Un gambito con Canarias     
 
 ABC.    19/07/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MIÉRCOLES, 19 DE JULIO DE 1978. PÁG. 2

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UN GAMBITO CON LAS CANARIAS

Los comunistas han elaborado un memorándum sobre los datos históricos y las circunstancias políticas

del archipiélago canario, que distribuyeron, según informan, a los regímenes progresistas africanos:

partícipes, con los demás Gobiernos del Continente, en la Conferencia de Jartum.

No es lo más novedoso y llamativo de tal documento, en el capítulo de sus conclusiones, el ataque que

contiene al M. P. A. I. A. C.; tanto cuando habla de sus motivaciones últimas como cuando alude a su

notoria falta de apoyo popular, igual en los núcleos urbanos que en los medios campesinos de las islas. Lo

más notable del memorándum comunista «obre las Canarias consiste, en nuestra opinión, en la propuesta

neutralista contenida en sus conclusiones.

Lo sospechábamos antes de que !o expresaran por escrito. El maximalismo de la propuesta del M.P.A.

I.A. C. —la separación de las islas de la patria común española— es algo tan disparatado que no tiene

sitio en cabeza alguna, ni en la más calenturienta y apasionada de África. Es dislate tan descomunal que

nunca mereció en realidad para la propia O. U. A. otra consideración que la inferida del rango progresista

del Gobierno que la financiaba y postulaba.

Son rarísimas las ocasiones en que se dan los actos gratuitos en política; más escasas aún si la política de

que se trata no es la de un solo país, sino la de un colectivo o pluralidad de ellos. Por eso, entendemos, la

no gratuidad del empeño argelino en patrocjnar a Cubillo y sus parcas mesnadas radicaba y radica en el

objetivo final ahora propuesto por los comunistas de Canarias: la neutralización estratégica del

archipiélago. De lo que se trata es de un gambito, en términos de ajedrez diplomático.

Toda la artillería gruesa se ha centrado, cebado y casi quemado en machacar dialécticamente el enunciado

maximalista argel inocubillesco. Por ahí se han ¡do las fuerzas de la cordura, del esfuerzo político y del

patriotismo. Pero resulta ahora, conforme la concreta propuesta del Partido Comunista de España

(canario), que salvándose formalmente definiciones básicas de patriotismo, y capitalizando lo esencial de

los esfuerzos vertidos en la trampa, en el gambito argelino, se propone una fórmula a la que Argel no sólo

se avendrá finalmente, sino que era lo perseguido desde el principio por el bumedianismo: desarbolar la

función de portaaviones que tendrían eventualmente las Canarias en ia hipótesis de una integración

institucional y orgánica de España en la defensa de los intereses de Occidente.

Las simpatías argelinas y de los comunistas todos, con o sin el prefijo «euro», por los actores principales

en las iniciativas revolucionarias que bullen en el Continente africano, desde las costas índicas y del mar

Rojo a las costas atlánticas, es cosa manifiesta. No necesita de presentación alguna él apoyo internacional

del comunismo al proceso estratégico de acoso que la U.R.S.S. desarrolla sobre las rutas del petróleo,

tanto al ramal que asciende hacia Europa como a la derrota seguida hasta los puertos de América del

Norte. Su militancia y su interés son notorios.

Notorio es también la importancia del capital estratégico que, en este contexto, tienen las Canarias. Y

entendemos aquí nosotros que no están los intereses de España por una formulación de política exterior

en términos menos ajustados a los países del Tercer Mundo que a su explotación por los alineamiento del

imperialismo soviético; bien los postule directamente Moscú, o los aplaudan desde sus aledaños. Los

intereses de España, por limitaciones y por potencialidades de su geografía, y por exigencias de su propia

Historia, están en el mundo occidental.

En resumen, una vez más, como en el caso del Sahara —que sirvió a Argelia de trampolín para relanzar el

tema de Canarias—, partidos de la izquierda marxista subordinan los intereses nacionales a las

necesidades de sus ideologías y de sus obediencias. Para un viaje así —el de condenar al M. P.A. I.A. C.

y postular, como en el fondo Argelia quiere, la neutralización estratégica de Canarias— no sé necesitaban

alforjas. Y sobraban, a nuestro modesto entender, todas las programas de patriotismo.

 

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