Presentación de "Mañana la monarquía" de Don Carlos Iglesias Selgas. 
 Señor Areilza: "¿Por qué retrasar el futuro previsto?"     
 
 Informaciones.    12/06/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

12 de junio de 1975

VIDA POLITICA

PRESENTACION DE «MAÑANA, LA MONARQUIA», DE DON CARLOS IGLESIAS SELGAS

Señor Areilza: "¿Por qué retrasar el futuro previsto?"

MADRID, 12. (INFORMACIONES.)— ¿Por qué retrasar ese futuro previsto, pero incierto en la fecha, si

tal es la solución constitucional y el titular del porvenir se encuentra en plenitud humana y física, con un

largo, paciente y extraordinario rodaje interior y exterior en su haber? ¿Por qué no desbloquear el clima

de indecisión y confusión en que se desenvuelve actualmente la vida política y salir de una vez a la

navegación de altura con el joven piloto en el timón? Yo no se si hay gente que abandona el barco, como

ahora se dice. Lo que importa es que el navío del Estado no naufrague, porque a bordo se encuentran

treinta y cinco millones de españoles», dijo don José María de Areilza, conde de Motrico, en la

presentación del libro «Mañana, la Monarquía», de don Carlos Iglesias Selgas, celebrada ayer tarde en el

Club Internacional de Prensa.

El conde de Motrico declaró su plena identificación con el párrafo que abre el libro de su «viejo y leal

amigo»: «Mañana la Monarquía, es decir, un sistema de gobierno distinto, que habrá de obedecer a otros

fundamentos y otros condicionantes y que tendrá que encontrar su apoyo y sustentación en la confianza

popular, expresada a través de procedimientos que sean de general aceptación.»

El libro plantea el problema con que ahora se encara nuestro país: «cómo pasar de un largo periodo de

ejercicio solitario del poder por una autoridad excepcional, que ha durado casi cuarenta años, a un sistema

de gobierno regido por un rey, apoyado en una legalidad constitucional, que permita realizar esa

operación de tránsito sin sobresaltos ni rupturas, pero dando cauce y entrada al cambio efectivo al que

aspira y hacia el cual se encamina nuestra sociedad.»

SOBERANIA DEL PUEBLO

El señor de Areilza señalo que el autor piensa en la solución de que «el pueblo español ejerza su

soberanía con una especie de mandato global que permita al Gobierno enfrentarse con la ingente tarea». Y

añadió que la Monarquía no debe ser «una ideología actuante, como lo fue la República, sino que de

alguna forma, por el momento, y de las circunstancias de su implantación, debe conducir al cambio y

auspiciar la mutación política y social.»

Enumeró después los rasgos de la transformación que se espera. Entre otros: la representatividad popular:

el ejercicio garantizado de las libertades civiles; el control por la sociedad, de los Gobiernos; el cauce

holgado y auténtico de la clase trabajadora en sus organismos sindicales propios; la reforma regional; la

reconciliación de los españoles entre sí y de los españoles con el Trono, nacionalizando cada vez más la

institución monárquica; el acento del poder simbólico de la justicia que encarnó siempre la, Corona y del

mando efectivo de las Fuerzas Armadas, que ejercieron nuestros Reyes.

MONARQUIA, SISTEMA PRAGMÁTICO

Don Pio Cabanillas estaba presente en el acto. La reaparición en la escena política del ex ministro (al que

muchas personas siguen llamando «ministro») se va a convertir en obligada cita de estas presentaciones

primaverales. «Pío Cabanillas, acaso el hombre de Estado que mejor y mas generosamente ha servido al

espíritu moderno y abierto del 12 de febrero, ha hablado en un ceñido y admirable discurso de la

"dimensión integradora de la Monarquía" Ese es quizá el supremo valor, de la institución que deseamos

para España. No queremos que tenga carga dogmática. No decimos que es una panacea mágica, que en

política no existe. Creemos, por el contrario, que es un sistema realista y pragmático que no intenta hacer

milagros, sino aplicar a los problemas del país la infinita dosis de paciencia cotidiana, que es la esencia de

la buena política.»

El autor del libro, don Carlos Iglesias Selgas, agradeció «las palabras expresivas y agudas» de don José

María de Areilza, declarando que «proclamo el cambio y la fidelidad a unas ideas y sentimientos. No

tengo ningún reproche por haber servido a mi país en el Régimen y a las órdenes del General Franco».

 

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