El aplauso     
 
 El Alcázar.    22/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL APLAUSO

El editorial de "El País" del día 21 se titulaba "No regatear el aplauso". Invitaba en el mismo a

diputados y senadores, sin distinción de ideologías, a no regatear su reconocimiento al Rey

cuando les hablara en las Cortes.

El título del editorial nos causó sobresalto. Creíamos haber vuelto, no a los tiempos de lo que,

con excesiva generalización, se llama "franquismo", sino a cuando rituales de corte fascista,

impuestos por políticos de procedencia derechista, convertían el aplauso en la única forma de

actuación política. Después vinieron las Cortes y se fue perfeccionando el sistema de

participación. No obstante, cuando mayores niveles de libertad permitieron mayor amplitud de

crítica, los comentaristas de la "oposición" se burlaban de la tendencia de las Cortes al aplauso.

No parece que fuera tan mala práctica cuando ahora, en el momento de empezar su andadura

nueva, la primera invitación que reciben es la de no regatear el aplauso. O quizá es el temor de

que el peso de la propia historia, de las propias palabras, de las propias declaraciones, de los

propios gritos de la base ("España mañana será republicana") pusiera sordina a un aplauso

que se querría clamoroso, como prueba de la unanimidad de los apóstoles de la pluralidad.

No queremos creer que la invitación de "El País" se limite a la repetición de un ritual (el aplauso

fervoroso, los asistentes en pie) tantas veces realizado en la sala, entre otras cuando en igual

fecha de julio el Rey fue proclamado heredero. Esperamos que la invitación a la unidad se

oriente a los grandes problemas que tiene planteados España, cuya solución no se va a lograr

con aplausos, sino con el predominio del patriotismo de senadores y diputados sobre cualquier

interés de partido, de dase o de grupo.

Si asi lo hacen, seremos los primeros en pedir al pueblo español el aplauso que se habrían

ganado.

 

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