Autor: Pedreño Gisbert, Juan. 
   Tierra de nadie     
 
 ABC.    26/09/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

OPINIONES AJENAS, POLEMICAS, CARTAS, PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

«TIERRA DE NADIE»

Señor director:

Desearía comentar la carta que bajo ese título ha sido publicada en ese diario, el día 20 del corriente mes,

como réplica a un artículo del señor Areilza.

Tengo sesenta años de edad y pertenezco de nacimiento y situación a la burguesía. (Naturalmente, sin

carga peyorativa; por la tercera acepción del diccionario de la Real Academia.)

Implica esto haber vivido en lo político todas las convulsiones, desde la Monarquía parlamentaria hasta

estos momentos de transición. Nunca pertenecí a ningún partido político o sucedáneo del mismo, ni antes

ni después de la guerra civil, que empezó cuando yo tenía veinte años. Tenia entonces amigos y

compañeros de todas las ideologías, pese a lo cual padecí mi ración de tragedia, terror, malos ratos y

aventuras, figurando mi nombre por ahí en alguno de lo numerosos (¡ay!, numerosísimos) libros que han

estudiado y desmenuzado la terrible contienda fraticida.

Con toda esta explicación lo único que pretendo es resaltar mi vulgaridad. Me considero, con toda

sinceridad y sin reserva alguna, un ejemplar de la clase media actual y creo que ésta, afortunadamente,

forma hoy mayoría en nuestro país. Una clase media poco comprometida o arraigada en los medios

políticos, o de poder porque no se le ha dado oportunidad de hacerlo con honestidad y sinceridad.

Volver otra vez al «quien no está conmigo está contra mí» me aterra y me hace rememorar azar

geográfico en la guerra civil, que determinó tantos rumbos humanos y tantos dramas.

Yo me permito rogar al señor López-Montero López que analice los programas

y las diferencias que separan a los partidos políticos de cualquier país europeo occidental. En esos

espectros políticos de cualquier país hay siempre unos extremos de irresponsables fanatizados, unos

creyentes en la posibilidad de sociedades perfectas o idílicas que ni han existido ni existirán jamás, por la

misma condición humana, y otros totalmente escépticos y despreciativos de las mayorías, que sólo creen

posible cómo gobierno eficaz un despotismo ilustrado y paternalista, regido por elites minoritarias

designadas, en la mayoría de los casos, por la poco fiable ley de la herencia.

Pues bien: fuera de esos extremos, creo que en el resto hay muchos más puntos de coincidencia que de

discrepancia, y esa amplia zona de pensamiento político es «tierra, de nadie» en España, y a ella debemos

acudir, tenemos el deber de acudir, todos los españoles responsables y de buena voluntad para negociar

esa paz y esa convivencia que todos deseamos y que sólo en esa «tierra de nadie», hoy, se puede lograr.

—Juan PEDREÑO GISBERT.

 

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