Autor: González Muñiz, Antonio José. 
   Quince minutos duró la sesión inaugural de las cortes     
 
 Ya.    23/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

QUINCE MINUTOS DURO LA SESIÓN INAUGURAL DE LAS CORTES

Terminado el acto, Sus Majestades conversaron con los líderes de los partidos políticos • El coloquio se

interrumpió cuando el Rey, familiarmente, dijo a la Reina: "Vamonos, Sofía, que se nos hace tarde"•

Numerosos parlamentarlos socialistas lo aplaudieron a la llegada al salón de los Reyes, aunque lo hicieron

tibiamente al terminar el mensaje de la Corona

Su Majestad el Rey, al que acompañaba la Reina, inauguró, en una sencilla ceremonia, las nuevas Cortes

de la Monarquía y pronunció ante ellas el tradicional mensaje de la Corona.

Desde primeras horas de la mañana—el acto había sido fjiado para las doce—comenzaron a estacionarse

numerosas personas a lo largo del recorrido que los Reyes habrían de hacer hasta el palacio de la carrera

de San Jerónimo. Tropas de la guarnición, al mando del general Milans del Bosch, cubrían «1 recorrido.

Ante el palacio legislativo—que lucía el clásico dosel que se Instala para esta ceremonia—se fue

agrupando el público pana ver la llegada de los diputados y senadores y presenciar la de los Reyes. Las

escaleras principales de acceso al palacio de las Cortes estaban cubiertas con una alfombra y adornadas

con plantas, y daban guardia de honor granaderos del Regimiento de la Guardia Real, con sus uniformes

azul y rojo.

Los diputados y senadores se mostraron madrugadores, y dos horas antes del acto había ya una gran

concurrencia en el interior del palacio. Numerosos periodistas nacionales y extranjeros. Mucho público en

las tribunas, predominando el elemento femenino. Los ministros del Gobierno también llegaron con

bastante antelación.

En el hemiciclo comenzaron a ocupar los escaños los diputados y los senadores casi dos horas antes de

que el acto inaugural comenzase. Trajes de calle, aunque hubo un reduc|do grupo de parlamentarios que

fueron sin corbata.

En el estrado presidencial, un tapiz con él escudo del Rey, y en la mesa, dos sillones, tapizados de rojo,

que ocuparían Sus Majestades, y un atril, con tres micrófonos, desdé dónde el Rey leería el mensaje de la

Corona.

LA FAMILIA REAL La tribuna central fue ocupada por miembros de la familia real: los duques de

Badajoz, la infanta doña Margarita y su esposo, el duque de Calabria y el duque de Cádiz, En otra tribuna,

las esposas de los presidentes- del Gobierno y de las Cortes; en la tribuna diplomática, el nuncio dé Su

Santidad, con otros embajadores.

En otras tribunas, esposas de diputados y. de senadores. En todo el salón de cesiones no había más

uniforme que el del vicepresidente del Gobierno para la Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado.

El hemiciclo lucía toda su iluminación, con el fin de que las cámaras de televisión pudieran filmar el acto,

que en circuito cerrado también se transmitió, mediante una serie de monitores, a otras dependencias del

palacio, con el fin de que pudieran presenciarlo las personas que no pudieron entrar en el hemiciclo.

A las doce menos cuarto de la mañana, él salón de sesiones se encontraba repleto: público en las tribunas,

ministros y diputados y senadores en sus escaños o conversando en algunos grupos, esperando el

momento de la llegada de los Reyes. Las tribunas destinadas a la prensa estaban también abarrotadas de

periodistas nacionales y extranjeros.

Llegada de los Reyes

Minutos después de las doce de la mañana llegaron ante el palacio de los Cortes Sus Majestades. El Rey,

al descender del automóvil, pasó revista a las tropas que le rendían honores. Después Sus Majestades

fueron cumplimentadas por el presidente del Gobierno, el presidente de las Cortes, los presidentes del

Congreso y del Senado y los miembros de las Mesas de ambas Cámaras. Seguidamente, los Reyes,

acompañados por las citadas personalidades y por las del séquito real, se dirigieron al interior del palacio.

