Autor: ;Nieto González, Miguel Angel. 
 Pleno del Congreso. 
 El P.S.O.E. no pudo probar sus acusaciones  :   
 Víctor Moro (U.C.D.) rebatió los argumentos socialistas y comunistas en contra de la ratificación del Acuerdo pesquero con Marruecos. 
 ABC.    16/02/1978.  Página: 1, 5-6. Páginas: 3. Párrafos: 46. 

MADRID, JUEVES 16 DE FEBRERO DE 1978 - NÚM. 22.420 DIECIOCHO PESETAS

EDICIONES URGENTES: 20 PE SETAS

ABC

DOMICILIO SOCIAL: SERRANO, 61 - MADRID DEPÓSITO LEGAL; M -13-1958 -104 PÁGS.

PLENO DEL CONGRESO

EL P.S.O.E. NO PUDO PROBAR SUS ACUSACIONES

Víctor Moro (U. C. D.) rebatió los argumentos socialistas y comunistas en contra de la ratificación del

Acuerdo pesquero con Marruecos

Madrid. (De nuestros redactores en las Cortes, Herminio Pérez Fernández y Miguel Ángel Nieto.) Por

142 Votos a favor, 174 en contra y ocho abstenciones fueron derrotadas las enmiendas socialista y

comunista a la ratificación del Tratado pesquero hispano - marroquí. El Tratado, por tanto, quedó

aprobado.

En realidad, se trataba de una sola enmienda apoyada por los dos grupos parlamentarios, pero

seguramente por estrategia prefirieron presentar una cada uño, á fin de consumir más turóos eri apoyo de

la no ratificación. Así, pudimos ver´ cómo cada una de las enmiendas fueron defendidas conjuntamente

por socialistas y comunistas en perfecta armonía.

Los cuatro turnos en contra de las enmiendas (dos por. nada una de ellas") fueron asignados a don Víctor

Moro, gran protagonista de la tarde y parte de la noche, ya que contra él: surgieron los más feroces

ataques por parte de los socialistas «a la Comisión de Asuntos Exteriores,

Durante la primera parte, es.´ decir,, la defensa y ataque de la enmienda socialista, se vio que ambos

contendientes, como diría un cronista deportivo, sólo cruzaron leves frases de estudio sin emplearse a

fondo en ataques o defensas, pero en el ambiente estaba que la artillería pesada podía intervenir en

cualquier momento. Y así fue.

TAMAMES, A GRITOS.—A las ocho y veintisiete minutos se reanudó la .sesión; en las tribunas, todavía

abarrotadas, había gran expectación. Y no era para menos.

Don Ramón Tamames subió a la tribuna para defender 1» enmienda comunista. Mas que tomar la palabra

tomó la voz, ya que el señor Tamames, desde la primera frase, empezó a dar gritos como intentando

apoyar con ellos sus argumentos.

Y en este caso no fue don Víctor Moro él objetivo de loa ataques de los^enmen-dautes, pues el diputado

comunista arremetió con tal fuerza contra el ministro de Asuntos Exteriores que, como todos sabemos,

tiene fama de no meterse con nadie, hasta tal punto de que él presidente de la Cámara tuvo que recordar al

señor Tamames la cortesía parlamentaria que debe utilizarse para dirigirse a un miembro del Gobierno

que además no es diputado, es senador.

Dijo que el Tratado era leonino, que no se marcaban los precio» de los fletes y que esto le hacia suponer

que habrá pagos por debajo de las mesas.

Arremetió después contra la falta de seriedad de los marroquíes a la hora de interpretar los acuerdos, lo

que obligará a seguir firmando Tratados siempre que ellos quieran. «Este Tratado —dijo— es

ignominioso, y lo úntao que nos podemos preguntar es: ¿cuánto tardará en Incumplirse?»

Calificó, además, el Tratado de «masca-; ada, pues ya está en marcha; como; lo prueba él hecho, de que

treinta barcos´ están´ya marroquizados, «dé los cuales, algunos —afirmó- sobrepasan las mil toneladas».

