Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
 José María Areilza. 
 Coerción o consenso     
 
 ABC.    18/05/1975.  Página: 6, 7. 9. Páginas: 3. Párrafos: 132. 

¿HABLAMOS CLARO?

JOSE MARIA AREILZA: COERCION O CONSENSO

"SOY PLENAMENTE OPTIMISTA, YA QUE CREO EN LA NATURALEZA HUMANA Y EN EL

CRISTIANISMO, QUE HACE DEL HOMBRE UN REFLEJO DE DIOS"

Por Julián CORTES-CAVANILLAS

Decir José María Areilza, nombre político de primera magnitud, es decir una gran personalidad famosa en

la escena de la vida nacional. Ingeniero industrial, abogado, escritor, orador, embajador de España en tres

sedes de primer rango, como Buenos Aires, Washington y París, es hoy, levantada la veda de unas

injustificadas y absurdas hostilidades de tiempos recientemente pasados, una gran esperanza política para

unos, mientras para otros es un peligroso adversario, aunque sea para ¡todos un personaje con el qué hay

que contar siempre por sus altas cualidades de intelecto y cultura.

Como es norma de estos coloquios se trata de hablar claro, buscando las facetas humanas del personaje y

marginando, hasta cierto punto, lo que pudiéramos llamar la «profesionalidad» del mismo. En el caso del

conde de Motrico, político por esencia y potencia, voy a tratar de rehuir su propio campo y, en cambio,

intentaré adentrarme en su «yo», que por mi parte conozco bastante, dada mi amistad con Areilza, que

data del año 1934. ¿No es así, querido José María, al que en este coloquio no te llamaré embajador?

—Así es, y llámame con la confianza del amigo de tantos años.

—El interrogatorio comienza con el día y el año de tu nacimiento.

—Nací el 3 de agosto de 1909.

—¿A qué hora?

—A las ocho de la mañana.

—¿Quiénes fueron tus padres?

—Mí padre fue un médico de gran prestigio, humanista y cirujano. Mi madre, Emilia Martínez de Rodas,

condesa de Rodas.

—¿Y el lugar del nacimiento?

—Portugalete, villa situada, como sabes, en la ría de Bilbao.

—Tu signo del Zodiaco es el león. O sea, poder, dominación y brillo. ¿Se refleja en tu personalidad?

—Sinceramente, no me creo nada, aunque mis enemigos me ven reflejado.

—De niño, ¿cómo fuiste?

—Introvertido y lleno de inquietudes. A los ocho años me leía todos los periódicos que le llegaban a mi

padre. El mayor castigo que me podían imponer era privarme de ellos. Después, a los once años, me

impregné de Schopenhauer y, a los catorce, de Nietzsche. Tenía la ventaja de que mis padres, desde niño,

me hicieron aprender perfectamente el francés, el inglés y el alemán.

ALCALDE DE BILBAO A RAÍZ DE LA LIBERACIÓN

—¿Cuántos nombres te pusieron en el bautismo?

—Cuatro: José, María, Julián y Esteban.

—¿Cuáles son tu estatura y tu peso?

—Un metro setenta y seis y cuando hacía deporte 70 kilos máximo.

—Tus estudios.

—El Bachillerato en Bilbao. Ingeniero industrial en la Escuela, también de Bilbao. Y Derecho, por libre,

en la Universidad de Salamanca. Terminé, juntamente, Ingeniería y Abogacía en 1932.

—¿Qué vocación sentiste de niño?

—La Medicina, pero quedó frustrada en el primer curso que hice en Madrid.

—¿Cuántas novias tuviste?

—Una, con la que me casé a los veintidós años: mi actual mujer, Mercedes Churruca y Zubíría, condesa

de Motrico desde que falleció su hermano Evaristo.

—¿Cuántos hijos tienes?

—Cinco. El mayor, Enrique, después Juan, Miguel, Mercedes, casada con Joaquín Garrigues Walker, y

Cristina.

—¿Qué deporte hacías y cuál haces ahora?

