Autor: J. J. A.. 
   El CEDI pide la plena incorporación de nuestro país a las organizaciones europeas y atlánticas  :   
 Detrás de vosotros está España, dijo en su discurso de clausura el ministro de Obras Públicas, general Vigón. 
 ABC.    01/10/1959.  Página: 41-42. Páginas: 2. Párrafos: 43. 

EL C. E. D. I. PIDE LA PLENA INCORPORACIÓN DE NUESTRO PAÍS A LAS

ORGANIZACIONES EUROPEAS Y ATLÁNTICAS

"Detrás de vosotros está España"; dijo en su discurso de clausura el ministro de Obras Públicas, general

Vigón

Santa Cruz del Valle de los Caídos .30. (Da nuestro redactor enviado´especial.) Hoy ha sido clausurado el

VIII Congreso del C. E. D. I. El profesor austríaco Herzeg ha estudiado "La cooperación técnica y

económica de Europa"; el Sr. Ruiz Jiménez, Los efectos sociales de las nuevas estructuras económicas",

y el profesor suizo señor Schwarsenbach, "El porvenir de la juventud europea". Por la tarde se celebró la

solemne sesión de clausura, presidida per el ministro de Obras Públicas, Sr. Vigón.

Antes de esta sesión se aprobaron las conclusiones definitivas de este Congreso, que declaran, en

sustancia, lo siguiente: El futuro de Alemania no constituye ya para las naciones libres un motivo de

disensiones. La, Europa libre es indefectiblemen-te solidaria de Alemania.

Conviene acelerar la formación de la opinión británica en favor de una participación más estrecha de

Gran Bretaña, en las instituciones europeas.

Es necesario la plena y completa admisión de España de hecho y de derecho en los or-ganismos europeos

y atlánticos.

Los países cautivos del comunismo integran a Europa.Los países neutrales deben conciliar su

neutralidad con su carácter europeo.

Debe respetarse la diversidad de las Patrias en el seno de la unidad en conjunto, y las instituciones

europeas deben tener el apoyo de los Gobiernos respectivos.

Debe estimularse la mutua comprensión y solidaridad, no sólo en la teoría, sino en el plano económico.

Las nuevas estructuras económicas deben basarse en el respeto del hombre.

La Europa unida debe constituir para la juventud la esperanza de un futuro de libertad.

Nada tiene sentido en Europa si no está inspirado por una visión cristiana del mundo, de la historia, y del

hombre.

Aprobadas estas conclusiones hablaron los jefes de las distintas delegaciones expresando su satisfacción

por el resultado del Congreso y su gratitud a quienes lo habían hecho posible, y previas unas palabras

finales del Sr. Martín Artajo, a quien acompañaba en la presidencia el abad mitrado de este Monasterio,

fray Justo Pérez de Urbel, el señor Vigón pronunció el siguiente discurso:

"Todo lo que hace al hombre más poderoso, sin hacerlo mejor, es terriblemente dañoso para él. Estamos

ahora—está el mundo—en .un punto en el que esta idea, siempre exacta, de Goethe, adquiere una trágica

dimensión.

Dos hombres de Estado pueden llegar a entenderse—y a veces, nos daríamos por muy contentos con

ello—sobre cuestiones de intereses o de temores comunes.Los grupos de hombres, los pueblos, sólo

pueden entenderse en el plano de una esencial comunidad de ideas.

Llevamos bastantes años hablando de europeidad. No es poco que se hable. A mayor abundamiento, más

o menos tímidos, se han dado algunos pasos hacia la europeización de la economía. El mundo de los

intereses materiales abate lindes y abre portillos en las fronteras. Los intereses materiales se despojan de

las exigencias que les son incómodas, y acaban casi siempre, a la larga, por franquear las barreras

políticas imaginando que han esquivado con ello las barreras espirituales. Grave error.

"Las naciones do Europa—escribió Dawson—han formado siempre parte de una unidad superior,

representada por la cultura europea."

Europa, diríamos, es un concepto esencialmente estético, difícil de definir. Es un concepto inaprehensible

para quien no esté ya en una especial disposición de espíritus, para quien, aun dotado de una organización

mental exacta, no sienta" sobre sí el peso de una vieja historia, menos como gravitación que como

estímulo.

Europa, todavía hace medio siglo cabeza y corazón del mundo, recuerda hoy con nostalgia aquel tiempo

en que era, además, centro y motor de todas las actividades económicas.

Temía Dawson que por haber cedido a otros estímulos la fe en sus propios valores culturales y el

orgulloso respeto a sus tradiciones, Europa hubiera sentido más la pérdida de aquella privilegiada

situación económica que la de su rectorado cultural del mundo.