Dijo que, sin lugar a dudas, el Tratado era ambicioso, pero para Marruecos, ya que se veía que nunca´

hubo negociación, sino claudicación.

Pasó después a enjuiciar la .situación del pueblo saharaul, afirmando que lo! qué se ¿hacia hecho con el

territorio rió tenia nombre: «no fue una negociación, fue un abandono por parte de los que, gobernaban

entontes, defendiendo los intereses de unos pocos. Por eso se ha llamado a declarar a Arias Navarra y a

otros», dijo.

Y aquí que cuando comenzó a lanzar sus flechas contra don .Marcelino Oreja, que Inmediatamente, y

.con serenidad diplomática, tomó su bloc de notas para preparar la. respuesta.

«Que el señor Oreja dejé de darnos lecciones de Derecho Internacional —dijo— cada yez que habla. Que

no degrade más el Derecho internacional. El valor s* demuestra a1 frente de la marcha verde o pescando

en alta mar, no haciendo discursos.»

Fue eri ese momento cuando ´el señor Álvarez de Miranda recordó al señor Tamames qué existían unas

normas de cortesía parlamentaria.

Terminó el señor Tamames hablando de la Indignidad qué.para España supone´ el Tratado y haciendo

referencia a unas: declaraciones del coronel Rodríguez de Viguri en contra de Ja actuaclón gubernamental

en el momento dé la cesión del territorio saharaul. Hubo también un recuerdo «cariñoso» para, Kissinger,

al que acusó de «intentar meter eri el mismo saco » los polisarios ya loa comunistas, patrocinando el

abandono de los primeros y procurando la no legalización de los segundos».

MARCELINO OREJA. CEDE.—Por alusiones, el presidente de la Cámara concedió la palabra al

ministro de Asuntos Exteriores interpretando el artículo 60 del Reglamento a lo qué sé opuso el señor

Peces-Barba Interpretando el 98, por tratarse de un miembro del Gobierno. El señor Álvarez Miranda

mantuvo su postura, pero don Marcelino Oreja dijo que haría uso de la palabra al finalizar los turnos a

favor y en contra para no crear un conflicto de régimen interior.

Y volvió a la tribuna de .oradores el diputado socialista señor Marín para consumir otro turno a favor, ya

eme el señor Moro, que debía consumir los dos en contra, renuncio al primero, lo que provocó otra

protesta del señor Peces-Barba diciendo que el señor Moro, aunque fuese tan sólo un minuto, debía

consumir su turno. El señor Álvarez Miranda, un poco contrariado ya, dijo que ésa era la Interpretación

del señor Peces-Barba, pero no >Je la presidencia. d* la Cámara.

"CON FALSEDADES NO SE CONSTRUYE LA DEMOCRACIA" (Víctor Moro)

MARÍN CONTRATACA.—Don Manuel Marín cargó sus baterías y comenzó el bombardeo: «Oyendo al

señor Moro parece que be escuchado primero a un gallego, luego * un moro y después a nn sueco.» «En

la Comisión de Exteriores personalizamos las responsabilidades en los señores Calvo-So-telo y Moro y

hoy seguimos diciendo que si el Tratado se ratifica, Pescanova saldrá reforzada de este asunto.» Este que

el aperitivo.

Entró el señor Marín a exponer una cronología de los hechos para intentar demostrar cómo el señor Moro

habla realizado una gestión al frente de la Dirección General, de Pesca, tendente a proteger a Pescanova,

empresa que en 1970 comenzó a tener serlos problemas económicos. Intención que culminó con el actual

Tratado de pesca hispano-marroquí que, según él, beneficia a todas luces a esta sociedad.

