Una legalidad democrática     
 
 Arriba.    14/07/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

UNA LEGALIDAD DEMOCRÁTICA

EL primordial reflejo que ha llegado a los españoles desde las sesiones preparatorias del Congreso de

Diputados y del Senado ha sido una emoción integradora, una profunda sensación de normalidad.

Colmando un gran vacío, el histórico palacio de (a Carrera de San Jerónimo se enriquecía con la

presencia de los representantes del pueblo. Políticos que hasta hace pocos meses parecían distanciados

por un foso insalvable, ínter, cambiaban ayer saludos e incluso abrazos. Como en Gran Bretaña, como en

Estados Unidos, como en Francia, como en Sue-cia.., como, por fin, en la España de después del 15 de

junio de 1977.

Las primeras Cortes de la Corona, en la nueva etapa de nuestra historia, reflejaban así el espíritu y el

talante integrador que ha impuesto a la Monarquía su ti-tufar, Don Juan Carlos I. Allí estaba representada

la España sin privilegios ni exclusiones, el régimen de libertad y justicia que el Rey quiere. Faltan escasos

días para la solemne sesión conjunta de apertura, pero la cordialidad y distensión de estas reuniones

preparatorias son, sin duda, un buen augurio.

Hay ocasiones en que la anécdota tiene particular relieve, por cuanto testifica o da la clave de realidades

más profundas y más complejas. Las anécdotas de ayer nos hablan de un país sustantivamente

reconciliado, dispuesto a entenderse en el terreno de la razón, decidido a que el debate utilice las nobles

armas de la dialéctica, que son las propias de la lucha política en un país civilizado. Ayer, a través de la

anécdota, el talante y el gesto, los españoles vimos las Cortes de la paz civil.

En el despacho del presidente del Legislativo, Hernández Gil, coincidieron una severa anciana de ochenta

y dos años, que vivió en primera línea casi todas las trágicas discordias civiles de nuestro país en éste

siglo, y un joven político de éxito que solo tenía siete años cuando terminó la guerra. Preside éste el

Gobierno de la nación y el partido mayoritario; preside aquélla otro partido importante del país en cuanto

a resultados en las urnas. Adolfo Suárez tendió la mano a Dolores Ibarruri, acompañando el gesto de una

frase que encierra toda una lección histórica: «Me parece que no nos han presentado.» Lo trágico es que

España viviera de tal forma que las cabezas de dos fuerzas políticas de primera magnitud no hubieran

tenido ocasión de verse cara a cara. Lo reconfortante, lo esperanzador, es que ya se han encontrado, y que

ello ha tenido lugar en las Cortes, que son el terreno de la soberanía popular.

Las Cámaras han empezado a constituirseí han elegido sus presidencias, prepararán sus programas,

concretarán todos esos pequeños detalles de mecánica y de protocolo que hacen falta para echar a andar.

Todo lo harán diputados y senado, res por ellos mismos, sin interferencias, del Ejecutivo ni dictados

supérfluos, con sencillez, sin retóricas nuevas. España es la misma de siempre, pero respira- con más

desahogo. Ante la mirada atenía, tranquila, alegre y confiada del pueblo español, nace una nueva

legalidad: la legalidad democrática.

 

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