—Me gustaba el atletismo. Cultivé mucho la carrera de velocidad y el salto. Fui campeón de Vizcaya en

triple salto. Y en yola, campeón de España con Enrique Careaga y Luis Ignacio Arana, allá por los años

27 y 28. Después me dediqué al alpinismo. Actualmente doy grandes paseos por el monte y hace dos años

subí al Pico del Urbión con varios amigos.

—Como espectador ¿eres muy «hincha»?

—Lo fui del Athletic de Bilbao. Hoy sigo admirando su estilo peculiar y su simpatía.

—¿Cuándo comenzaste a intervenir en política?

—El mismísimo 14 de abril de 1931. Al proclamarse la República nos lanzamos Fernando María

Castiella, Evaristo Churruca y yo contra ella, fundando la Juventud Monárquica bilbaína, que tuvo buen

éxito.

—¿Cuál fue tu primer cargo político?

—Alcalde de Bilbao, a raíz de su ocupación por las tropas nacionales.

—Tu profesión propiamente dicha ¿es la abogacía o la ingeniería?

—Ninguna de las dos, pero ambas me sirvieron de estructura de mi pensamiento y de mi dialéctica,

apoyando mis ideas desde el punto de vista tecnológico y jurídico para afrontar los grandes problemas de

la sociedad moderna.

—¿Quién fue el político español de nuestro tiempo que más admiras?

—Don Antonio Maura.

—¿Por qué?

—Creo adivinó muchas de las cosas que la derecha española tenía y debía hacer, a pesar suyo. Además

trató de llevar a cabo la revolución desde arriba, que es tanto como decir sin violencia ni demagogia.

—De haber tenido la edad, ¿hubieras sido maurista?

—Quizá, y le hubiera pedido a Maura, con la petulancia de la juventud, que se olvidase un poco de la

retórica y de los neologismos.

AMIGO DE DE GAULLE Y DE KENNEDY

—Y de fuera de España, ¿cuáles son para ti los políticos de más garra?

—De Gaulle en Europa y Kennedy en Estados Unidos. Ambos me ofrecieron una amistad que no olvidaré

nunca.

—¿Qué figura histórica del pasado es tu favorita?

—Posiblemente Julio César, porque conjuntó la vida civil y militar en sí mismo.

—¿Me quieres citar los seis escritores de ayer y de hoy que más admiras?

—Por este orden: Goethe, por haber llegado a calar como nadie, con serenidad y profundidad, en los

entresijos del alma humana. Shakespeare, por la increíble y moderna capacidad de analizar la psicologia

del hombre y el juego de los pecados capitales. y Marcel Proust, porque nadie fue capaz de bajar a las

galerías subterráneas de la memoria y salir de ellas con una obra maestra en las manos, impregnada de

cientos de miles de vivencias anímicas.

—¿Y de los españoles?

—Cervantes, porque el Quijote sigue siendo el inmenso caserón al que uno vuelve cualquier rato,

entrando por la puerta o por la ventana para descubrir cosas nuevas. Baroja, porque su mundo, que tiene

resonancias geográficas muy próximas al mío, me emociona y me hace soñar. Y don Miguel de

Unamuno, porque su fuerza creadora y atormentada resulta siempre inimitable.

—Recuerdo que hace unos dos años ofreciste en tu casa una magnífica lectura sobre Marcel Proust.

¿Quieres que te haga unas preguntas calcando su cuestionario?

—Encantado.

—¿Cuál es el primer rasgo de tu carácter?

—La curiosidad intelectual, perenne y extendida en todo lo que tiene relación con el hombre, y con mayor

acento con el hombre español.

—¿Qué cualidad deseas en el hombre y en la mujer?

—En el primero, claridad en las ideas y sensibilidad en los sentimientos. Y en una mujer, la delicadeza y

el cultivo pleno de su identidad femenina.

—¿Qué es lo que más aprecias en tus amigos?

—Que sean capaces de escucharme. Capaces de criticarme. Y capaces de ayudarme.

—¿Cuál es tu principal defecto?

—Confiar en los demás.

—¿Y tu máxima virtud?

—Mantenerme inalterable a través de las contrariedades y del clima adverso.

—¿Tu ¡ocupación preferida?

—Hasta hace unos años, leer. Ahora, escribir.

—¿Cuál sería para ti la mayor desgracia?

—Perder la fe en mí mismo.