El público estacionado en la plaza de las Cortes saludó con aplau sos la presencia de Sus Majestades.

Precedidos de los maceros de las Cortes, los Reyes de España hicieron su entrada en el salón de sesiones

a las doce y diez minutos. Fueron acogidos con aplausos por parte de los allí presentes puestos en pie. No

aplaudieron la mayoría de los diputados socialistas.

Los Reyes ocuparon los dos sillones de la presidencia. Su Majestad vestía uniforme de gala de capitán

general de los Ejércitos y lucía el Toisón de Oro; la Reina vestía un traje de verano color beige perla y se

tocaba con un collar de perlas. Detrás se colocaron el jefe de la Casa Real y otras personalidades del

séquito.

A la derecha del Rey se situaron el presidente de las Cortes y el letrado mayor; a su izquierda, la Reina y

los presidentes del Congreso de los Diputados y del Senado; en otros estrados inferiores los miembros de

las Mesas de las dos Cámaras.

El Gobierno ocupó por vez primera el banco azul, situado, como estaba tradicionalmente, en la primera

fila de los escaños del hemiciclo".

Hecho el silencio, el presidente de las Cortes dijo: "Señores diputados, señores senadores, Su Majestad va

a dirigir la palabra a las Cortes."

LECTURA DEL MENSAJE DE LA CORONA

Acto seguido, el Rey se puso de pie y se dirigió al atril situado al efecto, desde donde leyó el mensaje de

la Corona, que reproducimos íntegramente en otro lugar de este número. El discurso, que constaba de

once, folios, fue. leído, con voz pausada, en quince minutos. No hubo interrupciones. Al terminar la

lectura hubo una larga ovación. Esta vez los socialistas aplaudieron, aunque los principales

líderes lo hicieron muy tímidamente y por un espacio muy corto. En cambio, los líderes comunistas

aplaudieron tanto a la llegada de Sus Majestades como cuando terminó la lectura del mensaje de la

Corona.

Seguidamente, el Rey dijo: "Se levanta la sesión."

Sus Majestades abandonaron el salón de sesiones seguidos de su séquito y del presidente del Gobierno,

d´el presidente de las Cortes y de los presidentes y Mesas del Congreso de los" Diputados y del Senado.

LOS REYES CONVERSAN CON LOS PARLAMENTARIOS

Los Reyes, antes de salir d«l palacio, , se detuvieron unos momentos en el salón de conferencias, donde

conversaron, sin protocolo, con los líderes de algunos partidos políticos, miembros del Gobierno y

parlamentarios. La conversación fue interrumpida por el Rey, que dijo a su esposa, en tono familiar:

"Vamonos y», Sofía, que se nos hace tarde." Acto seguido salieron del palacio, donde fueron despedidos

por las mismas personalidades que a. su llegada. El público, estacionado ante «1 palacio de las Cortes,

acogió con aplausos la presencia de los Soberanos, que en automóvil y rodeados por una escolta de

motoristas regresaron a BU residencia del palacio de la Zarzuela.

CON ILUSIÓN Y CON ESPERANZA

• Cuando Sus Majestades penetraron e» el salón de sesiones, quienes estábamos dentro nos pusimos de

pie, por respeto, y aplaudimos, como saludo de bienvenida, a los Reyes de España. Ésto mismo hicieron

tradicionalmente, en este mismo lugar, la potencia ideológica de diputados republicanos como los señores

Salmerón, Pi Margall Castelar, Ruiz Zorrilla; señores parlamentarios y señores en la vida.

• Ayer, unos señores diputados y senadores socialistas, dos comunistas y algunos nacionalistas no

quisieron rendir aquel tributo de cortesía a los Reyes de España. Nos pareció un infantilismo. Los

diputados socialistas se pusieron de pié al entrar en el salón de sesiones Sus Majestades, pero no

aplaudieron, aunque algunos sí lo hicieron tímidamente.

