Energía para vascongadas     
 
 ABC.    17/07/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ENERGÍA PARA VASCONGADAS

Hace unos días, unos miles de manifestantes se concentraron en Bilbao para que constase su voluntad de

conseguir una costa vasca sin instalaciones de central» nucleares. En su superficie, la manifestación se

revestía de motivaciones ecológicas, que acaso fuesen las únicas. Pero no cabe por ello obviar la

profundidad del tema. Porque no se trata de que las centrales nucleares se coloquen, previendo las lógicas

necesidades del país, en un lugar o en otro, sino de que obedezca su instalación a unos planteamientos

rigurosos de lo que bien podría llamarse dialéctica de la proporcionalidad y de los equilibrios regionales.

Así hemos de considerar que si vascongadas es, quizá, la región española con mayor densidad de

consumo energético, en razón a su potencia industrial y comercial —que condicionan el mayor índice de

bienestar de sus gentes—, parece enteramente razonable que soporte lo que pudiéramos considerar, en

buena ley, la cuota proporcional en el esfuerzo para la obtención de la correspondiente energía.

Lo coherente, además de normal y lógico, es que las exigencias ecologistas, absolutamente respetables y

deseablemente alcanzables, no sean patrimonio de ninguna provincia o región. Y desde esta premisa, las

vascongadas no pueden considerarse excepción dentro del conjunto nacional. Sería injusto que las

centrales nucleares —energía limpia, por otra parte—, de instalación obligada para que el país siga

viviendo y pueda afrontar sin restricciones ni angustias un futuro que la región precisa, se instalasen fuera

de •us límites, en otras orovincias más o menos cercanas que carecen de esa necesidad energética.

Quizás no haya, en todo el territorio nacional, pueblo, provincia o región que admita de buen grado la

instalación de una central eléctrica, de un depósito de carburante, de un tanque de gas o de cualquier otro

tipo de almacenamiento. Molestan, asimismo, los cables de cualquier tipo, las torres de sustentación y los

postes. Parece que todos quisieran contar con las ventajas de la civilización técnica prescindiendo de

cualquier incomodidad, sin tener en cuenta las lógicas servidumbres que todo adelanto y toda mejora

comportan.

No parece lícito oponerse por sistema cualquier tipo de servidumbre pensando, egoístamente, que si el

tema es trascendente, si la necesidad es urgente, acabarán los responsables de uno u otro servicio por

encontrar otra ubicación, k> nal kjofl posible de la protesta, aunque los beneficios sigan siendo oara el

mismo lugar. ¿Sería moral que las centrales nucleares que la demanda energética vasca exige construir se

levantasen en Zamora, en Santander o en Logroño, por ejemplo? Sin necesidad siquiera de consultar a los

habitantes de estas provincias sabemos todos la respuesta.

Tiene, además, la región vascongada un tema específico, aunque su desventurado eco tenga, para

desgracia de todos, resonancia nacional. Y es el del terrorismo, el de los asesinatos a diestro y siniestro, el

de los secuestros, las voladuras y los chantajes. Vascongadas no puede arrostrar a la vez —de no jugar-

se con ello su futuro económico, »u estructura social, además— la sangría d« capitales que la continua y

salvaje acción terrorista genera, espantando a inversores y empresarios, y el estrangula-miento de sus

disponibilidades energéticas que supondría bloquear tan decisiva alternativa como es la representada por

las centrales nucleares. Porque pensar que el terrorismo acabe saliendo»* con la suya, eliminando

industrias e industriales hasta el punto de que fuera innecesaria ninguna demanda energética vascongada,

es un absurdo, algo inadmisible de todo punto, conociendo el espíritu y el tesón de los vascos.

 

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