—¿Tu color preferido?

—El azul, sin concomitancias políticas.

—¿Y como flor?

—Me quedo con el clavel, sin tampoco referencias políticas.

—¿Qué pájaro es tu favorito?

—El águila, porque ve el mundo desde arriba y simboliza el ansia del hombre hacia el absoluto.

—¿Cuál es tu músico favorito?

—Mozart. Es el único que reconozco en cuanto escucho unos pocos compases.

—¿Y tu pintor?

—Goya, que anticipa con su arte a la España moderna.

—¿Qué es lo que más detestas?

—La crueldad y la soberbia.

—¿Cuál es el lema de tu vida?

—«Vive y deja vivir.»

NUEVA YORK, EJEMPLO DE LO QUE SE PUEDE HACER

—Bueno, dejemos a Proust. ¿Eres partidario del matrimonio?

—El matrimonio es una institución necesaria para mantener la cohesión social y los valores familiares de

la convivencia humana. Lo que sucede es que, desde un punto de vista del Derecho Mercantil, no es lo

mismo un contrato que dura veinte años, por ejemplo, que el que alcanza, por la prolongación de la vida,

50 ó 60. Por eso la Iglesia tiene razón en insistir en el valor sacramental de la gracia de estado para la

conservación de la coyunda.

—¿Tienes buen carácter?

—Los que me conocen poco dicen que si. Los que me conocen mucho dicen que no. Yo me situó en el

término medio.

—¿Cómo estás de salud?

—Hasta ahora, muy bien. Pero, como decía Mauriac, a cierta edad el espíritu del hombre acaba siendo

sitiado y prisionero de la flaqueza de su cuerpo.

—¿Sueñas mucho dormido o sueñas más despierto?

—Muy poco dormido y mucho despierto, sobre todo para batir a los ordenadores mecánicos que

pretenden anular a los soñadores.

—¿Qué puntuación darías al teatro, al cine, a los toros y al fútbol?

—Teatro, 9. Cine, 7. Toros, 4. Fútbol, 2. Este último por culpa de la televisión.

—Últimamente, ¿qué película y qué libro te han gustado más?

—El filme de Luchino Visconti «La violencia y la pasión» y el volumen de Jean D´Omerson "Au plaisir

de Dieu". La una y el otro son aleccionadores por los problemas actuales que presentan.

—¿Cuál de las tres embajadas en que has representado a España te ha dejado una experiencia más rica,

política y diplomáticamente?

-—Fueron muy distintas. La de Buenos Aires representó la época de bloqueo diplomático internacional

contra España y la carencia grave de alimentos que tuvimos. A la vez, un país hispanoamericano como la

Argentina, de su importancia, ya significaba para mí un gran aprendizaje diplomático. En Washington,

capital del mundo y ciudad que no tiene otra ocupación que la política, me ofrecía un espectáculo

fascinante. Y París, siempre capital de Europa y con De Gaulle, auténticamente miel sobre hojuelas.

—Pero, ¿qué ciudad del mundo te ha dejado una huella más profunda?

—Acaso Nueva York, por su gigantismo, su monstruosidad, su trepidante dinamismo y su total

desmesura. Nueva York es un ejemplo de lo que el hombre puede hacer y, quizá, de lo que no debe hacer.

—¿Qué país admiras a fondo?

—Te diré que Suiza, porque ha sabido elegir un modelo de sociedad en que las palabras «hiper» o

«super» no existen ni prevalecen en la estructura de la comunidad, lo cual fija una escala de valores

humanos que, sin duda, contribuyen a la felicidad cualitativa del hombre.

—¿Qué hecho recuerdas que te haya impresionado mucho?

—El de devolver a los franceses, como hizo el general De Gaulle después de la tragedia guerrera, la

convicción de que componian una gran potencia mundial, sin tener los elementos en que apoyar tal

convicción.

UN HOMBRE QUE SIEMPRE TUVO FE EN ESPAÑA

—¿¡Eres optimista o pesimista?

—Soy plenamente optimista, ya que creo en la naturaleza humana y en la metafísica del cristianismo, al

hacer del hombre un reflejo de Dios, concediéndole un altísimo valor que es preciso respetar y en el que

hay que creer. El optimismo es la búsqueda de lo mejor que posee cada hombre dentro de sí mismo y su

puesta en valor para los efectos sociales.

