Las cuentas claras     
 
 ABC.    13/12/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LAS CUENTAS CLARAS

Combatientes y mutilados del Ejército «rojo» o «republicano», así como sus viudas y familiares,

han visto reconocidos últimamente sus derechos a pensiones y pagas o a la reposición en

escalafones y plantillas. Una serie de disposiciones oficiales intenta de este modo borrar las

diferencias que estableció el triunfo del movimiento nacional en la última de nuestras guerras

civiles, incluso se considera seriamente la posibilidad de entregar a las organizaciones

marxistas toda esa riqueza que confusamente se denomina «el patrimonio sindical».

Esta actitud, que busca de buena fe una pacificación profunda y duradera, una auténtica

«reconciliación», es sin duda noble y generosa y sólo aplausos puede merecer de todos

aquellos españoles que, con el alma limpia de rencor, sean capaces de encarar, por encima de

cualquier niebla del pasado, la Patria despejada y luminosa del futuro.

Sin embargo, con toda su indiscutible generosidad, estas medidas se nos antojan insuficientes.

Para que el equilibrio se restablezca de verdad, para que las cuentas queden saldadas con la

equidad posible en estas conmociones, habría que compensar no ya a los particulares, sino a

la Nación entera, de otras pérdidas considerables. El oro del Banco de España fue trasladado a

Moscú en 1936.

El tesoro del «Vita» arribó en 1939 a un puerto mexicano. Este último comprendía bienes

arrebatados de las cajas particulares de los Bancos, joyas y obres de arte pertenecientes al

patrimonio de la Iglesia, una incalculable fortuna, en fin. que permitió a muchos exiliados —

quizá unos pocos— llevar una vida cómoda y que sirvió de base a muchas empresas

industriales prósperas.

Los españoles que se quedaron aquí, vencidos o vencedores, tuvieron que enfrentarse a una

difícil situación que la guerra mundial y sus consecuencias políticas agrava rían

considerablemente. Mientras del lado «nacional» se mantuvieron Intactas la agricultura y la

ganadería y en marcha Tas pocas industrias existentes, en ef lado «republicano» se llegó ai

casi total colapso de las fuentes de producción. La España vencedora tuvo que alimentar a la

vencida mientras el marxismo internacional cerraba a aquélla sus vías normales de

abastecimiento. Fue una etapa de escasez y de sacrificio en la que muchos compatriotas

lideraron hasta el extremo de entregar sus anillos de casamiento para empezar a reconstruir,

humildemente, el arrasado Tesoro Nacional.

No se defiende aquí que aquellos particulares expoliados tengan que recibir la adecuada

compensación que, por otra parte, sería legítima desde el momento en que se propugnan

restituciones mucho más discutibles. No, lo qué nos parecería justo y razonable a la hora de

echar cuentas con el pasado es que la Nación española, la gran perjudicada en la cuestión,

costeara atrasos e indemnizaciones con aquellos bienes de que fue despojada, precisamente

por ios actuales beneficiarios de esta «reconciliación administrativa».

La Justicia, que unilateralmente se reclama, sólo sería completa, total, si total y completa fuera

la previa restitución de la riqueza desaparecida. Si se quiere utilizar el año 36 como norma

válida, ha de hacerse en todas sus circunstancias. Entonces, con el oro del Banco de España y

el tesoro del «Vita», más todo lo sustraído y trasladado desde la zona «republicana», podría

establecerse un amplio fondo que atendiera con esplendidez cualquier reclamación

retrospectiva.

 

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