Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La marcha de Areilza     
 
 Informaciones.    26/03/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

La marcha de AREILZA

Por Abel HERNÁNDEZ

NOS aseguran que la entrevista de la Moncloa fue «cordial». El presidente Suárez no aprovechó el

encuentro con los dirigentes del Partido Popular el miércoles para poner al conde de Motrico contra la

espada y la pared. No hacía falta. El prestigioso político monárquico-liberal había decidido apartarse de la

política partidista antes de acudir, con su amigo don Pío Cabanillas, al palacete de la Presidencia. Ahora

tiene asegurado, según todos los índicos, un puesto, por nombramiento real, en el Senado.

El señor Areilza padecía desde hace tiempo una guerra sorda dentro de su propio partido. En

determinadas ocasiones la hostilidad era abierta. Últimamente, en la sede del Partido Popular estalló

alguna discusión acalorada. El hecho de que un hombre que aspiraba a la Moncloa tuviera que

conformarse con la vicepresidencia del partido es un indicio de que su «figura» inspiraba ciertos recelos.

Algunos dirigentes políticos de vocación demócrata-cristiana, que militan en el Centro Democrático

(fuera del P.P.), le habían declarado la guerra. Hace semanas que algunos de ellos habían declarado a este

cronista: «Areilza no es invulnerable, y hay formas de lograr que se vaya.» Incluso uno de estos políticos

nos adelantaba en las vísperas de la dimisión: "Queremos que se vaya al Senado."

No hay que olvidar, a todo esto, que el Gobierno Suárez está formado en gran parte por "tácitos" y

«udes», y que los canales de comunicación entre estos ministros y el Centro Democrático funcionan a la

perfección. El conde de Motrico llegó a la Moncloa con la dimisión en el bolsillo, tras haberse

entrevistado con algunos de estos ministros demócrata-cristianos.

Es cierto que en las «cumbres» del Poder el señor Aréilza inspiraba más recelos que confianza, pero, a

nuestro juicio, el acoso, hasta hacerle saltar, no ha provenido de la Moncloa, sino de sectores

demócrata-cristianos. Por eso parece aventurado predecir que se trate de una maniobra para dejar el

camino libre al presidente Suárez en el Centro Democrático. En primer lugar porque el primer ministro

aún no tiene decidida su posición electoral; en segundo lugar, porque con este conglomerado, tal como

está concebido, no juega, y en tercer lugar, porque aún va a haber corrimientos en la izquierda y en la

derecha, que pueden afectar incluso a Alianza Popular. Según nuestras fuentes, el presidente Suárez va a

aplazar su decisión.

 

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