Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Sólo de flauta     
 
 Informaciones.    15/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LETRAS DEL CAMBIO SOLO DE FLAUTA

Por Jaime CAMPMANY

APARTE del solo de flauta, que luego lo contaré, está lo de los pitos, que han sonado en orquesta. Las

Cortes, además de renovarse por dentro, se han renovado también por fuera. Quiero decir que han

cambiado los diputados y los curiosos. Hace pocos meses —aunque parecen siglos— los curiosos que se

agolpaban a las puertas del palacio de la Carrera de San Jerónimo, gritaban ¡Arias, Arias, Arias! Ayer, los

curiosos ya eran otros. Aplaudían a Carrillo y abucheaban a Fraga y a López Rodó. Y además se

atrevieron a increpar al presidente Suárez.

Las minorías fueron aplastadas en el hemiciclo, en virtud de los pactos y a fuerza de votos. Pero ya se

sabe que las minorías son las que más gritan en la calle. Las mayorías se quedan en casa leyendo el

periódico o viendo la televisión. Alguno de los increpantes, más audaz que los otros, persiguió unos pasos

al señor presidente mientras pronunciaba un breve, pera elocuente discurso de franca oposición. El

presidente iba acompañado por el ministro de Educación —que ya se irá enterando de lo que (e espera—

y por el ministro de Relaciones con las Cortes. Al parecer, ninguno de los acompañantes hizo movimiento

alguno para salir al quite, y oyeron como el que oye llover. En estos casos, don Iñigo Cavero debe de ser

partidario de la Universidad a distancia en vez de poner cátedra en él agora, porque ei magisterio se queda

a la intemperie. Y don Ignacio Camuñas habrá pensado que ét está para las relaciones con las Cortes, pero

no para las relaciones directas con el pueblo, por muy soberano que sea, y que para relacionarse con el

pueblo siempre es mejor hacerlo a través de intermediarios civilizados. Como cunda el ejemplo, las más

ilustres señorías y los más representativos gobernantes van a tener que empezar a utilizar la peluca de

Santiago Carrillo.

En el Congreso hay más disciplina de voto que en el Senado. En el Senado hay varios francotiradores.

Uno de ellos ha ejecutado un solo de flauta y le ha echado un voto para la presidencia a don Torcuato

Fernández-Miranda. Daría 1.000 pesetas devaluadas por saber quién ha sido ese senador. Yo creo que

habrá sido don Camilo José Ceta, que ya advirtió que él, a pesar de la designación, iba a seguir siendo un

cachondo. Lo malo es que yo creo que me moriré sin saberlo. Tampoco he logrado enterarme quién le dio

un voto a don Miguel de Unamuno para la presidencia de la República. Como diría Rubén, «toda

exé-gesvs en este caso eludo».

 

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