Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   El teniente Castillo fue asesinado por negarse a participar en el de Calvo Sotelo     
 
 Ya.    13/07/1977.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

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INFORMACIÓN NACIONAL

13-VII-77

El teniente Castillo fue asesinado por negarse a participar en el de Calvo Sotelo

Una novedad en la trágica noche de don José Calvo Sotelo • Minuciosa preparación

por parte de los hombres de confianza de Casares Quiroga y en la Dirección General de

Seguridad • El testimonio de un policía a un periodista.

A las once de la mañana del 10 de julio de 1936 me recibía don José Calvo Sotelo en su cata, de la calle

de Velázquez. £1 motivo de este encuentro obedecía a un despacho extraordinario que yo, como

vicesecretario general de Renovación Española, en funciones de secretario general en aquel momento, por

enfermedad del titular, había solicitado del vicepresidente del Partido Monárquico y jefe del bloque na-

cional. Los asuntos que llevaba en cartera eran graves. Don Antonio Goieoechea. presidente de

Renovación Española, había dejado de hecho que Calvo Sotelo asumiera la dirección suprema de un gran

número de actividades que desbordaban, por su trascendencia para el futuro de España, las propias de

ordinaria administración de la organización monárquica, las tres as u n t o s fundamentales que llevaba a

Calvo Sotelo eran los siguientes; Él primero, comunicarle unas concretas noticias que se Referían a su

chófer, en orden a indiscreciones o denuncias por parte de éste señalando algunas reuniones tenidas por

Calvo Sotelo con elementos militares en su propio coche en apartadas carreteras de Toledo.´ El segundo

atañía a rumores dentro de la Casa del Pueblo, recogidos por un confidente que teníamos en el Partido

Socialista, de que se proyectaba asesinarle, juntamente con Goicoechea y Gil Robles. Y, finalmente, la

tercera cuestión planteaba el delicado problema del cambio de los agentes de escolta que le tenía asignada

la Dirección General de Seguridad, ya que los cesados habían termina do por ser de la confianza plena del

jefe monárquico y los nuevos eran rabiosamente izquierdistas. I-a propuesta que llevaba a Calvo Sotelo

era rogarle aceptara una guardia personal de mucha; chos de Renovación Española, exactamente el mismo

grupo que yo había seleccionado para custodiarle en los viajes a provincias, y que en Madrid prestarían

servicio en el portal de su casa, siguiéndole, en sus desplazamientos por la ciudad, a una prudente

distancia y siempre detrás del coche de la Policía de escolta».

Con el tono severo y el gesto preocupado de quien se sabía protagonista de dramáticos acontecimientos,

me respondió, «or* iprendi.éndose mucho de las indie-orecioties y noticias suministrar das por su chófer,

dieiénáotne que extremaría la prudencia, aunque ya eran escasas las entrevistas que aún debía de celebrar,

dado que lo que se esperaba, para que el movimiento militar se llevara a cabo, era un respuesta afirmativa

de fuera de la Península. En cuanto a loe rumores de un atentado contra él por elementos .Socialistas no lo

creía, y sí, en cambio, que un golpe criminal podría partir de loe propios aledaños del Gobierno, si >»ran

ciertas otras noticias qué él poseía y que había transmitido tanto a Goicoechea como a Gil Robles. En

cuanto a una custodia por elementos jóvenes de. Renovación Española, me d i jo que la consideraba

inútil, al rio pocfcer armarles, y, de hacerlo, serían detenidos por los propios agentes oficiales de su

escolta. Al despedirme, me .añadió qué aquellos días eran difíciles y preocupantes, parque el Gobierno de

Casares Quiroga sabía qué sé (preparaba una insurrección militar y civil, pero sin acertar a conocer

exactamente las claves, y los personajes de la conjura. Sin embargo, los gobernantes republicanos no

habían olvidado estas palabras de Calvo Sotelo: "España está en el umbral del comunismo y hay que

evitar que la Patria perezca bajo la ola roja." Y también había dicho antes a Casares Quiroga las mismas

palabras que Santo Domingo de Silos a un rey castellano: "Señor, la vida podéis quitarme, pero más no

podéis. Y es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio."