En un principio, la unidad cultural ds Europa estaba mantenida, es bien sabido, por un vínculo religioso.

Por eso cuando, nuestro Rey, el Emperador Carlos, sueña la unidad de Europa, la sueña no como una

ambición, sino como un deber. No sueña la Monarquía universal, amalgama de intereses, grata al

canciller Gatinera, sueña el imperio cristiano como una grande y recia unidad espiritual.

Si, después, la pérdida de la unidad religiosa no constituyó una inmediata catástrofe para Europa, fue

porque todavía continuaba ligando a sus púsolos una tradición humanística que mantuvo inalterables la

casi totalidad de los valores culturales, creando un sistema de valores morales que han caracterizado

durante largo tiempo el íntimo modo de vivir europeo.

Por eso lo que, otra vez, puede unir a los europeos no son tanto las exigencias de carácter económico

como una concepción cristiana de la vida.

Fiel a esta certidumbre que inspira el artículo III de sus Estatutos, este Centro Europeo de Documentación

e Información ha subrayado enérgicamente en estas jornadas su firme adhesión a una idea cristiana del

mundo, que no implica, ciertamente, una ortodoxia confesional, sino el reconocimiento del magisterio

evangélico como fuente viva de la civilización occidental, y de aquel alto concepto de la persona humana

en grave crisis hoy del otro lado del telón de acero.

Después de haberse ocupado largamente de todas las cuestiones económicas que afectaban a Alemania,

en un libro sumamente sugestivo, que titulaba "Bienestar para todos", escribía el doctor Erhard estas

palabras, que la ocasión hacia doble-mente interesantes:

"Quizá (yo creo—se rectificaba a sí mismo—que con toda certeza) la necesaria aplicación de todas las

energías humanas a la recuperación y afianzamiento de nuestras bases materiales de vida, nos ha

confundido a muchos de nosotros, y ha perdido así el justo sentido de la jerarquía de los valores. Nuestro

destino depende de que seamos capaces de resolver certeramente la ineludible cuestión que se nos

plantea."

Era una juiciosísima llamada de atención, porque este desenfoque de la vida total en favor de las

cuestiones puramente económicas no ha sido—si lo fue—un error exclusivamente suyo, ni privativo de su

país, sino desviación frecuente de muchas y muy cabales inteligencias del lado de acá del telón de acero.

La restauración del poder espiritual es la base. Europa conserva aún buen caudal de experiencia y de

sabiduría para alcanzarla.

Esta es la noble empresa a la que el Centro Europeo de Documentación e Informa -ción está procurando

colaborar, yo creo que con fortuna.

La desintegración de Europa ha sido promovida en último término, por nacionalismos miopes, activados

muchas veces por una política punto menos que demoníaca.

El nacionalismo exhibe, por lo común, las aristas que hieren y las notas que separan.

El Centro Europeo de Documentación e Información exhibe y exalta las notas que unen. Por eso puede

decirse que esta Europa a que os consagráis es la Europa de las patrias, la que respeta los rasgos de cada

nacionalidad lentamente configurados por los hombres, las tierras y los siglos. Su actitud, poco propicia a

los estrechos nacionalismos políticos cargados de incomprensión y de recelos, no está, sin embargo,

cerrada a la estimación de las culturales regionales, nacionales. Pero el cosmopolitismo cultural, cuando

sobrepasa sus propios razonables limites biológicos, constituye un cáncer peligroso". Yo no veo, en

cambio, ahora ante mí un grupo humano trabado simplemente por razones de buena vecindad, sino una

Asamblea de Historias gloriosas, amparadas por nombres cargados de prestigio, que aspiran a verter su

caudal milenario en un único cauce capaz do fecundar esta parcela del mundo en la que vivimos pueblos

que no nos resignamos a desaparecer como tales, en esta hora en la que las grandes potencias espirituales

han de ser pensadas también, como las materiales, a escala continental.

Los problemas tratados en este Congreso responden rigurosamente a esta tónica.

La cuestión de la reunificación de Alemania se plantea en torno al problema de Berlín, que, como de

Austria dijo en otra, ocasión S. A, es hoy el plexo solar de la política mundial.

Es como el núcleo central de todo un vastísimo problema constituido por el estado de angustia que

proporcionan al mundo los países ds la cuenca danubiana del otro lado del telón de acero. Y no diga nadie

que se trata de hacer revivir viejas o viejísimas estructuras imperialistas. Se trata, simplemente, de que no

será en modo alguno posible alcanzar ninguna unidad si no se acierta a restañar previamente esa larga y

honda herida europea que pasa por Berlín y Budapest.

