Autor: Clemente, Josep Carles. 
 Areilza. 
 El tema sucesorio     
 
 ABC.    21/03/1975.  Página: 38. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

ABC. VIERNES 21 DE MARZO DE 1975.

AREILZA: EL TEMA SUCESORIO

Don Josep Carles Clemente entrevista en «La Actualidad Española» a don José María de Arellza, que

opina, entre otros temas, sobre la problemática española y el tránsito sucesorio:

—¿Qué problemas más acuciantes cree usted que tiene hoy el país?

—Tiene planteados los problemas de cualquier otro país del occidente europeo, es decir: crisis

económica, desequilibrio de la balanza de pagos y comercial, cotas muy altas de inflación e incipientes de

desempleo, y el malestar consiguiente a esa serie de factores negativos. A ellos se añaden los que derivan

de nuestra coyuntura interior, específica. En España está terminando un largo período, protagonizado por

una excepcional figura histórica y se abre una cambiante y nueva etapa de futuro.

Esa transición politica es, como toda modificación sustancial de la vida pública, un período de riesgo y de

preocupación. Asentar un nuevo régimen, la Monarquía, como forma activa de Estado no es tarea sencilla

ni exenta de amenazas y obstáculos. Hacer que además sirva para modificar por la vía legal aquellos

aspectos que parecen hoy anacrónicos en la ordenación vigente aumenta la dificultad del propósito.

Cuando el país es nuevo, distinto, Juvenil en su mayoría, con otra mentalidad que la de 1940, 1950 o 1960

y se halla en gran parte viviendo una existencia propia, dentro de la problemática real y a muchas leguas

de distancia de las coordenadas del lenguaje oficial, la operación resulta más compleja todavía.

En ese sintético resumen tiene usted expresada mi opinión sobre los problemas prioritarios que tiene

planteados nuestra colectividad.

ASOCIACIONES POLÍTICAS

—¿Piensa usted que las asociaciones políticas son un primer paso hacia la legalización de los partidos

políticos?

—Creo que el movimiento asociacionista, que data de hace muchos años, era una de las pocas salidas que

tenía el sistema para abrirse a las exigencias de la sociedad española, cambiante y evolucionada.

Era un cauce que se podía establecer para canalizar las opiniones y dar comienzo al largo y penoso

camino de trazar, dentro de la Ley, una convivencia democrática en un clima de libertades.

El retraso en poner en marcha ese proyecto y los reiterados naufragios que tuvo, no han hecho sino

agravar las circunstancias de su lanzamiento.

De una parte, porque la comunidad exige más para empezar. Y de otro lado, porque se corre mayor

riesgo. Tocqueville decía que la hora de las reformas, después de un largo período estático, era la más

peligrosa y la que ponía verdaderamente a prueba el genio de un hombre de Estado.

Para que las asociaciones sean válidas y el ensayo tenga signo positivo, habría que evitar que fueran

simples movimientos teledirigidos desde el Poder. Es decir, que tendrían que apoyarse realmente en una

base popular. El Estatuto, recientemente aprobado, sería eficaz en tanto que logre una incorporación

extensa de cuantos sectores se hallan situados entre el Movimiento-organización y la revolución

subversiva. O en otras palabras, en tanto que sirva para que se organice la moderación.

A continuación Areilza expone sus ideas sobre el tema sucesorio y sobra la necesidad de programarlo con

tiempo.

SUCESIÓN

—En este orden de cosas, voy a hacerle una pregunta quizá algo delicada. Cuando se produzca el tránsito

sucesorio, ¿cree usted que le corresponderá jugar algún papel importante?

—Dependerá del cuándo y del cómo se produzca ese momento a que usted se refiere. Mi filiación política

es conocida de siempre: soy monárquico de convicción y lealtad. Pero Jamás he pensado que se deba

hacer de la Monarquía una plataforma partidista, sino una institución integradora, que supere

antagonismos y divergencias y reconcilie a los españoles entre sí. La Monarquía debe ser lo contrario de

la guerra civil: la paz civil, la «concordia ciudadana» de que habló el poeta.

—¿Como ve usted, desde las actuales circunstancias, este tránsito sucesorio?

—Personalmente, si tuviese oportunidad y audiencia para dar un desinteresado consejo, diría que las

condiciones ideales para que el tránsito se llevara a cabo del modo más seguro y adecuado posible, sería

programarlo con tiempo, a fecha fija, anunciándolo incluso con antelación, con lo que las operaciones del

mismo se desarrollarían con serenidad, con sosiego y con perfecta organización.

Un proceso de esa naturaleza es siempre materia compleja y, en algunos aspectos, delicada. Recuerda

haber leído en la Prensa norteamericana los detalles del minucioso «planning» que -el equipo del entonces

vicepresidente Ford había preparado con gran antelación para la inevitable transferencia del poder de

Nixon a él, que se anunciaba desde meses antes. ¿En qué se habría de perjudicar el desenlace previsto, por

prepararlo a plazo fijo? ¿No sería esa la operación final y más importante de una larga y excepcional

etapa histórica de España? ¿No tendría derecho el pueblo español a saber de antemano cuáles son los

plazos razonables de su futuro Institucional? ¿Por qué habríamos de pensar que el «suspense», la

indeterminación, las dudas o las decisiones repentinas son más ventajosas en política que las etapas

conocidas, las fechas programadas o la planificación del porvenir?

 

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