Inminencia del peligro

El día 11 de julio, siguiente al de mi entrevista con Calvo Sote-lo, recibí en mi despacho de Renovación

Española la visita urgente y angustiada de nuestra confidente en el Partido Socialista, comunicándome

que se seguía hablando, pero con más insistencia todavía, de que era inminente el asesinato de Calvo

Sotelo, Goicoechea y Gil Robles. A mis preguntas para concretar detalles, me dijo que no era fácil

obtenerlos, porque se comenzaba a desconfiar de él, y tan sólo me señaló su creencia de que se trataba de

buscar un pretexto ó urdir un plan que justificara ante la opinión nacional e internacional el asesinato de

los tres jefes políticos de la derecha. Sin pérdida de tiempo hablé con Goicoechea, y me contestó que

también había recibido noticias semejantes por otros conductos, pero que se estaban tomando las

oportunas precauciones, bien para que los amenazadas no durmieran en sus domicilios o para no abrir las

puertas ante cualquier intento de asalto nocturno. No. obstante, el jefe de Renovación se negaba a creer

que cualquier atentado contra ellos sé asumiera por él Gobierno la responsabilidad de organizarlo y

ordenarlo a través de elementos secundarios del poder. Entendía, en cambio, que era

necesario precaverse contra los pistoleros y asesinos de las organizaciones de Izquierda y advertir al

presidente del Consejo y al ministro dé te Gobernación del deber que tenían de defenderles y ampararles.

El cadáver del teniente Castillo

Un periodista llamado Benjamín Bentura, con b—que fue más tarde redactor jefe de Logos—, y que hacía

información de sucesos en la Dirección General d« Seguridad, contó que a las cuatro y diez de la

madrugada del 13 de julio vio, desde el propio despacho donde trabajaba, un numeroso grupo de guardias

de Asalto que salía de la Dirección por la puerta de la calle de. Víctor Hugo. A poco llegaba una carroza

fúnebre, seguida por buen ´número de cochee oficiales. El féretro que contenía los restos del teniente

Castillo fue colocado en la carroza. Un hombre joven, que había salido de la Dirección y del cual unos

dijeron que era hermano de Castillo y otros primo carnal, que ejercía el cango de abogado del Socorro

Rojo, se dirigió al grupo que formaban el director general de Seguridad, Alonso Mallo!, y los comisarios

Aparicio, Laño y Rivas, gritando: "¡Cobardes! Sacáis el cadáver a estas horas porque tenéis miedo. Le

habéis matado vosotros." Añade Bentura que metieron a aquel ´ hombre en un automóvil y partió la

carroza fúnebre a toda velocidad y tras ella los coches oficiales. Pero lo más importante d» esta revelación

es lo que textualmente cuenta a continuación el mismo testigo: "Tenía yo una Información

interesantísima, que hubiera sido locura publicar en "ESI Debate" o en cualquier otro periódico. Me la

había facilitado un amigo mío, inspector de Policía. El tampoco el hubiera atrevido en aquellos momentos

a confiaría.a persona en la que no hubiera tenido absoluta confianza. Poco mas o menos, lo que me dijo

fue lo siguiente.

Un testimonio clarísimo

"Recordará usted que cuando me contó´ que Alonso Mallol, (el director general de Seguridad) había dicho

que el teniente Castillo fue asesinado por los fascistas, como venganza por suponerle autor de la agresión

contra un grupo de falangistas en la calle de Torrijos, le dije que ni usted ni yo podíamos creer tal patraña.

Habrá observado usted, como he observado yo, que en el asunto del asesinato de Castillo no ha actuado el

juez. Esto hizo que mis sospechas aumentaran y decidí enterarme de cómo había sido muerto el teniente

Castillo. Si he de decir la verdad, no he sido el único que lía tenido interés en averiguar esto. Hemos

puesto buen cuidado en que no se tuviera noticia de nuestras actividades, y puedo asegurarle lo siguiente:

el teniente Castillo fue asesinado por las mismas personas que horas después secuestraron y asesinaron al

señor Calvo Sotelo. Esto es absolutamente cierto. El teniente Castillo era amigo intimo del teniente

Moreno. Ellos, con el capitán Condes, eran los hombres de confianza di Casares Quiroga. Hace ya

muchos días que. se decretó el asesinato de Calvo Sotelo a fecha fija Se llamó al capitán y a los dos

tenientes y se les confió la criminal tarea. Faltaba por designar cuál de ellos había de ser el que con la

gente que había ya preparada diera cima a la empresa de asesinar al ex ministro, de la Dictadura."

"Pocos días después, Castillo comunicó a. sus amigos qué lo había pensado bien y que no estaba

dispuesto a tomar parte en el asesinato de Calvo Sotelo. Condes y Moreno le tildaron de cobarde y de

traidor. Castillo afirmaba que podían contar con él para planear cuantos asuntos hicieran falta, pero que ni

en lo de Calvo Sotelo ni en cualquier otro asesinato quería intervenir. Moreno y Condes prescindieron de

Castillo y pencaron un nuevo plan. Aquel desgraciado podía ayudarles aun en contra de su voluntad.

Claro que su negativa le iba a costar cara, pero para los afanes ´que perseguían resultaría provechosa. Y

como se pensó, se hizo. Unos guardias vestidos de paisano esperaron el paso, del teniente Castillo.

