Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   aplausos     
 
 Informaciones.    23/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LETRAS DEL CAMBIO

APLAUSOS

Por Jaime CAMPMANY

Nos lo ha recordado el profesor Tierno Galván. La ceremonia de inauguración de una legislatura es, en

circunstancias normales, un acto trivial y protocolario, sin más trascendencia política. Son las

circunstancias excepcionales ¡as que han hecho del día de ayer eso que llamamos una fecha histórica. Y

esta vez con razón. Ayer celebrábamos un inicio. Si todo transcurre con la normalidad deseable, lo demás

será una continuación. El momento requería un discurso de la Corona especialmente neutral, declarativo y

alentador. Y así fue el discurso. Palabras justas que debe pronunciar un Rey para todos los españoles.

Reconocimiento de la soberanía del pueblo representado en sus diputados y senadores. Alentador para

una larga y difícil tarea que espera a estas Cortes.

Como era un acto donde no debían ser pronunciadas más palabras que las del Rey, la expectativa se

trasladó inmediatamente a la única actitud que podían tomar los parlamentarios: la del aplauso o la del

silencio. En esta ceremonia, por los motivos que todos conocen, adquirían muy especial importancia tos

aplausos, hasta el punto de que habían sido pedidos desde el editorial de un diario de la mañana: «El

País». En las Cortes fenecidas el aplauso era la única forma de calibrar el asentimiento o la frialdad hacia

afirmaciones políticas y directrices concretas de gobierno. Los cronistas de aquellas Cortes inventaron él

pintoresco aparato del «aplausí-metro» para medir consensos o desacuerdos. La ovación se producía en

los períodos previstos, pero había que medir la intensidad y la duración. Y hubo que inventar el

«aplausímetro».

Ayer, en el hemíciclo sonaron los aplausos. Aplaudían la «Pasionaria» y Alberti, Felipe González y

Camacho. Pero no se aplaudía un programa de gobierno indiscutible, una orientación dogmática, sino un

discurso para que empezara el debate. La responsabilidad de los representantes del pueblo va a ir más allá

de la intensidad, frecuencia y duración de los aplausos. Hay que elaborar una Constitución. Y hay que

gobernar un país en circunstancias difíciles. Y hay que consolidar una democracia recién nacida. Hay que

justificar las medidas de gobierno y hay que razonar las oposiciones. Y aceptar la responsabilidad de una

y otra actitud. Los aplausos totales quedan para los discursos neutrales de la Corona. En los debates,

aplausos y silencios tendrán que ser sustituidos por argumentos.

 

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