—¿Tienes miedo a la muerte?

—Tengo miedo a encontrarme, cara a cara, con el Creador. Pero más que el miedo físico es el profundo

respeto a algo sobrecogedor y desconocido.

—¿Tendrías valor o humor de escribir tu propio epitafio?

—¿Por qué no? Escribiría: "Aquí yace un hombre que siempre tuvo fe en España".

—¿Qué es para ti la felicidad?

—La ausencia del dolor y de los grandes males que coaccionan al hombre moderno: angustia, frustración

y agresividad. La felicidad está hecha de muchos valores que hoy se olvidan o destruyen, como son el

honor, la alegría, la convivilidad, el amor, los afectos, la amistad y el diálogo.

—¿Qué te asombra más del progreso humano?

—El que no haya sido capaz de incorporar la integridad de la persona a su desarrollo gigantesco científico

y técnico.

—¿En qué consiste el éxito de un hombre?

—Alcanzar la paz consigo mismo y conquistar las metas que se propuso.

—¿Y el de una mujer?

—Ser capaz de llenar el alma y el espíritu del hombre que la quiere.

—En orden a la vestimenta, ¿cuáles son tus gustos?

—Sobriedad, sencillez, lo antillamativo, lo permanente, en colores oscuros, y corbatas de dibujos

discretos. Creo que la buena moda del hombre es la que hace que la gente se olvide de cómo iba vestido

cuando habló con él.

—¿Te gusta comer bien?

—Yo soy de una tierra en que se hace de la cocina un arte y de la comida un rito, a veces ceremonioso.

Pero la buena gastronomía se basa, sobre todo, en la calidad de los alimentos, en la sencillez de su

preparación y en el contraste de su sucesiva ingestión.

—¿Qué fenómeno de la naturaleza te causa una gran impresión?

—Contemplar de noche el cielo estrellado y pensar que somos el pequeño planeta azul perdido, como una

mota de polvo en la inmensidad, pero teniendo, sin embargo, dentro de si la llamarada del espíritu

humano que no deja de ser prodigiosa.

«COMUNICAR A LOS DEMÁS MIS SENTIMIENTOS»

—Como escritor, ¿qué temas prefieres?

—Me gusta exponer con claridad las grandes cuestiones, por complejas que sean, y me agrada dejar al

lector un buen margen para que elabore su propio juicio. Me interesa también comunicar a los demás mis

sentimientos ante el paisaje y la historia evocados en mis viajes por España.

—Sin tocar directamente !a política, ¿cómo ves el futuro de nuestro país?

—Con preocupación normal y con optimismo moderado, porque creo que aún estamos a tiempo de

corregir muchos errores que se han cometido en la civilización industrial del mundo desarrollado y

organizar el progreso más a nuestra medida.

—Si te encargasen dirigir el primer Gobierno del Rey, ¿qué inicial providencia tomarías?

—Dar al país una imagen moderna, atractiva, interesante de lo que la nueva Institución significa para

España.

—Penúltima pregunta política. ¿Crees sinceramente en las Asociaciones?

—Creo que fueron, hace algunos años, una iniciativa que pudo resultar útil. Pero acaso hoy, después del

tiempo transcurrido y de las características del marco asociativo empleado, resulten ya poco eficaces para

atraer el interés de la opinión pública mayoritaria hacia las coordenadas legales vigentes.

—Y, finalmente, ¿por dónde habría que ir resueltamente para despejar la incógnita del futuro?

—Sencillamente, a establecer un verdadero consenso social que apoye a los gobiernos en su difícil

navegación ante los grandes problemas que representan el final del siglo. No hay más que dos sistemas de

gobernar: la coerción o el consenso. El primer sistema conduce, con uno u otro nombre, al comunismo o

al fascismo. Yo me incluyo, desde luego, en el del consenso, que es el que pugna por mantener la

sociedad democrática y liberal de Occidente.

—Muchas gracias, José María, por un coloquio que imparte muchas lecciones de vida.

Julián CORTES-CAVANILLAS

 

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