Dispararon contra él y fueron a refugiarse en la Casa del Pueblo. Muerto Castillo, se dice que los asesinos

han sido los fascistas, y horas después los asesinos del teniente Castillo acuerdan con el teniente Moreno

y el capitán Condes, en el cuartelillo de Pon-tejos, la forma en que se han de llevar a cabo los secuestros y

asesinatos de Calvo Sotelo, Goicocohea y Gil Robles. Ha querido el Albísimo que únicamente Calvo

Sotelo, el elegido, cayera asesinado. Se dice que la muerte de don José Calvo Sotelo ha sido una

represalia por la del teniente Castillo, y lo cierto es que este último fue asesinado porque se negó a matar

al .señor Calvo Sotelo. Todo, como usted ve, muy bien planeado.´´

LA CASA DE CALVO SOTELO

Los guardias oficiales de la República que constituían la pequeña turba armada llegan, dirigidos por el

capitán Condes, a la puerta del piso de Calvo Sotelo. Se hace .sonar el timbre imperativa e

insistentemente. Una sirvienta abre y el cortejo del crimen, del Estado irrumpe, en flagrante violación del

domicilio, con alevosía y nocturnidad. Calvo Sotelo aparece en bata y se enfrenta con Condes, que

anuncia debe hacer un registro y llevarle a la Dirección General de Seguridad para ser interrogado. Le

hace saber que su inmunidad parlamentaria. debe ser respetada, pero que, no obstante,-accede a que se

registre la casa. Comienza una farsa, que es moverse por las habitaciones sin. intentar examinar nada. En

si despacho y en la máquina de escribir,1 que tanto utilizaba Calvo Sotelo, había una cuartilla con una

sola línea que decía lo siguiente: "España está en ruinas. Vamos a reconstruirla." Mientras tanto,

Victoriano Cuenca cortó los hilos del teléfono para evitar toda comunicación. Pesé a todo .10 que estaba

presenciando, el insigne jefe político creyó que el carné de la Guardia Civil de Condés era, en cualquier

caso, una garantía, y una esperanza de que nada grave y .definitiva podía sucedería. Sin embargó, cuándo

vio cómo el capitán cogió una pequeña bandera roja y gualda y ía deshizo entre sus manos, todas sus

ilusiones se desvanecieron. Entonces instó para que registraran en serio y le contestaron que la casa era

demasiada grande y no valía la .pena, y que lo mejor era salir para la Dirección General de Seguridad.

El crimen, en lo calle Ayala.

Ya convencido de que era in-útil teda resistencia, con sólo mujeres y niños en casa, pidió que le dejaran

vestirse, autorizándole con tres guardias delante. Inmediatamente fue la. dramática despedida de su mujer

y de sus hijos. Sin una convicción muy firme, pero para dar ánimo a su esposa, le dice que volverá pronto.

Baja la escalera con la cabe za erguida y el paso firme, rodeado de los que van a ser sus verdugos. Condes

le ordena montar en la camioneta y ocupar un asiento en el tercer departamento, de cara a la dirección.

Exactamente detrás de él se situó el pistolero y guardaespaldas de Indalecio Prieto, Victoriano Cuenca.

Montados guardias; y paisanos, eí vehículo inicia una vertiginosa carrera, dirigiéndose a la calle de

Alcalá, pero torciendo al llegar a Ayala, donde Cuenca ení-puño la pistola y, aprovechando el ruido del

motor, aceleradísimo, disparó dos veces en la nuca de Calvo Sotelo, que cayó pesadamente hacia

adelante. El conductor, al sentir los disparos, frenó la marcha, pero Condes- gritó: "De prisa." La

camioneta número 17 aumentó la velocidad, dirigiéndose hacia el cementerio del Este, mientras varios de

los pai-sanes empujaron con pies y manos el "cadáver debajo de los asientos.. Ya en el cementerio,

descendieron del vehículo el capitán Condes y José del Rey, dirigiéndose al -puesto de guardia y

regresando con dos vigilantes. Acto seguido ordenó el capitán Condés que se bajara el cadáver, diciendo:

"Debe ser un sereno que hemos encontrado en la vía pública." Con gran esfuerzo se consiguió sacarlo de

debajo del asiento, donde estaba prensado, dejándole junto a los arcos que existen a la entrada de la

Almudena.

