la televisión alemana, dije lo siguiente: «La esencia de nuestra monarquía está en la unión • del rey con su pueblo. Cuando esta unión se rompe y el rey, sus deseos y necesidades, se pierde la razón de ser de la institución. Por otra parte, la Ley Orgánica señala que la monarquía ha de ser representativa, y esta representación ha de ser real para cumplir el mandato de nuestras leyes.» En otra ocasión, durante un viaje que realizó a Málaga, el Príncipe, dijo algo cuya glosa daría para largo: «La variedad de soluciones son imprescindibles en la vida y el desarrollo de los pueblos.» Y, añadiríamos, absolutamente necesarias para que una monarquía constitucional pueda ser operativa. De no ser asi, la primera crisis de Gobierno podría ser también la que pusiera fin al sistema, por falta de una solución válida de recambio. En un sistema monárquico - constitucional, las alternativas políticas, de no existir, habría que Inventarlas. De esta necesidad se deduce la de Instrumentos permanentes de organización y participación políticas (llámense asociaciones o como se quiera) y de unos mecanismos electorales normalizados.

ESTA MAÑÁNA HA APARECIDO EL PUESTO DE CAMBíO DE NOVELAS EMBADURNADO DE PINTURA ROJA Y CON LETREROS DE MATIZ AMENAZANTE SE LE HA DICHO AL SEÑOR ALCALDE? SI, Y POR CIERTO QUE OLIA A AGUARRAS EJERCITO

Sin asociaciones, sin organización de las libertades políticas y sin indicadores de la voluntad popular, faltarían vasos comunicantes entre el rey y el pueblo. El rey no podría cumplir -su misión si no es en el marco de una sociedad democrática, libré y organizada politicamente. Una monarquía constitucional ha de ser inseparable de esos requisitos.

Es obvio que un monarca representativo no es un monarca elegido, lo cual sería un contrasentido, sino aquel capaz de desempeñar la cuádruple función política siguiente:

1. Representar a todos los españoles que aceptan las reglas de la convivencia política (estas habrán de ser, pues, anchas e integradoras).

2. Facilitar el ejercicio del Gobierno —búsqueda de soluciones racionales— por quienes representen una voluntad mayoritaria.

3. Proteger los derechos de las minorías políticas legítimas.

4. Servir de punto de unión entre las diversas tendencias del sistema y entre las diferentes clases

sociales.»

MOTOR DE DESARROLLO

Todo lo anterior nos conduce a una , conclusión fundamental: para ser «árbitro» y «moderador» hace falta que haya qué arbitrar y qué moderar. Es necesario que el sistema desarrolle hasta donde sea necesario sus potencialidades asociativas y participacíonistas. Institucionalmente vamos a vivir el tránsito desde una situación irrepetible con un fondo de poder personal caracterizado por la adhesión, a un equilibrio Institucional basado en la participación. En este esquema, el rey reina pero no gobierna, pero no podemos olvidar que en períodos de tránsito histórico, y mientras las instituciones están en rodaje y consolidación, las personas son fundamentales. El rey, de quien recientemente decía Ortí Bordas que «dispone de una efectiva, amplísima y muy intensa capacidad de Impulsión han de evitar con su presencia el desgaste del monarca. Su acción podrá ser. neutral, pero no neutra, puesto que ha de jugar como un motor de desarrollo político y de institucionalización.

En el momento actual la monarquía como institución es ya un hecho real. La actividad de don Juan Carlos forma parte operante de nuestra realidad política. A´ veces, como cuando le vimos presidir el entierro dé Carrero, de una manera más que simbólica. Hasta el punto de que acertadamente voces autorizadas han sugerido la legitimación de los derechos de sucesión de los descendientes de don Juan Carlos, sin esperar al automatismo pos-sucesorio.

La segunda jerarquía del Estado no puede ser a estas alturas una mera reserva institucional. Como realidad, es necesario que la figura del sucesor, también suplente, resulté activa en la definición y perfeccionamiento de un orden Institucional que le atañe. El Príncipe ha dicho que asume el pasado. No puede negársele participación en la definición del futuro.

Es obvio que no es misión del Príncipe, como no lo será del Rey, lanzarse a la palestra política. La prudencia le aconseja observar, escuchar, conocer y no "pronunciarse sobre las soluciones del Gobierno, lo que sería tanto como dejarse instrumentalizar: Es un valor entendido que el Principé personifica cara al futuro un nuevo estilo politico, inevitablemente unido a su necesidad dé legitimación popular continuada y a su entronque generacional. En ese entendimiento y esperanza son muchos los españoles, fundamentalmente entre las generaciones posbélicas, que ven en el Príncipe y esa significación suya la posibilidad de engarce e integración con ´ el sistema. Esas mismas personas ¡necesitan percibirlos síntomas, y alguna que otra evidencia, de que sus expectativas son entendidas y valoradas.

no, sino la posibilidad política de cambio sin ruptura, de evolución sin traumas. En este sentido, la monarquía tiene para muchos españoles un carácter instrumental. Esta sería su justificación objetiva. Los españoles no se plantearían la necesidad de una monarquía para coronar cualquier forma de dictadura personal o de grupo. En cambio, accidentalistamente, la consideran como una pieza esencial de una evolución democrática del país. Y estiman que ha de nacer de ahí la legitimidad de ejercicio de la monarquía en España. La «funcionalidad» de ésta consistirá en que,debe ser el marco institucional que haga posible una reforma social sin violencia y una revolución política de signo democrático. Como decía hace ya años A B C: «La monarquía española no podrá ser muy distinta a la sueca, holandesa o danesa.»

En suma: el Rey no podrá ser neutral ante la búsqueda de contenidos y métodos democráticos.

NOTA COMPLEMENTARIA

En los últimos tres días, cuando este articulo, tercero de serie, ya estaba escrito, se han producido declaraciones de relevantes personalidades políticas con la figura del Rey como eje de discurso. El propio don Juan Carlos ha hablado en la Escuela de Estado Mayor sobre la lealtad fundamental de las fuerzas armadas: la que se debe a la Patria.

Todas aquéllas declaraciones son coherentes. Perfilan lo que sin duda será la clave del futuro: un pacto pueblo-ejército-rey para «el progreso social y político». Y, para lograrlo, la necesidad de que él futuro rey cuente con «los cauces necesarios para una evolución...». En torno a estos conceptos va configurándose un área de coincidencia nacional y toma cuerpo la confianza en el futuro.

 

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