Documentados si que parecían, los´ socialistas a juzgar por las cinco o seis carpetas verdes que el señor

Marín dejó sobre la mesa de oradores para Ir tomando de ellas documento tras documento em apoyo de

sus argumentos. . ;

Dijo que Pescanova, que nace en el año 00 con un capital >te 1.000 millones de pesetas, llegándose a

convertir en la primera empresa de Europa .occidental, presentaba en 1975 un déficit d« 12.696.467,64

(lo de los sesenta y cuatro céntimos lo encontró en una de las carpetas), y que entonces era director

gerente de la empresa don Víctor Moro.

Que poco después los señores Moro y Calvo-Sotelo se encuentran en Sodiga (Sociedad para el desarrollo

industrial de Galicia), siendo entonces el señor Moro vicepresidente dé esta sociedad y director gerente de

Pescanova,

Añadió que cuando Pescanova quiere vender su patrimonio porque se desmorona, dos empresas quieren

comprarla:. Unilever y Explosivos Rio Tinto, de la que era entonces consejero delegado el señor CaJvo-

Sotelo. Que hay después un Intento, al fracasar los anteriores, de que el I.N.I. se quede con Pescanova,

Intento que no se logra tampoco. Es entonces cuando el señor Calvo-Sotelo es nombrado ministro de

Comerció, y poco después don Víctor Moro director general de Pesca. ´

El señor Marín, en su larga lista de argumentos, habló del buque factoría «Galicia», que en un principio

estaba catalogado como buque mercante y qué pasó a sel inscrito en la lista de buques de pesca, cuando

no era uní buque de pesca, sólo para poder acogerse a la ley de primas al desguace. Gracias a esto ese

barco, que para la chatarra no valía más de cinco millones de pesetas, fue valorado por esta ley en ochenta

millones de pesetas.» El «Galicia» era un barco de Pescanova.

El señor Marín pasó luego á denunciar, una vez más, que el Tratado de pesca era una entrega casi

definitiva del territorio .del Sahara - Marruecos, «ya que si «líos interpretan como quieren los Acuerdos

jurisdicción, lo pueden Interpretar por soberanía».

MORO, SEGUNDA PARTE.—La atención de los asistentes creció cuando don Víctor Moro, cargado de

papeles, y también de carpetas de plástico, subió a la tribuna. La réplica tenía, qué ser contundente y lo

fue, aunque comenzó flojo y algo literario; después contestó, y con fuerza.

«He de repetir que considero un mal camino para la democracia —dijo— el de la calumnia y el de la

falsedad.»

Dijo que no era serio que el futuro del país se intentara edificar sobre posiciones partidistas cerradas.

Y pasó a contestar lo que consideró no ya una discusión puramente política, sino un ataque frontal a un

partido. «El P.S.O.E. venía atribuyéndose hasta ahora, con un» directriz monocorde y cansina, una

función ridícula —dijo—. Expedir patentes democráticas. La democracia, son ellos, los incorruptos

políticamente son ellos, la voz del pueblo son ellos. Esta función, con el diputado que os habla, .no es

posible ejercerla.»

Tras atacar la política del P.S.O.E. en Galicia, no en la época actual solamente, sino durante la República,

aseguró que él había sido elegido por los obreros y los pescadores de Pontevedra y no por los grandes

empresarios, lo que venía, a demostrar que no había actuado tanto contra sua Intereses. «Mi llata en

Pontevedra barrió en.sus pasadas elecciones, consiguiendo seis escaños de los ocho que nos

correspondía, jr Vigo, por ejemplo, es un puerto de pequeño* pescadores.»

Declaró luego que su amistad con el señor Calvo-Sotelo no había nacido en un Consejo dé

Administración, sano eí ej Instituto de Ribadeo, donde ambos hablan estudiado el Bachillerato.

Traa hacer un balance de su gestión -como director general de Pesca acusó al P. S. O. E. nuevamente d«

preparar un «dossier» bebiendo en las fuentes máa la-sólitas.

Dijo que las mismas acusaciones qu« habla escuchado en la Comisión de Asuntos Exteriores y en el

Pleno ya las conocía, por* que responden casi textualmente a las au# publicó el diario «El Alcázar», y

que no podía entender cómo el P. S. O. E. podía Informarse con los mismos que se Informó ese periódico.