APARECE EL CADÁVER

A las nueve y media de la mañana, mientras los amigos del asesinado lo buscábamos desesperadamente y

estaba a punto de producirse la identificación del" cadáver, llegó al Juzgado de guardia mimero 3 la

primera comunicación inicial del sumario. Era de la Dirección General de Seguridad—afirma el jue/—y

en términos sobremanera lacónicos manifestaba que el señor Calvo Sotelo había sido sacado de su

domicilio y que hacía gestiones para averiguar su paradero. Minutos más tarde llegaba al Juzgado una

segunda comunicación del mismo organismo oficial, en que se- añadía que el señor Calvo Sotelo desde su

domicilio había sido llevado eh una camioneta por un grupo de desconocidos, según manifestaban dos

guardias Se Seguridad, de servicio a la puerta de la casa de dicho señor, y que comparecerían a la

presencia judicial. El juez dice: "ka Dirección de Seguridad no había cuidado de formalizar tan

importantes testimonios. Procedía verlos. Sus declaraciones fueron tan unánimes como explícitas y

sinceras." Y en esencia dijeron: "Que estaban de servicio a la puerta de la casa del señor Calvo Sotelo la

noche última, y a las dos y me di», poco más o menos, paró ante ellos una camioneta oficial ocupada por

una veintena de hombres, vestidos unos de uniforme de la Guardia de Asalto y otros de paisano. Un grupo

quiso penetrar en ,1a casa y la pare ja de seguridad se opuso, pero el más caracterizado les enseñó un

carné de la Guardia Civil (oficial), alegando al propio tiempo que iba al piso del señor Calvo Sotelo a

cumplir un servicio, y ante las manifestaciones del oficial y su identificación mediante : el carné, pues iba

de paisano, le permitieron subir con algunos de sus acompañantes. Oíros de los de la camioneta quedaron

a la puerta y los demás se apostaron en las bocacalles inmediatas, impidiendo el acceso de los transeúntes,

a los que cacheaban."

"Mientras esto sucedía—añade &1 juez,, reflejando la deeilaración fte los guardias de servicio—. el señor

Calvo Sotelo se asomó al balcón, preguntando a los .declarantes si los que habían llegado eran agentes de

la autoridad, y la pareja le -contestó que .eí, e insistiendo dicho señor, dos veces más en la pregunta de si

.eran auténticos agentes, los de seguridad le repitieron otras tantas la misma. contestación

afirmativa. Pasado algún tiempo, bajo « Ja «alie el señor Calvo Sotelo con el oficial y los demás que

habían suibido al piso. La camioneta volvió a ociiparse y el oficial Invitó al señor Calvo Sotelo a subir.

Este se abstuvo, preguntando:., "Usted, capitán, ¿no sube?" El oficial te contestó: "Sí, ahora mismo." Y

entonces subió el señor Calvo Sotelo, ocupando una de las banquetas, y luego el oficial, arrancando el

vehículo en direccíón a la calle de Alcalá." E51 Juez recibió sobre las once de la mañana una térceva

comunicación de la Dirección General de Seguridad, también brevísima, en la que participaba que, según

aviso del depósito de cadáveres del cementerio del Este, había allí, sin identificar, uno que pu-diera ser el

del señor Calvo Sotelo. "La sospecha con tales antecedente»—añade el juez—hacia pensar en la

evidencia. Suspendí la declaración que estaba recibiendo a uno de los de seguridad y me trasladé al

depósito. Eira, en efecto, el cadáver del señor -Calvo Sotelo, que no mostra da señales de lucha.

Hacen desaparecer el sumario.

El juez del Juzgado número 3, cumpliendo con su deber íntegramente, dispuso incautarse de la camioneta

número 17 de la Dirección General de Seguridad. de improviso se presentó en la plaza de Pontejos e hizo

un minucioso reconocimiento de los tres o cuatro vehículos ,que utilizaban los guardias de Asalto. En uno

de ellos advirtió que estaba lavado con mayor esmero, y en la inspección Ocular descubrió la existencia

de un colorido sospechoso, al parecer de sangre, retenida en las uniones y hendiduras de las tablas del

piso. El comandante Burillo, que estaba presente en la diligencia, se mostró sorprendido de que el juez le

ordenara el traslado inmediato de la camioneta hasta la puerta del Juzgado, lo que hizo, aunque negándose

a facilitar verbalmente el nombre del oficial U oficiales que utilizaron la camioneta la noche anterior. Ya

en la puerta del Juzgado, los peritos médicos forentes, doctores Piga y Águila Collantes, confirmaron la

sospecha del juez. Las manchas eran de sangre, unas de sangre viva y otras de «sangre tniierta. Las

diligencias judiciales durante el mismo día 13 dejaron confirmados todos los extremos del asesinato de

Calvo Sotelo. Pero ese mismo día, por la noche, el Consejo de Ministros quitó dé las manos del juez de

guardia el sumario, entregándoselo a otro especial. Este sumario, como la camioneta número -17,

desaparecieron, cuando un grupo de milicianos armados, en los • primeros días de, agosto, se apoderaron

de ambos con la intención de que no quedara huella de un .crimen cte Estado perpetrado por un Gobierno

que para colmo, »e consideraba, legítimo.

Julián CORTES-CAVANILLAS

 

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