Autor: González Cerecedo, Francisco. 
 El Hemicisco. 
 Un respeto     
 
 Diario 16.    14/07/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL HEMICISCO

Un respeto

Francisco Cerecedo

Era de temer. Los honorables y aturdidos diputados y senadores del pueblo español pasaron la totalidad

de ¿ primera jornada de las recién estrenadas Cortes democráticas introduciendo con tina y otra vez,

papeletas en una urna como si estuvieran votando los atrasos de cuarenta años. Así, era natural que

Gregorio López Bravo, desde los altos escaños de Alianza Popular, tan alejados, ¡ay!, de los entrañables

bancos azules del pasado, esbozara una sonrisa indulgente y de vuelta de la partitocracia ante el incesante

fluir de diputados, papeleta en mano, camino del estrado presidencial. Son como niños, pensaría con

razón el antiguo liberal reprimido del franquismo:

SI insólito espectáculo de las Cortes en su día inaugural´ sólo podía ser resistido por las pupilas más

templadas. Suárez saludando a La Pasionaria; el PCE y parte del PSP. votando en blanco contra la

candidatura del PSOE; Laureano López Rodó, enrabietado por los rigores y los desdenes de Suárez, a

punto de votar con las mesnadas de Felipe González; el presidente electo de la Cámara, Álvarez de

Miranda, abrazando a su rival, el socialista Gómez Llórente; Carlos Zayas saludando, al pasar frente e su

escaño, al ministro con Vespino, Ignacio Camuñas, en .gesto de solidaridad massielística; el presidente

del Gobierno y los líderes de los partidos, sin guardia mora, alternando por los pasillos con el personal.

Saludos y más saludos: "Perdón, vote usted primero. No, por favor,: pase usted." Y por si fuera poco, en

el lugar más visible, en el estrado presidencial, bajo el gran escudo con el yugo y las flechas,

pudorosamente ocultos por un cortinaje, Dolores Iba-rruri y Rafael Alberti, presidiendo la sesión durante

toria la jornada.

Llanto por las condecoraciones de antaño.

Aunque en realidad, el auténtico espectáculo de las Cortes se produjo por omisión. ¿Dónde estaban

aquellas atildadas chaque-tillas blancas de antaño cargadas de merecidísimas condecoraciones? ¿Dónde la

sagrada púrpura de aquellos obispos de la ben-dición inquebrantable? ¿Qué «e hizo de la nota de color de

los procuradores saharauis habitantes de aquella finca que, antes de venderse, poseían el almirante

Carrero y el duque de Arias Navarro, enfrente de las islas Canarias? ¿Qué fue de la sonrisa azul del

camarada So-lís? Nada ya. Voto serán, más votó enamorado. Como toólos los momentos más felices, el

sueño sólo había durado cuarenta años.

—Algunos de los procuradores supervivientes de las legislaturas del frranquismo cerraban, de vez en

cuando, los ojos. Al despertar, Pilar Brabo, diputado comunista por Alicante, descendía por el .lessl-ciclo

en blue-jeans sumisa blanca y, con suprema osadía, sin sostén. Gentes del PSOE, PC, PSP y de la UCD

disponían entre sus huestes de diputados con barbas y sin corbatas. El ¡pulcro don Laureano Ló-pez Rodó

no daba crédito a sus ojos. La» plácidas sesiones de las Cortes del franquismo contaban, además, con las

figuras sedantes de damas como Pilar Primo de Rivera, Mónica Plaza, Teresa Loring, cuya sola

presencia bastaba para enfriar Jas pasiones que pudiran desencadenarse en el recinto parlamentario.

Ahora, se teme con motivo que tas figuras agraciadas de Soledad Becerril, María Teresa Revilla, Pilar

Brabo no sirvan para aplacar en el hemiciclo el Memoijium meridianum" de las interpelaciones.

Bar clandestino.

Otra de las viejas instituciones, con la siesta, del edificio de la carrera de San Jerónimo era el bar, situado,

para su mala fortuna, justamente al oteo lado de la puerta principal de las Cortes, flanqueada por los dos

leones. Por esta puerta entraba el anterior jefe del Estado, dé cuando en cuando, para revisar el estado de

conservación de las laringes de sus procuradores en el "sí" de pecho del entusiasmo indescriptible.

