Lo que falta por hacer     
 
 Informaciones.    23/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

INFORMACIONES

Lo que falta por hacer

LA democracia ha comenzado. Ello es innegable. Pero saben perfectamente que falta mucho por hacer»,

esta afirmación del Rey de España, en su discurso de ayer a las Cortes, marcaba el punto de flexión del

propio texto y del cabo político de la buena esperanza que doblábamos en estos momentos todos los

españoles, con la apertura solemne de las primeras Cortes constituyentes en más de cuarenta años.

Al leer dicho párrafo, don Juan Carlos ponía punto final al breve balance de año y medio de reinado e

iniciaba la exposición de los deseos de la Corona ante la segunda fase de la transición hacia la

democracia. Sólo una tercera parte del documento real se refería a lo que ha ocurrido en nuestro país en

los últimos dieciocho meses. De un modo breve, escueto, conciso y concreto señalaba su satisfacción por

ser un Monarca constitucional, aunque eludiendo la importancia decisiva de su papel personal y

elogiando, por el contrario, «el realismo y capacidad de evolución de los líderes que hoy están sentados

en este Pleno». Cuando las Cortes se pusieron en pie para recibir al Rey, no era un mero gesto de cortesía

protocolaria, sino de pro» fundo respeto a quien desde la Jefatura del Estado ha contribuido, y de qué

manera, a salir de un peligroso círculo vicioso político.

Por el contrario, la segunda parte del discurso abordaba de forma personal, reiterativa y sistemáticamente,

los deseos de la Corona en el delicado y frágil proceso que hemos empezado a recorrer desde el 15 de

junio último. De un modo prudente y hábü —buscando no enconar y arrinconar mas de lo que están

viejos y semivencidos Intereses— efectuó un somero repaso de los graves problemas que tenemos que

afrontar. Sin triunfalismo expuso un catálogo que se ajusta exactamente al de todas las fuerzas

político-sociales del país. Su mismo carácter abstracto, yago y general resaltaba la voluntad real de no

entrar en las querellas normales de las opciones programáticas de parado. Asi defendió el proceso

constituyente sin pronunciarse por un tipo concreto de constitución, la necesidad de na plan de

saneamiento económico sin optar por este o aquel proyecto, o una nueva política internacional sin elegir

esta o aquella perspectiva diplomática. Es decir, el respeto más escrupuloso a los señores diputados de

estes nuevas Cortes constituyentes y a todas las familias político-ideológicas del país.

Evidentemente, en todo lo que queda por hacer coinciden, a juzgar por el discurso de ayer, toda la socie-

dad española y la Corona, En definitiva, se trata de consolidar el proceso democrático que se inició desde

que el actual Rey sucediera al anterior Jefe de Estado. En consonancia con ello, la decisiva intervención

política de don Juan Carlos durante este último año y medio, deja paso ahora a una exquisita neutralidad,

una vez iniciado el juego democrático. Ya no hay que pedir a la Corona que desate lo que estaba atado y

bien atado, sino que cumpla su función de ser Rey de todos los españoles, que la Constitución marcará

con precisión.

De hecho, el mismo don Juan Carlos, con su texto de ayer, anticipaba, y no sólo teóricamente, su papel de

Monarca constitucional. Un discurso propio y no del Gobierno, una exposición de deseos y no un

programa gubernamental o de la oposición, un tono prudente y conciliatorio sin criticar a ningún legítimo

sector de opinión del país, preludian una actuación constitucional del Rey de España. Aunque será la

Constitución quien defina las atribuciones, derechos y deberes de cada poder e instituciones del Estado, es

obvio que ya en la práctica don Juan Carlos ha empezado a marchar por la senda constitucional.

 

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