Familia e intimidad     
 
 ABC.    20/02/1959.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

FAMILIA E INTIMIDAD

Si hay en España algo socialmente relevante, sano y prometedor, ese algo es la familia, célula primaria y

esencial de la comunidad nacional, depósito de intangibles tradiciones, ensanchamiento de la

personalidad, escuela de sacrificio y grupo ético-social de incomparable valor para la vida espiritual de

cualquier pueblo civilizado. No implica este juicio optimista el desconocimiento de las imperfecciones,

deficiencias y lacras que amenazan y debilitan la vida familiar y la propia institución en sí misma

considerada. Pero por mucho que la sociología positiva nos descubra la aspereza y la fealdad de

realidades innegables, la situación de la familia es en nuestro país sustancialmente alentadora, en especial

si la comparamos con la de otras naciones del cristiano Occidente.

La solemne inauguración del I Congreso Nacional de la Familia, en la que se han oído palabras de

inigualada autoridad, invita a reflexionar sobre este tema cuando nos encontramos ante una gran asamblea

que trata de fortalecer los vínculos familiares y hacer más robusta y vigorosa esta íntima, minúscula y

fundamental forma de vida en común.

Instituida para un fin propio (la procreación y la educación de la prole), la familia tiene prioridad de

naturaleza, y en consecuencia, cierta prioridad de derechos respecto de la sociedad civil. Pero, en cambio,

ésta es sociedad perfecta por poseer todos los medios para su propio fin, mientras la familia es sociedad

imperfecta por carecer de esa plenitud de medios. En orden al bien común la sociedad civil tiene, pues,

preeminencia sobre la familia. Mas el pensamiento cristiano sobre la institución familiar quedaría

incompleto si omitiéramos un extremo de cardinal valor. Porque el Estado, a pesar de la sustancial

imperfección de la familia, no puede considerarla con el criterio del poderío nacional ni olvidar que la

persona y la sociedad familiar son anteriores a él.

La familia no sólo tiene significación para el derecho privado, sino también para el público. De aquí el

interés del Estado—y su derecho y su obligación— de ordenar las cuestiones jurídicas concernientes a la

familia, en la medida en que están ligadas al bien común general. "Si va más allá—ha dicho un

sociólogo—traspasa los límites de su competencia, obra sin derecho propio y usurpa-derechos ajenos."

Si la familia constituye una materia doctrinal delicada, esta condición proviene de su intimidad. "La

desorganización de la familia—ha subrayado certeramente el ilustre profesor Legaz Lacambra, rector de

la Universidad de Santiago— consiste en la perturbación que diversas circunstancias producen sobre las

características fundamentales del grupo familiar, principalmente su intimidad. La intimidad sólo es

posible en los grupos pequeños y bajo ése aspecto se ve favorecida por el hecho de la desintegración de la

familia respecto del todo social."

No dudamos que este I Congreso Nacional de la Familia Española ha de ser fértil en aportaciones a la

resolución de sus problemas y fortificador de su estabilidad, que es garantía de paz. A ello contribuirá,

desde la participación oficial, hasta ese conjunto de organismos familiares de inspiración religiosa que

con tanto celo trabajan en este campo. Las estructuras sociales deben ser edificadas sobre cimientos de

espontaneidad e intimidad familiar. Ellas representan una lozana gama de legítimas diversidades que,

lejos de debilitar afianzan armoniosamente la sagrada unidad nacional.

 

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