• Las principales figuras de los parlamentarios comunistas—doña Dolores Ibarruri y don Santiago

Carrillo—se pusieron de pie y aplaudieron más o menos tibiamente, pero no hirieron la cortesía. En

cambio, dos diputadas comunistas, las señoritas Brabo y Calvet, se cruzaron de brazos de manera

ostensible, para que cuantos quisimos mirarlas comprobásemos que ella» no aplaudían, aunque sí se pu-

sieron de pie.

• Pequeñas anécdotas éstas que hacen pequeñas historias. Cuando el Rey terminó de leer el mensaje de

la Corona, esta, vez los diputados socialistas sí aplaudieron cortésmente; pero no lo hicieron aquellas dos

diputados comunistas y algunos de las minorías vascas. Los socialistas explicarían después, en los

pasillos, que si no aplaudieron al principio es porque no estaban de acuerdo en que las Cortes se

inaugurasen el 22 de julio.

• La fecha del 22 de julio trae a mal traer a los diputados socialistas. Fue la misma, pero siete años

antes, en que don Juan Carlos fue proclamado sucesor del general Franco. Puerilidades de efemérides.

¿Por qué empeñarse en resucitar un pasado que no puede volver, y por qué fijar la atención en una fecha

que no es ya de pasado, sino, desde ahora, de futuro?

• Su Majestad, en medio de una Cámara tabla—hay que reconocerlo—pronunció el mensaje de la

Corona, que es una llamada sincera a la consolidación de la democracia y a la construcción de ese futuro

en común con el que sueñan los espíritus nobles. Decía Flaubert que el ideal sólo es fecundo cuando

se hace entrar todos en él; es un trabajo de amor y no de exclusión.

• Precisamente el mensaje de la Corona tiene un noble ideal de trabajo de amor y no de exclusión: "La

tolerancia es la única vía hacia el futuro de progreso y prosperidad que buscamos y merecemos", dijo el

Rey. "En estos momentos cruciales de nuestra Historia, hemos de procurar eliminar para siempre las

causas históricas de nuestros enfrentamientos", dijo el Rey también.

• ¿No son aquellas palabras altos ideales? Sus señorías escuchaban el mensaje. Las manos de sus

señorías permanecían silenciosas. "Es qué estas Cortes no son propensas al aplauso, como las anteriores",

nos comentó un conspicuo parlamentario. Sonreimos. Estas Cortes, recordamos, aplaudieron, no hace

diez días, a cuantos diputados intervinieron-para hablar del número mínimo para constituir los grupos

parlamentarios.

• "Entre todos—seguía diciendo el Rey—hemos construido los cimientos de una estructura sólida para

la convivencia en libertad." Era confesar una satisfacción por lo realizado de inmediato. Pero

seguidamente dijo: "Falta mucho por hacer, aunque se hayan conseguido en corto plazo metas que

muchos se resistían a imaginar. Ahora hemos de tratar de consolidarla."

• Quince minutos estuvo leyendo su mensaje er Rey. La Reina, sencillez, gracia y gentileza, sentada a la

derecha de don Juan Carlos, escuchaba con atención; miraba a la Cámara. El numeroso público femenino

que abarrotaba las tribunas—público habitual en estas solemnidades .parlamentarias—tenía los ojos

puestos en la Reina.

• Todo fue breve y lleno de sencilla majestad. Mensaje corto, sustancioso, para meditar y cumplir mire

todos. Unos, con la responsabilidad de realizarlos; los demás, con el deber de colaborar en ese

cumplimiento. "Con esperanza y con ilusión, queda abierta la legislatura", concluyó el Rey. Con ilusión y

con esperanza, vamos a seguir la singladura de estas Cortes.

A. J. GONZÁLEZ MUÑIZ

 

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