Por último, y tras rebatir con pruebas arguméntales las acusaciones del P. S. O. E. sobre su gestión

partidista en favor de unas empresas determinados, los acusó de manipuladores, ya que no ofrecían los

datos completos: «El "Galicia" se inscribió en la tercera lista, es decir, como buque de pesca, porque la

ley .dice que en Ja tercera lista m registran los buques de construcción nacional que hayan de dedicarse a

la pesca o a su industrialización. Esto es á lo que se dedica un buque factoría.»

Por otro lado, ofreció como- dato el hecho de .que Pescanova, después de desguazar el barco, no habla

recibido aún ni un céntimo.

Demostró posteriormente con fechas qu» él no había intervenido, además", en ningún» de Tas

operaciones que se le Imputaban, ya que algunas de «las hablan ocurrido diez años antes de lo que el P. S.

O. E. ha dicho.

Por último, hizo un llamamiento a todo» ¡os partidos para que se ocupen seriamente del sector pesquero,

que está necesitando apoyo y comprensión. Al finalizar fue muy aplaudio.

MARCELINO OREJA, DIPLOMÁTICO.— El señor Oreja subió al estrado para responder al señor

Tamames, diciendo que como profesor de Derecho él debía saber muchas de las cosas que se habla

preguntado, y que si hacía constantes referencias al Derecho Internacional era porque no Tela otara forma

de dedicarse a la política internacional Ignorándolo: «Cuando se gobierna —concluyó— hay «ue saber

renunciar a las grandes frases y luchar cada hola 7 cada día por el bien de España.»

VOTACIÓN.—Cuando ya el presidente de la Cámara habla pedido una, urna para proceder a 1* votación

mediante papeleta se decidió realizarla por votación secreta mediante eá sistema electrónico, que arrojó

«3 resultado de 174 votos a favor de la ratificación del Tratado, 142 en contra y ocho abstenciones. A

continuación intervinieron ios señores Guerra, del P. S. O. E.; López Bravo, de A. P., y Pérez Llorca, de

U. C. D.

El señor Bravo comenzó recordando la frase de Hamtet: «Algo huele a podrido en Dinamarca>. y señaló

que U. C. D. había intentado durante el Pleno desviar la. cuestión de fondo en función de unos nombres

propios, dentro y fuera del Parlamento.

Ratificó los declaraciones en el sentido de que ciertos miembros del Gobierno le habían mostrado su

buena disposición sobre el enfoque que presentaba el informe socialista expuesto en la Comisión de

Asuntos Exteriores, y dije que el grupo socialista no había caído en la trampa de facultar una victoria

pírrica a algunos grupos de U.C.D..

El tenor López Bravo manifestó que el Acuerdo no era paradigmático para las partes signatarias, pero

habla sido apoyado por la tercera Asamblea Suratlántlca de la Pesca. Dijo también que permitirá, vivir a

unas 350.000 ó 430.000 personas, y señaló Que su grupo considera preciso que el pueblo saharaul ejerza

su derecho a la autodeterminación.

El señor Pérez Llorca manifestó que la explicación de voto nada tenia que ver con pataletas al problemas

de jugos biliares. El P. S. O. E., añadió, no ha dado una sensación de capacidad de encaje de derrota, y

dijo que a U. C. D. se le habla querido poner un bozal.

Calificó de utópica la posición socialista, que desconoce la realidad Internacional, y «dijo que la

alternativa a la no ratificación era. efectivamente, hamletlana, como en el drama de Shakespeare, donde

murió hasta el apuntador. La posición de U. C. D. es una posición pacifista, porque hubiera sido preciso

utilizar nuestros barcos de guerra para proteger a los pesqueros que quisieran faenar en las- aguas del

Tratado «n caso de no ratificarlo.

A las once y media de la noche el presidente del Congreso levantó la sesión.

 

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