Una creciente decepción     
 
 ABC.    09/02/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. JUEVES, 9 DE FEBRERO DE 1978. PÁG 2

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UNA CRECIENTE DECEPCIÓN

Pocas empresas españolas habrán nacido con tan general aplauso, pocas habrán despertado tantas

esperanzas como el nacimiento del Ministerio de Cultura y el enfoque que en sus primeras declaraciones

señalara su titular. Pero también pocas veces se habrán desvanecido más rápidamente esas esperanzas y

pocas se convirtieron los aplausos en tan generalizada decepción. Hace sólo siete meses eí ministro

Cabanillas fue presentado por los comentaristas como un nuevo y revolucionario Malraux. Hoy el mismo

ministro tiene suficiente olfato y sobrada inteligencia para percibir que no hay uno coló de los sectores

profesionales que dependen de su Ministerio que no píense que a las grandes palabras han sucedido muy

raquíticas, confusas y tibias realizaciones.

Todo pareció iniciarse bajo el signo de la creatividad y la democracia —consulta a docenas de

intelectuales sin discriminaciones, anuncio de proyectos audaces v realmente revolucionarios, apertura a

ia información con atractivas ruedas de Prensa—, pero a ta hora de los hechos todo fue reduciéndose a

generales, vigorosas e inútiles palabras.

¿Qué se hizo de la proyectada ley de patrimonio artístico? ¿Qué de aquel hermoso sueño del uno por

ciento cultural? ¿Cuántos convenios o cartas culturales se han firmado? ¿Dónde se fue el pían de ta gran

Fundación de las culturas hispánicas? ¿Cuándo se forma e! Consejo Superior de Cultura? ¿Qué caminos

lleva al Libro blanco de la cultura? ¿Oué pasos se han dado en el Estatuto de la Infancia y ta juventud?

¿Cuántos de los anunciados centros dramáticos se han creado? ¿Qué ocurre con ta ley de propiedad

Intelectual, con el Estatuto de Fundaciones culturales, con la reforma de la ley del libro o con la ley del

teatro?

Un largo silencio ha sumergido cuanto se anunció.

Pero no sólo es que no veamos caminar ios proyectos, la grave es el desorden en que parecen sumidos

casi todos los Departamentos del Ministerio de Cultura. Ya sorprendió a muchos la lista de directores

generales —muy ¡lustres probablemente en sus especialidades particulares, pero desconocidos casi todos

en las tareas que se les encomendaban—, pero más grave es ver que al desconocimiento ha sucedido la

ineficacia.

En e\ campo del cine pocas veces hemos comprobado mayor desorden y desconcierto.

En el del teatro se suprimieron cosas que funcionaban mediocremente, pero no se han sustituido por

nada. La marcha de los teatros nacionales resulta cada día más confusa e ineficaz. Si a alguien se ayuda,

la sociedad no lo sabe.

En el campo de la música no se ve que se haya creado nada y los pocos gestos que se han hecho no

parecen haber entusiasmado precisamente a ía afición. Los premios nacionales han seguido un camino

rutinario y Quizá aún más desconcertante.

En materia dé Prensa siguen sin resolverse los grandes problemas, tanto en lo que se refiere a la Prensa

del Estado como en la imprescindible ayuda a las empresas, ai igual que ocurre en los demás países ubres

de Europa. Las publicaciones culturales oficiales no han aportado mayor novedad que algunas polémicas.

La televisión supera —que ya es difícil— todas las marcas de desorden y confusión. Siguen suspensas

todas las actividades referentes a los departamentos de la condición femenina y de ´.a Juventud, en las que

organizaciones que, más mal que bien, pero algo funcionaban, fueron sustituidas simplemente por el

vacio. Nada eficaz se ha visto en el departamento del libro y de las bibliotecas.

Y mientras, mes tras mes, los periodistas acuden a las ruedas de Prensa organizadas por el Ministerio,

para recibir allí muchas sonrisas y pocas noticias, muchas palabras hermosas, muchos anuncios de sueños

y pocas concreciones.

Se nos dice ahora que se prepara una gran catalogación de las actividades culturales deí país, tarea que, se

anuncia, durará un año. Nadie negará el interés de esa catalogación. Pero, ¿estaremos otra vez a cero

dentro de un año? Y ese catálogo, ¿será tan mediocre, tan prácticamente Inútil como el que acaba de

elaborarse sobre tas bibliotecas?

Probablemente el fondo del asunto sea la falta de dinero. El presupuesto de este año ha atribuido al

Ministerio de Cultura e! papel de Cenicienta. Y poco puede hacerse con dinero escaso.

Pero, ¿no será también sobra de sueños y falta de auténtica creatividad, ausencia de auténticos

conocedores del medio cultural en los altos cargos de:

Ministerio?

Quizá —es cierto— sea demasiado pedir frutos en sólo siete meses. Pero sería necesario, al menos, ver ya

con claridad los caminos emprendidos. Si no, i? decepción y eí desconcierto seguirá creciendo

peligrosamente

Porque creemos en la importancia d« este Ministerio, porque valoramos la voluntad creadora de quien

está a su frente hacemos hoy esta exigente llamada di atención. No nos gustaría tener que dedicarnos

dentro ds algunos meses a hacer leña del árbol caído.

 

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