Autor: García Serrano, Rafael. 
   Perligro: Oradores     
 
 El Alcázar.    14/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

PELIGRO: ORADORES

MIÉRCOLES, 13 JULIO. -Las cosas como son. Yo le eché cachondeo a la fecha de

inauguración de ambas Cámaras y sugerí hace unos días que la fecha 13 no estaría mal,

porque justo en ella se conmemoraba la consecuencia directa y grave de aquel momento de

impericia, totalitarismo y brutalidad que fueron las últimas Cortes republicanas. La famosa

dictadura de los trescientos energúmenos —a la que aludió José Antonio en una carta a don

Miguel Maura— arrojó sobre el peluche de los escaños el cadáver de Calvo Sotelo. Pues nada,

el 13 de julio, sin miedo al fario histórico y sin miedo al 13, que yo sé de más de un diputado y

senador que está pasando mal día y pensando "a dónde vamos a parar si así empezamos",

sus Señorías se han reunido a charlar de sus cosas ya la hora de escribir estas líneas no ha

habido más que mutuas sonrisas, saludos mutuos y rigodón en general. Los que hayan oído

ruidos de cadenas y visto sangre en las paredes se lo habrán callado por discreción. Yo espero

la mañana del 14 con voracidad lectora, y por vez primera desde hace años ya he encargado

que con el desayuno me sirvan toda la prensa de Madrid y a la mágica hora del copetín

vespertino, toda la de Madrid y si es posible alguna de provincias.

Considera, alma cristiana, que no me, he pasado al maro, ni pienso que de esta concentración

de cerebros vaya a salir nada ni justo, ni benéfico ni, acaso, entretenido. A mí lo que me

preocupan son las reseñas de los periódicos, el chismorreo de los pasillos y, singularmente los

, cronistas parlamentarios. Para mí la apertura de las Cor-es, o aperturilla, porque creo que

dentro de unos días es la grande, la de beneficencia, es como la salida de una carrera en la

que mis queridos colegas tos cronistas parlamentarios van a esforzarse para batir la memoria

de don Wenceslao Fernández Flórez, aquel maestro que de la crítica parlamentaria hizo una

obra maestra cotidiana.

Tengo la sensación, de todos modos, que dando de lado el carácter casi espiritista de algún

acta —la de "La Pasionaria" o la de don Manuel de Irujo, pongo por ejemplo— los nuevos

diputados y senadores van a ser más sencillos en sus maneras que los que les precedieron

desde las Cortes de Cádiz a las últimas de la II República, y que si se levanta un tío y empieza

a largar que "grande es Dios en el Sinaí" del primer cantazo lo borran de la nómina. Sin

embargo, es de temer que haya escondidos entre diputados y senadores algunos oradores

natos, picos de oro de ateneo y banquete e incluso ganadores de Juegos Florales y que una

tarde de estas se les salga la flor natural de su sitio y pringuen el porvenir con párrafos

perfumados y redondos. No creo que ni de éstas ni de ningunas Cortes, Senados, Parlamentos

ó Asambleas salga nunca nada de particular. De las Cortes de Franco tampoco esperé nunca

nada, y hay testimonios públicos y testigos privados de que no las tomé en serio nunca, ni las

tomaré ¡en serio ahora cuando éstas que hoy comienzan su vida demuestren que todavía son

peores. El motor de los pueblos, a mi modo de ver, está en otro lado.

Pero, en fin, yo lo único que pido a los cronistas parlamentarios es que si surge un pájaro

orador, disparen sobre él sin piedad hasta sentarlo sobre el escaño con su discurso Centro.

Porque eso se encona y es mortal de necesidad, y ya no tendrán que ocuparse más de él.

Rafael GARCÍA SERRANO

 

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