No podía dejar de llamar la atención de este Congreso el tema, cargado de resonancias, que plantea el

impacto de la ciencia y de la técnica modernas en la estructura social.

La nueva situación de las clases medias, en parte decaídas, de un papel extremadamente importante en los

últimos, períodos de la historia, de Europa. La revalorización de los técnicos que, al mismo tiempo que

abre caminos antes insospechados de prosperidad y de bienestar, está creando, menos insensiblemente de

lo que pudiera pensar, el hombre ingenuo, el grave peligro de la tecnocracia; la permeabilidad de las

fronteras, tan deseable si se acierta a discriminar la medida exacta en que la permeabilidad es un

bostáculo a la verdadera unidad europea; y, sobre todo, este drama entrañable, cargado de trascendencia,

de riesgos, pero también de esperanzas, que es el problema de la juventud europea.

Si no lo resolvemos, no culpemos a nadie de este fracaso, que es específicamente nuestro. Cada uno

podrá, si es suficientemente benévolo consigo mismo, descargarse personalmente de esta responsabilidad.

Pero en una u otra medida, la responsabilidad histórica de un fracaso alcanzará a todos los hombres—

padres, educadores, gobernantes—que hemos tenido la que yo quisiera que—aunque penosa— fuese

gloria de vivir estos años teñidos de inquietudes.

Cuando toda Europa se tambaleaba, amenazando derrumbarse porque todo el orden cristiano estaba en

riesgo. España, sin pararse a medir sus fuerzas, se lanzó a la inigualada y agotadora aventura de intentar

apuntalarla.

También ahora.

Quiero recordar que el primer Congreso Internacional del Centro Europeo de Documentación e

Información se celebró en Santander el año 1952. España, que soportaba entonces una ofensiva, quizá sin

precedentes, de la izquierda europea, cuyo único beneficiario era el comunismo internacional, os acogió

esperanzada y cordialmente, porque estaba segura de que una tronera defensiva se rasgaba asi para abrir

un ventanal sobre Europa.

España, incorporada hoy plenamente a la vida internacional en el seno de los organismos más fielmente

representativos de ella ha vuelto a acogeros con el gesto más cordial y el más amplio deseo de

colaboración. Para muchos españoles, entre los que me cuento, el Centro Europeo de Documentación e

Información sigue siendo—permitidme que, una vez más. utilice abusivamente el manoseadísimo simil—

una gran ventana sobre Europa. Sea también para vosotros, europeos, una ventana para asomaros a

España. Aquí, desde esta sede que hemos querido brindaros, os ofrece un excepcional alféizar,sobre el

que apoyar vuestra atención de observadores: porque tenéis ante vosotros —y os lo digo con la mayor

humildad, pero con el más noble orgullo—un simbolo de nuestra fe, de nuestra fortaleza, de nuestra

constancia, de nuestra inmensa caridad cristiana.

Detrás de el señores congresistas, tenéis a España."—J. J. A.

BANQUETE OFRECIDO POR EL ALCALDE DE MADRID

A las diez de la noche los asambleístas fueron obsequiados con una comida por el Ayuntamiento. El

comedor, instalado en el Salón de Tapices de la Casa de Cisneros, aparecía profusamente adornado con

plantas y flores. En la presidencia tomaron asiento, a la derecha del alcalde, la princesa de Lichtenstein, y

a su izquierda, la condesa Elsa Thurn Valssasina. Entre los asi-tentes se hallaban los príncipes Georg vo

Waldurd Zeil, Henri de Licchtenstein Henrich R. Stanemberg; embajador de Alemania, barón Von

Welck; marqueses de Valdeiglesias y de la Eliseda´; conde de Montarco;. D. Gonzalo F. de la

Mora, don Juan Beneyto, D. Octaviano Alonso de Ce-lis y otras personalidades.

El conde de Mayalde pronunció unas pa-labras de saludo a los congresistas y puso de relieve la

importancia de las deliberaciones que está desarrollando la VIII Reunión Internacional. Dedicó también

cálidos elogios al burgomaestre de Berlín, tan entrañablemente compenetrado con España. Y tras de

mencionar unas frases del presidente del Gobierno portugués, señor Oliveira Salazar, sobre la unidad

europea, terminó haciendo votos por la prosperidad de todos los reunidos y de las naciones que

representaban.

Lo contestó con frases de agradecimiento el ministro para el Senado del Gobierno de la República

Federal alemana, Von Merkac por las inumerables atenciones recibidas.

Terminó la velada con la actuación, en el Patio de Cristales, donde se montó un pequeño tablado, del

Festival Español, que interpretó un selecto programa.

 

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