Sanidad y Seguridad Social     
 
 ABC.    15/02/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

SANIDAD Y SEGURIDAD SOCIAL

Abogamos en su día, y a lo largo de muchos días, por que la dispersa Sanidad Nacional de

hace unos años se agrupase en un solo organismo; y también por que no siguiese, bajo ningún

concepto, la peligrosa dicotomía que situaba en una rama a la Sanidad oficial, teórica, y en la

otra a la Sanidad práctica, la que se ejerce en los hospitales y ambulatorios pertenecientes a la

Seguridad Social.

La formación del segundo Gobierno Suárez vino a traer como buena nueva la creación de todo

un Ministerio de Sanidad y de Seguridad Social. Quedaba así, prácticamente, unificada la

Sanidad Nacional, que en algún momento llegó a depender de hasta catorce organismos

diferentes, y permanecían juntas las atribuciones de la antigua Dirección General de Sanidad y

las relativamente nuevas de la Subsecretaría de la Seguridad Social.

Sin embargo, el desequilibrio evidente que había entre los dos apellidos del Ministerio ha

llegado a extremos acaso graves. Actualmente, la Sanidad representa poco menos de un tercio

de la actividad y sobre todo del presupuesto del Ministerio. La parte social, entendiendo por tal

todo lo relacionado con pensiones, jubilaciones y demás actividades de índole similar,

representa ya algo más de los dos tercios de los dineros gigantescos que el Ministerio

administra. Y esa parte sigue creciendo, en apariencia incontrolablemente, hasta amenazar con

la asfixia de la otra, con el ahogo de la Sanidad, de quien depende en buena medida la salud

del país.

Recientemente se ha hecho público, sin duda a modo de globo sonda, de exploración de la

opinión pública, un decreto por el cual los beneficiarlos de la Seguridad Social podrían pagar un

tercio del precio de las medicinas que les sean recetadas por los médicos del Seguro. Hasta

ahora tan sólo se paga un 10 por 100 de ese precio del fármaco, con un tope máximo de 50

pesetas. Ese decreto, actualmente en estudio, si llega a ver la luz, representará, se dice

oficiosamente por el propio Ministerio, un ahorro de unos 30.000 millones de pesetas anuales.

¿Adonde ¡rían estos 30.000 millones de pesetas? ¿No acabarían por detraerse del cada vez

más menguado presupuesto sanitario?

Indudablemente el país ha de acometer el problema de su Sanidad y de su Seguridad Social

con arreglo a las posibilidades económicas y reales. Pero el tema de la salud, que es tanto

como decir el tema del presente y sobre todo el futuro del país, no puede ser en ningún caso un

objetivo secundario. El volumen presupuestario del Ministerio de Sanidad y Seguridad Social es

hoy inmenso y billonario.

¿No sería lo más lógico y razonable separar, antes de que sea tarde, la Sanidad de lo que es

estrictamente Seguridad Social?

 

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