Un aroma nuevo     
 
 Diario 16.    13/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Un aroma nuevo

Los miembros del Gobierno podrían haber terminado en Carabanchel o al menos procesados por el

Tribunal de Orden Público, si sólo hace unos meses hubieran publicado un documento similar a la

declaración programática del lunes. Las ideas y el tono utilizado por el Gobierno no tienen nada que ver,

en efecto, con la prosa franquista, especializada en disimular los problemas bajo la hojarasca retórica e

incapaz de suscitar en los sufridos súbditos de la dictadura otra cosa que indiferencia e incredulidad.

Cuando hace una semana se formó el nuevo Gobierno se discutió si ideológicamente debía ubicarse en el

centro-izquierda, como querían los portavoces oficiales, o en el centro-derecha como opinaba la oposición

y una buena parte de la prensa. En el Gobierno se veía sobre todo una derecha democrática y moderna,

inédita hasta ahora en este país. Pero a la vista de la declaración programática es posible argumentar que

el aroma socialdemócrata que daban unos pocos nombres de ministros, se percibe con bastante claridad y

no sólo en la parte económica del documento que ya debe estar produciendo desmayos en la sempiterna

oligarquía.

Debe también destacarse como un ,hecho positivo la consulta con los dirigentes del PSOE y del PCE, que

supone una buena demostración de ese espíritu de diálogo, negociación y compromiso que el Gobierno

estima indispensable para la consolidación de la democracia. En muchos países democráticos vecinos,

Francia, por ejemplo, no se han logrado unas relaciones tan excelentes como las que aquí empiezan a

establecerse entre Gobierno y oposición. Esto no significa que la oposición tenga que sentirse

corresponsa-bilizada de unas medidas tomadas por el Gobierno y de las que sólo él debe responder ante el

pueblo y el Parlamento. No se trata -—suponemos— de intentar cargarle a nadie el muerto ni de escurrir

el bulto, sino de un estilo nuevo de gobernar que desmiente además otro de los sombríos mitos de la

dictadura: la incapacidad de los españoles para el diálogo y el acuerdo pacíficos.

Son ya bien conocidos los aspectos fundamentales de la declaración. Habrá que volver oportunamente

sobre ellos. Baste ahora con señalar que el propósito del Gobierno, "en primer término", de enviar a las

Cortes en el plazo más breve posible un proyecto de constitución, supone que el Parlamento elegido el 15

de junio ejercerá ante todo la función constituyente. Nada autoriza a pensar que el debate constitucional

vaya a suscitar obstáculos insalvables. Por el contrario, todos parecen estar de acuerdo en las ideas

esenciales enunciadas por el Gobierno en su declaración: garantías eficaces de los derechos individuales y

colectivos tanto políticos como sociales y económicos; responsabilidad del Gobierno ante las Cortes e

institucionalización de las regiones sobre la base de estatutos de autonomía. Desde luego, una

constitución debe abordar muchas más cuestiones, pero en las enunciadas está la trama principal de iodo

el conjunto. El pacto constitucional entre todos los partidos democráticos es ahora un tema prioritario y

un poderoso argumento contra los que con el pretexto de la "manía constituyente" soñaban con la

supervivencia del engendro político del franquismo.

 

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