Protección para la familia     
 
 ABC.    19/02/1959.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PROTECCION PARA LA FAMILIA

No es preciso ponderar la importancia del I Congreso de la Familia Española, que se está desarrollando en

Madrid. Son tantos los Congresos y Asambleas que en todo el mundo se celebran diariamente, que el

hombre de la calle empieza a sentir cierta indiferencia hacia esa interminable serie de reuniones

inspiradas por los temas y objetivos más diversos y que en el mejor de los casos sólo preocupan a un

sector limitado. Pero con el Congreso de la Familia Española no podía suceder lo mismo, porque no hay

palabra que tanto una a los hijos de este país nuestro ni que tanto les interese y afecte como la que expresa

el vínculo más fuerte de la sociedad cristiana. La institución familiar, importante en cualquier nación,

tiene en España carácter de piedra angular y de refugio infranqueable, carácter que la Historia nos

presenta realzado en los momentos de mayor peligro para la comunidad nacional. Gracias a la célula

familiar se resistieron aquí embates poderosos que países con estructura interior más débil no acertaron a

rechazar; y cuando los sistemas sociales se tambalearon y otros valores acusaron los efectos de una crisis

inesquivable, el español se aferró al núcleo familiar porque sabía que era su último y más fuerte medio de

salvación.

El Congreso que, bajo la presidencia del Jefe del Estado, acaba de comenzar tiene, por otra parte, un gran

valor de oportunidad. España, remontada una etapa de recuperación difícil, en la que la familia triunfó

una vez más frente a las asechanzas espirituales y materiales, se encara con un período diferente del

anterior, pero en el que precisará reforzar, mejorándola, su armadura interna. Cada día se impone con

mayor urgencia la necesidad de que los pueblos convivan. Las organizaciones internacionales, la política

de los países agrupados bajo el signo de una civilización común, aconsejan un sistema de diálogo y de

cooperación por cuya vigencia claman en todas las latitudes. Va en ello la paz y la prosperidad de las

naciones, nada menos. Terminó definitivamente la época de los aislamientos, en la que los pueblos

pretendían ignorar los problemas de los otros pueblos. A esto ha contribuido no poco el progreso de las

comunicaciones y la enseñanza de una dura experiencia todavía reciente. Para los tiempos que

comienzan, la familia española debe estar preparada, porque es sabido que los Estados no valen más ni

menos que lo que valga la suma de las familias que los forman. El intercambio de todo orden que se

derivará de ese mayor acercamiento será ocasión para incontables provechos sin duda alguna, pero quizá

también para ciertos peligros ,si no sabemos dotar a nuestra institución fundamental de todos los

elementos de seguridad que garanticen, su bienestar moral y material.

De esto va a ocuparse, se está ocupando ya, el I Congreso de la Familia Española. El Estado, que tanto

vela, a través de una copiosa legislación, por preservar los hogares de cualquier género de infortunio, y

que tiene en la familia —con el Municipio y el Sindicato—su más firme sostén, sabe bien que la

institución familiar no tiene como fin servirle a él, sino que por el contrario, es el propio Estado el que

tiene que servirla de la manera más alta y eficaz. De ahí su deseo de conocer sus inquietudes, sus

problemas y de ofrecer cuantos medios están a su alcance para la mejor ordenación de unos intereses que

son la basé del interés supremo de la patria. Todas las aspiraciones económico-sociales de la familia, con

sus planteamientos jurídicos, sus afanes de mejora, su elevación moral y material, en suma, tienen cabida

en los debates que se desarrollan ahora en Madrid con el entusiasmo y la buena fe que ha pedido Franco a

los congresistas y que éstos, representantes de todos los órdenes de la gran familia española, pondrán a

prueba.

Para que nada falte a esta trascendental Asamblea, convocada bajo el signo de la solidaridad cristiana, la

bendición de Su Santidad el Papa ha llegado envuelta en paternales palabras de amor y de esperanza:

"Cuando sea devolver a sus más puras esencias esta institución; subvenir a la familia en sus necesidades

materiales y en la dotación de bienes y servicios que la sociedad le debe para el cumplimiento de su

misión; resucitar en ella su sentido cristiano, que en la tradición española tiene bellísimo historial, a tono,

sí, con las circunstancias del vivir actual, pero sin que la realidad nueva merme la validez de los

principios sustanciales; todo ello no puede menos de ser estimado como un meritorio servicio a la causa

católica, digno de Nuestra aprobación y encomio." Esperemos que los deseos del Pontífice se cumplan

totalmente y que de las reuniones del Congreso surja un programa preciso de medidas protectoras para la

familia española, a fin de fortalecerla aún y de preservarla de todo mal interior o exterior. El Gobierno de

la nación es el primer interesado, porque, como dijo otra voz de la Iglesia, ¿qué es una familia sino el más

admirable de los Gobiernos?

 

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