Autor: Sánchez Mazas, Rafael (***). 
   Congreso democristiano     
 
 ABC.    06/11/1959.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

CONGRESO DEMOCRISTIANO

La semana pasada, en el teatro florentino de "La Pérgola", celebró su Congreso Nacional el partido

democristiano. Este partido ocupa en Italia el poder desde hace trece años, con gobiernos y conjuntos

diversos—el "monocolor", el "bipartito", el "tripartito" y . el "cuadripartito"—y se divide en varias

"corrientes" o "subpartidos", cada uno con sus cabecillas, programas, periódicos, agencias oficiosas,

fondos de caja y aparatos de propaganda propios. Las ´´corrientes", a su vez, dan a dos vertientes o se

bifurcan en dos grandes alas, que, con la vieja nomenclatura hispánica del tiempo de la . Reina

Gobernadora, se llaman hoy allí "moderada" y "progresista". Cosa muy semejante sucede al laborismo

inglés, en trance de partirse en dos, y al M. R. P. francés, o democracia cristiana francesa, donde la

escisión se ha consumado.

En el Congreso de Florencia, el ala "progresista" disponía de más dinero, más locales, más folletos

impresos y más organización de propaganda que el ala "moderada", reducida a cuartos de hoteles y a

"cyclostile". Habían copado, además, los "progresistas", la cazuela o paraíso del teatro para su "claque" o

tropel enardecido de "hinchas", formados en la escuela clásica del fútbol latino-americano. En la primera

fase o fase pasional de la magna asamblea—aran casi dos mil en la sala—pareció que los "progresistas"

tenían "il sopravento" o como decía Dante "il grido". ¡Y qué "grido"! Algunos lectores habrán encontrado

exageradas las crónicas del corresponsal de A B C. Eran moderadas e imparciales. Bastaba abrir dos de

los mayores periódicos democráticos de Italia—"Il Corriere della Sera" y "La Stampa"— los dos

"flanqueadores" de la Democracia Cristiana y los dos empeñados en hacer lo imposible por el mejor éxito

del Congreso. "La Stampa" escribía: "Quien está fuera del teatro de "La Pérgola"—donde el Congreso se

reunía—no puede imaginarse la violencia de la batalla desencadenada hoy... No se imaginan los alaridos,

los insultos, las silbas, las invectivas, los tumultos, hasta no poderse ni contar... La exasperación ha

llegado al punto que no se titubea frente a las más absurdas imputaciones." "No es fácil decir—observaba

"II Corriere della Sera"—hasta dónde las pasiones se apoderan de los hombres y hasta dónde se juega la

carta de los ataques mas crudos." Un gran cronista—lndro Montanelli—halló eso muy bueno. Alabó que

los congregados allí se hubiesen liberado del anterior sistema de hipocresías. Un jovenzuelo acusó al

Presidente del Gobierno, Segni, de haber querido participar en la "nefanda" empresa de Suez. Se armó un

monumental barullo. En las dos últimas sesiones las cosas cambiaron. El mismo Presidente del Congreso,

Piccioni, hubo de lamentar que se hubiese dado un espectáculo propio de países inferiores a Italia en

costumbres civilizadas. Se produjo una gran reacción rehabiltadora a favor del Presidente del Consejo

actual, Segni, a quien los "progresistas" consideraban "indigno" por colaborar con las derechas y no

mostrarse bastante abierto • a las izquierdas y a las reivindicaciones sociales. Muchos empezaron a gritar

a Segni con tonos patéticos: "¡Segni! ¡Sei un galantuomo!" ("¡Segni! ¡Eres un caballero!") No sé si

alguien gritaría: "Bueno... Y los demás,, ¿qué?" Al fin, en la urna, venció el ala "moderada" —llamada

también "dorotea" y "morotea"—con la ayuda de los "primaverales" de Andreoíti. Quedaron vencidos los

"progresistas" rabiosos del pequeño, Fanfani, a quien llaman allá el "du-cetto" o "ducete", porque es muy

autoritario y terminante, aunque, según dicen, mejor sabe mandar aue hacerse obedecer. En una de las

reuniones que tenía con su Estado Mayor en el Hotel Cavour, de Florencia, contaron que partió la tabla de

una mesa mientras gritaba: "¡Pegaremos fuerte!" Luego se supo que la mesa era de mármol de Carrara y

no se partió. No se conoce aún si se resignan los "progresistas" fanfanianos y sus compañeros de viaje

"basistas" a la humillante derrota, que cae sobre sus gruesas y abundantes baladronadas, como grave

lección. No se sabe, tampoco, aún, si el partido tendrá compostura posible, aun sin una ruptura oficial, a

pesar de la "mano tendida" por Moro y Segni. Pero, después de tanto escándalo, ahora salen con que los

"moderados" se diferencian únicamente de los "progresistas" en desear la alianza con el socialismo de

Nenni "para un poco más tarde".

El "Times", de Londres, ha resumido su opinión en esta frase: "Mal podrá gobernar al país un partido que

no sabe gobernarse a sí mismo." El."New York Times" recuerda, con motivo de esta clamorosa batalla, la

costumbre o convención de los "condottieri" del Renacimiento, que sabían hacerse la guerra "sin efusión

de sangre". Se olvida "New York Times" de que un anglosajón, John Hawkins—"condottiero" al servicio

de los florentinos, que le llamaban Giovanni Acuto o Juan el Agudo—, fue quien dijo la famosa frase:

"La guerra se hace para vivir y no para morir." Una víctima, sin embargo, ha habido, y ha sido Fanfani.

Se había hinchado enormemente este hombre pequeño de talla, y ahora se ha desinflado. A este

"degonflement" o "desinfle" de Fanfani llaman en Italia hoy, con florentina burla, "ridimensionamento"

de Fanfani. No sabe nadie si el "ducetto" o "ducete" se resignará al "ridimensionamento" o

reconmensuración a que se le ha sometido.

Se consideraba este Congreso, antes de su apertura, como de vida o muerte para el partido y para el país y

de grave consecuencia para Europa, pues, por el camino de las "aperturas" a la izquierda, podría

deslizarse Italia hasta una situación que casi le pusiera tras el telón de acero. Pocos días antes de

celebrarse el Congreso florentino, el Instituto "Doxa", especie de "Gallup" italiano, realizó una increíble

encuesta. Esta encuesta, obtenida con gran rigor científico y probada imparcialidad de criterio, ha

revelado que el 87 por 100 de los italianos—escogidos en todas las regiones de Italia—no se interesaba

por el Congreso ni sabía que fuera a reunirse, a pesar de las enormes titulares de la Prensa durante

aquellos días. Todavía la, encuesta ha revelado algo más inaudito, aún: un 87 por 100 de simpatizantes

por la Democracia Cristiana, tampoco se interesaba por el Congreso o no sabía que se celebrase. Algunos

sacaron entre otras consecuencias la del divorcio entre el país legal y el país real y la del divorcio,

también, entre los mandos de la Democracia Cristiana y su electorado. ¡Vaya usted a entender estas histo-

rias!—

 

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