Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   A la hora de votar     
 
 El País.    12/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EL PAIS, domingo 12 de junio de 1977

A la hora de votar

MANUEL FRAGA

Secretaría general de Alianza Popular.

Candidato al Congreso por Madrid

Los españoles van a hacer uso de su derecho ciudadano de sufragio, dentro de pocas horas. Es,

indudablemente, una decisión importante, que deben tomar de modo serio y responsable, como ha

indicado en sus carteles Alianza Popular.

Al ejercer su voto, me permito hacerles algunas consideraciones de buena fe, sobre lo que, a mi juicio,

deberíamos evitar, poruña parte, y procurar por otra.

Evitar que se pierda el voto

Lo primero que habría que evitar, sin duda alguna, es que se pierda el voto. Un voto dado a una

candidatura sin base, o a un grupúsculo que sólo actúe en pocos lugares del territorio, son votos perdidos.

Sólo las grandes fuerzas políticas, con arraigo y posibilidades en todo el territorio nacional, o en una gran

región, tienen posibilidades de convertir las ideas en realidades, los principios en acciones concretas, y los

deseos en posibilidad operativa.

Dar vuelta a la tortilla

Lo segundo que no debería ocurrir es el voto por impulsos pasionales, por nostalgias o por resentimientos.

Tengo una gran simpatía humana por los integristas de uno y otro lado; pero sus actitudes no son

positivas en política. Así, piensa que las muchas buenas gentes que añoran a Franco y a la sociedad que

supo crear, deben votar a Alianza Popular, precisamente por ser reformista y poco nostálgica; porque

asume él pasado para superarlo. Creo igualmente que votar pensando en viejos odios o revanchas carece

hoy de sentido. No se trata de dar la vuelta a la tortilla; se trata de arreglar las cosas

seria, honesta y prudentemente entre los españoles de hoy, y pensando en el mañana inmediato. Digo lo

mismo de los que se equivocarían buscando la justicia social en la lucha de clases; o los que quieren

engañar a la juventud enfrentándoles con sus padres y con su patria, que es la tierra y la sociedad de sus

padres.

Escoger y mojarse

Un tercer error a evitar sería el considerar esta elección como una adhesión más al Gobierno y a sus

propuestas. Esto no es un referéndum. Es una opción entre propuestas de programa y personas

representativas de los mismos. Hay que escoger. Hay que mojarse. Quien no lo haga, no podrá quejarse

después.

No a aventuras e improvisaciones

Pasemos a lo positivo: lo que deberíamos hacer o procurar. En primer lugar, el resultado de la elección

debe ser claro. Para ello hay que concentrar el voto en las fuerzas nacionales importantes y significativas.

Alianza Popular lo es: ofrece seguridad, orden, cumplimiento de la ley, restauración de la confianza

ciudadana, desarrollo económico, un programa avanzado de justicia social. Es una fuerza moderada,

dispuesta al diálogo con todos, que patrocina cambios reales y prudentes; que se opone a las aventuras y a

las improvisaciones, pero que como ninguna desea un salto hacia el futuro, para que la España del año

2.000 sea tanto mejor respeto de la actual, como ésta lo es sin duda respecto de los años 30.

En segundo lugar, esa claridad debe referirse, sobre todo, al modelo económico-social, y en general a las

instituciones que afectan a la vida propiamente dicha de los ciudadanos. Alianza Popular defiende la

familia como unidad básica de la convivencia entre los sexos y entre las generaciones. Propugna la plena

igualdad para la mujer, y las máximas oportunidades para la juventud; no está por el amor libre, ni por las

comunas sexuales, ni por la pornografía, ni por el aborto, ni por la fácil disolución de la unidad familiar.

Alianza Popular está, con la misma decisión, por la libertad de empresa y de trabajo. No cree en las

nacionalizaciones, ni en los colectivismos económicos; afirma que los «koljoses» soviéticos y las

comunas chinas producen menos que las granjas americanas; y que la industria alemana y japonesa le dan

ciento y raya a la de Rusia o Checoslovaquia.

Valores básicos y prioridades esenciales

En tercer lugar, a la hora de votar, hay que decidirse en función de los valores básicos y las prioridades

esenciales. Para que un Estado pueda resolver éste o aquel problema, tiene que tener resuelto previamente

el problema. El problema es que haya, efectivamente, un Estado; una organización política real, sólida,

que está; que garantiza la seguridad de todos, la paz civil, la convivencia ordenada, el cumplimiento de la

ley, la defensa eficaz contra toda agresión interior y exterior; una moneda estable, y así sucesivamente.

Cuando no se puede dormir tranquilo, cuando no se decide uno a salir de noche, cuando un petardo que

estalla produce un sobresalto, cuando se leen todos los días muertes, atracos, voladuras, secuestros, el

Estado no funciona, y los programas son inútiles, y los discursos no se escuchan. Cuando la inflación

llega al 30%, cuando no se invierte una peseta (lo que es paro seguro en los años siguientes), cuando la

Bolsa se hunde, cuando la gente guarda el dinero en casa y subasta los pisos y atesora brillantes o piezas

de oro, es que no hay confianza en el Estado, y nadie puede esperar soluciones económicas o pactos

sociales.

La caída de las últimas caretas

Hay que votar, pues, por la fuerza política capaz de enfrentarse seriamente con estos temas. Ya hemos

visto para lo que sirve la debilidad sistemática y las concesiones sin contrapartida; y aún no hemos visto

lo que sin duda veremos en el próximo otoño, cuando caigan las últimas caretas, y venga el tirón de las

próximas negociaciones salariales. Sólo un Gobierno fuerte, centrado en torno a Alianza Popular, será

capaz de hacer frente a la situación.

Sólo dentro de la unidad de España, restableciendo la confianza de la mayoría, utilizando con energía

todos los recursos nacionales, puede haber solución por los dos difíciles años que nos esperan.

Marxismo y oficialismo oportunista

Un tercer orden de consideraciones se refiere a los objetivos últimos de los programas políticos. Y aquí sí

que las verdades son las del barquero, y las habas están bien contadas. El objetivo último del comunismo

es una sociedad comunista, y por ahí andan unos cuantos para saber lo que eso quiere decir. El objetivo

último de los socialismos marxistas (que son, desgraciadamente, los que hay en España) no difiere

sustancialmente; y, desde luego, produciría inmediatamente una burocratización total de la economía,

como la que ha arruinado a Inglaterra. El objetivo claro del oportunismo oficialista y sus secuaces

seudocentristas es la pura subsistencia, al día, y al precio de cualesquiera concesiones y entregas, mientras

quede algo que entregar. ¿Y después? Esta es la gran pregunta, y la gran responsabilidad.

Firmeza y extremismo

El cuerpo electoral tiene la suya. No es verdad que plantarle cara al marxismo y al separatismo y al

entreguismo sea situarse en otro extremo. Alianza Popular ha asumido plenamente la reforma política,

que nadie me negará haber iniciado en este país, en la doctrina y en las realidades prácticas. Firmeza no es

extremismo; seguridad en las ideas no es dogmatismo. Nos esperan dos años muy difíciles; muchos

optarían por esperar y dejar su diñsil carga a otros. Sería demasiado cómodo. Porque, para nosotros,

España es lo único importante.

 

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