Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Respuesta a un joven     
 
 ABC.    20/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. DOMINGO 20 DE MARZO DE 1977.

APUNTE POLÍTICO

Respuesta a un joven

Por José María RUIZ GALLARDÓN

Me pide usted, querido amigo, desde sus espléndidos veinte años, que le explique cuál es el papel de la

juventud no revolucionaria en la hora política de la España de hoy. Nada puede serme más grato y si algo

atenaza mi pluma es la responsabilidad que contraigo al responder a su pregunta. Porque sé y me consta

que, frente a lo que una visión superficial pudiera ofrecer, es esa palabra, responsabilidad —y lo mucho

que ella significa—, lo que prima en el quehacer de la mayoría de la juventud española de hoy. Somos

muchos los hombres maduros los que confiamos, precisamente, en el profundo sentido de la

responsabilidad de ustedes.

Desde ese convencimiento le escribo. Y como usted solicita, desde esta, columna de ABC.

Lo primero que creo mi deber decirle es que cobren conciencia de su compromiso con todo el cuerpo

social. Ser joven es transitorio. Ustedes lo saben tan bien como yo. Por eso me parece demagogia, barata

y malintencionada, toda explotación o manipulación interesada de esa circunstancia. No hay razones

jóvenes e viejas: hay razones sin más. Su papel en la política española debe comenzar por la profesión

personal de fe en la razón. Tienen ustedes hoy capacidad y medios sobrados para enfrentarse con los

problemas políticos. Háganlo, pero desde una perspectiva racional. No den la razón a quien más grite,

sino a quien, sencillamente, la tenga.

Ese culto a la razón ha de ser, como consecuencia de su misma juventud, servicio apasionada y generoso.

Así sí cabe aludir y referirse su condición de jóvenes. Porque es propio de ustedes la entrega sin reservas

a aquellos que meditadamente, consideran mejor para la comunidad. En este sentido las palabras paz y

libertad deben ser unidas, mantenidas y exigidas, con toda la lúcida pasión y generosidad que les

caracteriza.

Y permítame que me detenga un instante en este punto. Ustedes saben que hay quien dice que «no se

lleva» entre los jóvenes la defensa de un ideal de paz para nuestro pueblo. Ustedes conocen, quizá mejor

que yo, que cuando se defiende el sano orden social, sustento — dispensable de la paz ciudadana, es más

que probable que se les tache de reaccionarios. Pero yo presunto a su conciencia si lo que ustedes quieren

entregar a las generaciones que les sigan es un país dividido, enfrentado, beligerante de unos contra otros,

o un país en paz. Y si no es de la máxima responsabilidad adelantar las defensas de unos valores

primarios de la convivencia que son los que permiten —los únicos sobre los que es posible— sustentar la

libertad. Libertad de todos, y por consiguiente, de cada uno. Esa concatenación entre paz y libertad —

repito, para todos— sólo tiene un camino, una posibilidad de realización: la justicia. Prediquen,

proclamen y actúen con justicia, para que sean posibles la paz y la libertad.

Es desde esas premisas desde las que ustedes pueden y deben ser la conciencia critica de la política

española. Inconformistas con la injusticia, defensores de la libertad real y sosteniendo siempre el gran

bien de la paz. Critiquen ustedes con tanta pasión como objetividad racional, porque su critica la más

desinteresada e imaginativa, nos es necesaria para purificar el aire que respiramos.

Sé que he utilizado sólo grandes palabras. Pero no quisiera dejarlas reducidas a eso, a palabras. Usted me

entiende. Cuando se cree en ellas y se opera en función de ellas, las palabras dejan de serlo; pasan a ser

creencias, ideales, motor de nuestra acción y justificación última de nuestras vidas. Todo lo cual comporta

la erradicación de cualquier tipo de egoísmo. Pero ese sé que no es vicio de ustedes, porque,

sencillamente, son jóvenes.

Esperando haberle servido, le saluda su amigo.

J. M. R. G.

 

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