Cuando Franco atravesaba el inevitable recinto del bar, unas mamparas de urgencia ocultaban las

instalaciones hosteleras para que el caudillo no contemplara semejante corrupción del orden etílico, tras la

que se ocultaba, sin duda, la mano escanciadora de la masonería.

Ahora él histórico bar de las Cortes, libre de la conjura de la abstención internacional, ha recuperado eu

condición de arbitro de todas las divergencias. Hasta López Rodó se atrevió a alternar allí demráticamente

con los periodistas y esgrimir, con cierto retraso, el derecho parlamentario comparado, para justificar,

como sucede en -la República Federal Alemana, el derecho de la minoría de Alianza Popular a una de las

cuatro secretarías de la Cámara. Pero Adolfo Suárez se negó al peligroso trueque de verse alineado, desde

el primer día, con los neofranquis-tas de Alianza Popular. Con pundonor de un novillero con gañas,

López Rodó explicaba a un amigo en el bar: "Estuve personalmente tentado de en-rabietarme y dar mi

voto al PSOE." Luego le tranquilizó: "Pero nosotros no somos asi."

Otra dama de Alianza Popular, doña María Victoria Fernández diputado por la Co-ruña, seguía con grasa

atención el desfile dé votantes, sentada a ía diestra del creador de AP, Fraga Irbarne. un comentario suyo

al paso de Pilar Brabo arrancó una sonrisa cómplice de don Manuel, quien hasta aquel momento

contemplaba lo que sucedía en el recinto parlamentario con el lógico condescendiente aburrimiento de

qiüeii se ve obligado a alternatr. con gentes que, en su mayoría, no han obtenido el número uno en

ninguna oposición. Llegada su hora de votar, doña María Victoria, una señora, descesidió hasta el estrado

de la presidencia sin abandonar su bolso en el escaño. Lógica precaución. Con estos comunistas, y

socialistas aquí, nunca se sabe...

No he de callar, por más que con el dedo

La abstención de Alianza Popular y del Partido Comunista en la votación por la presidencia que

disputaban el s o c i a lista Gómez Llorente y el centrista Álvarez Miranda, aunque sorprendió a muchos,

llegó precedida de algunos signos que, a los observadores políticos más avispados .no se les escaparon.

Justamente a te doce de la mañana, Dolores Ibarruri, dio wna cabezada de sueño que raídamente corrigió.

Fina insinuación de cjae el PC preconizaba él boicot.

Bles HiiSMitos más tarde, don Manuel Fraga comenzó a hurgarse la nariz, mientras doña Victoria,

discretamente, se inclinaba & hablar con Antonio Carro. Instantes después, Fraga utilizaba el pañuelo de

bolsillo. Era suficiente. Alianza Popular devolvía el toro de la votación a los corrales.

La abstención del PC, según comentaban algunos de sus diputados en el bar, tenía por objeto rebajar !a

prepotencia que, en su opinión, utiliza el PSOE en sus relaciones con el resto de la izquierda e invitarle a

negociar las cuestiones parlamentarias en lugar de tratar de imponer sus criterios sin contrapartida. Por su

parte, el PSOE acusaba a ios comunistas de debilitar a la izquierda y haber echado una mano a Suárez,

que así pudo prescindir con comodidad de las peligrosas amistades de Alianza Popular. Pero, hasta el

momento, las divergencias se plantean con la ancha cordialidad de la democracia recién estrenada. Todos

los diputados, puestos en pie, aplaudieron al final de la tarde él esfuerzo de los cuatro secretarios provi-

sionales, con La Pasionaria y Alberti corno figuras destacadas, que encauzaron las diferentes votaciones

de la jomada inaugural. Sólo el grupo de Alianza Popular. rompió con su inveterada costumbre mantenida

desde hace cuarenta años y permaneció sentado en sus escaños sin aplaudir. No les faltaba razón. La

fiesta orgánica, la kermesse heroica de ia adhesión inquebrantable había terminado.

 

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